Fernández se rodeó de la CGT para buscar apoyo y mantener su invicto

En tiempos de crisis creciente, el gobierno de Alberto Fernández cuenta al menos con el sostén de centrales sindicales que por ahora siguen alineadas. Razón de más para el gesto exhibido el viernes en el anuncio por Ganancias. La Iglesia local también tuvo un guiño contemplativo.

El junto a Guzmán, Massa y la cúpula cegetista en su despacho. (Foto: Presidencia de la Nación)

Por José Angel Di Mauro

Jefe de Gabinete de Néstor Kirchner durante sus cuatro años y medio en la Presidencia, Alberto Fernández fue testigo presencial de la homilía que enojó a los Kirchner de modo tal que nunca más -ni él ni ella- volvieran a asistir a un Tedéum en la Catedral Metropolitana.

Al Presidente le gusta compararse con el santacruceño. De ahí que, también molesto ahora con Jorge Bergoglio por lo que considera desplantes injustos -no recibió a Santiago Cafiero y tampoco accedió a recibirlo a él cuando anduvo por Europa, ¿recordará que hace dos años impulsó la legalización del aborto?-, decidió desquitarse ausentándose de la Catedral este 25 de Mayo. Congraciándose de paso en cierta forma con su vicepresidenta, pues muy enojado y todo como está con ella, no pierde oportunidad de tratar de quedar bien con Cristina.

Así y todo, cambiar la sede del Tedeum por alguna ciudad del interior ya hubiera sido copiar demasiado las actitudes de los Kirchner. Original, compró gustoso la idea de alguien de su entorno que sugirió pasar el 25 en la Antártida. Una sugerencia disparatada que no debió siquiera haber analizado, pues en esta época del año el clima es demasiado hostil y nada le garantizaba que si llegaba a aterrizar en el continente blanco luego pudiera volver en tiempo y forma. Ni pensar lo que hubiera pasado si quedaba varado en la Antártida.

Alberto Fernández tuvo un paso amigable por la Catedral Metropolitana. (Foto: Presidencia de la Nación)

Al final hubo fumata blanca -nunca mejor la figura- y el 25 de Mayo por la mañana recorrió a pie el camino que va de Casa Rosada a la Catedral, donde escuchó una homilía que ya sabía que no le sería hostil. Está claro que existió una mediación previa, aunque se desconoce si la misma incluyó la lectura previa del discurso que el cardenal Mario Poli daría. Tan complicada es la crisis que agobia al gobierno que no es tiempo de agregar leña al fuego. Pareciera haber sido ese el pacto, a juzgar por el tono light del mensaje del prelado.

De manera distinta actuaba Bergoglio, que no tuvo contemplaciones con Fernando de la Rúa cuando en esas mismas circunstancias -a siete meses de que su gobierno cayera- cargó contra quienes “exigen sacrificios incalculables” a la sociedad, advirtiendo que cuando las necesidades básicas de una población “están seriamente agredidas, surgen lógicas reacciones de violencia, adicciones y marginalidad cultural y social”. Eso sí, peor había sido el año anterior, cuando el hoy Santo Padre expresó delante de De la Rúa que “algunas promesas y enunciados suenan a cortejo fúnebre: todos consuelan a los deudos, pero nadie levanta al muerto”.

De ahí se fue el Presidente a comer locro en Florencio Varela, en un acto organizado por el Movimiento Evita. Fue allí donde echó mano a su guitarra para exhibir sus dotes de cantante,en lo que representó un nuevo paso en falso suyo. No porque le vaya a traer consecuencias tan serias como otros errores durante su gestión, pero no hay dudas de que cuanto menos esa movida fue para Alberto Fernández un juego de suma cero. En su momento Carlos Menem podía darse el gusto de mostrarse jugando al básquet o al fútbol, y hasta circular a alta velocidad en su Ferrari Testarossa, y todo resultaba simpático, incluso pintoresco. Con una inflación por las nubes, una pelea de final incierto en la cima del poder, y niveles de aceptación en rojo, la entonación del tema de Litto Nebbia no puede más que jugarle en contra. A los propios, que en privado y hasta a veces en público lo rechazan sin reparos, los habrá irritado; y a los ajenos, los indignó. Cuando las cosas van mal, esas actitudes no te redimen.

A instancias de Cristina, Roberto Feletti dejó su cargo en el Gobierno.

Al Presidente acababa de renunciarle el secretario de Comercio Interior en plena “guerra contra la inflación”. La novedad no debiera haberle caído mal al mandatario, habida cuenta de a quién reportaba en realidad Roberto Feletti, pero fue muy notoria la razón del portazo. El ahora exfuncionario no había dado señales recientes de un deseo de dejar el cargo, hasta que se decidió pasar su secretaría del área de Desarrollo Productivo a la órbita de Martín Guzmán. El hombre que reporta al Instituto Patria se había ilusionado en algún momento con sentarse en el sillón de Guzmán, pero el fin de semana recibió la orden de alejarse del cargo y eso fue lo que hizo entonces. Seguro le pesará: de los últimos 22 años solo pasó 5 fuera de la administración pública, entre 2006 y  2009, y de 2019 a 2021.

Está claro que Cristina Kirchner no quiere tener absolutamente nada que ver con una política económica que ve con destino de Titanic, y se despega entonces de todo tipo de responsabilidad en la batalla contra la inflación. No sería esa la única defección: se espera alguna salida más y en principio el subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo, es quien tiene todas las fichas.

Tampoco le reportó mayor rédito al gobierno haber anunciado el lunes el cambio de figuras en los billetes. Fundamentalmente porque la modificación no viene a solucionar un problema serio como representa la inflación galopante que sufrimos y que hace que cada vez valgan menos los billetes que circulan. De hecho -según detalla el periodista Fernando Meañoscirculan en la actualidad 2.400 millones de billetes que valen menos de un dólar oficial ($119, según cotización del BNA). Los próceres que ilustrarán los nuevos papeles llegan francamente devaluados, pues como una continuidad de lo que fue la tozudez de Cristina Kirchner durante su gestión, no hay interés en el gobierno por imprimir billetes de mayor denominación. El titular del BCRA, Miguel Angel Pesce, negó que fuera para no convalidar una mayor inflación y lo justificó diciendo que es “para estimular un mayor uso de los medios de pago electrónicos”.

El presidente durante la presentación de los nuevos billetes que vienen a reemplazar a los de figuras de animales. (Foto: Presidencia de la Nación)

Más bien es visto esto como la eliminación de otra medida implementada durante la gestión anterior, de la que solo sobrevivirá el hornero de los billetes de mil, que convivirá con la figura de José de San Martín. Dicho sea de paso, a dólar oficial el valor del billete de mayor denominación en la Argentina asciende a apenas 8,40 dólares.

Sí pudo cerrar Alberto Fernández la semana con una buena noticia, aunque lo hizo forzado por las circunstancias. O más bien, por el presidente de Diputados, Sergio Massa, cuya obsesión con el tema Ganancias viene desde 2013. Si algo caracterizará en el futuro a la administración Fernández cuando sea motivo de estudio es la vocación epistolar que tienen los integrantes de este tan diverso Frente de Todos. Ya se conocen los efectos contundentes de las misivas de la vicepresidenta; ahora el líder del Frente Renovador encontró en este recurso un elemento muy efectivo.

Ya lo había practicado el 13 de mayo cuando le mandó una carta al ministro de Economía pidiéndole actualizar el piso de Ganancias, habida cuenta de que los aumentos paritarios incluirían dentro del universo alcanzado por este gravamen a muchos trabajadores. Tan empoderado se autopercibe hoy Guzmán, que le contestó de manera un tanto destemplada, al punto tal que el Presidente tuvo que llamarle la atención. Trece días después Massa le envió una segunda carta, con copia a Alberto Fernández y se aceleraron los tiempos en el gobierno, de modo tal que al día siguiente se anunciara la elevación del piso para el pago del impuesto a las ganancias a $280.792.

Responsable concreto de una medida que en el gobierno aseguran que iba a ser anunciada en los próximos días, Sergio Massa fue convalidado con el papel central otorgado en la conferencia de prensa brindada en la explanada de la Casa de Gobierno el viernes para anunciar el beneficio. Habló primero el ministro Guzmán, luego lo hizo el sindicalista Héctor Daer y cerró Massa, protagonista también a la hora de las preguntas de los periodistas.

Completaban el cuadro los otros dos cosecretarios generales de la CGT, Carlos Acuña y Pablo Moyano, que permanecieron en silencio, pero expresando con su presencia un respaldo a la gestión presidencial. Alberto Fernández había tenido la deferencia de invitarlos a su despacho, para la reunión en la que se ultimaron los detalles del anuncio. Igual que el Movimiento Evita en el mundo de las organizaciones sociales, la central sindical es el apoyo en el que el Presidente busca asentarse en este tiempo de debilidad.

Los jefes cegetistas protagonistas también de la presentación del beneficio por Ganancias. (Foto: HCDN)

El gesto para con la CGT es también el ofrecimiento de una válvula de escape para una conducción que está siendo presionada desde algunos sectores para mostrar alguna reacción ante la crisis creciente, léase paro general. La realidad es que esta gestión ha gozado de inmunidad en la materia, sin haber sufrido hasta ahora ni una sola medida de fuerza, a diferencia de todos sus antecesores. Raúl Alfonsín tuvo 13 paros generales en 5 años y medio; Carlos Menem 9 paros en 10 años y medio; Fernando de la Rúa 10 en 2 años; Eduardo Duhalde 2 en un año y medio; Néstor Kirchner uno (de una hora por turno) en 4 años y medio; Cristina Kirchner 5 en 8 años, y Mauricio Macri 5 en 4 años.

Nada le garantice a Fernández que termine este año invicto.

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