Las oportunidades perdidas 

Por Oscar Lamberto, exdiputado y exsenador nacional. El autor advierte que esta nueva crisis ofrece nuevas oportunidades, que de no aprovecharse el trecho final puede ser “de mucha pena, ninguna gloria y una nueva frustración”.

En la década del setenta del siglo pasado circulaba un libro con un título muy provocador “Argentina, me tenés podrido”, cincuenta años después expresiones parecidas, como hartazgo, forman parte del lenguaje cotidiano de muchos compatriotas. Es que la sucesión de esperanzas y frustraciones tiene una frecuencia que es agobiante. Lo peor es que los errores se repiten una y otra vez y los gobernantes no reparan qué “haciendo siempre lo mismo es imposible tener resultados distintos”. Repetimos hasta el cansancio sobre las riquezas naturales que tiene nuestro territorio, a la hora de explotarlas o se lo hace mal, o al servicio de pocos o directamente se pierden oportunidades una tras otra. 

Las oportunidades perdidas fueron muchas y los costos se pagaron con el constante empobrecimiento de amplios sectores de nuestra población. Por hechos penosos como son las guerras, tanto con armas como comerciales, Argentina tiene una nueva oportunidad, todo lo que demanda el mundo y que hoy escasea, se puede producir en abundancia en nuestro territorio. Alimentos, energía, minería, tecnología, los precios internacionales están en máximos históricos y en alza, donde la Argentina está en condiciones de atender la demanda mundial aumentando la producción, para lo cual requiere inversiones que solo se realizan si existen reglas claras y estables, principalmente cambiarias, fiscales y seguridad jurídica. 

Con la normativa actual se permiten que ocurran hechos graves que deterioran nuestra economía y de tantas incoherencias se benefician los países limítrofes. El combustible que en el mercado interno está por debajo del valor vigente en los mercados mundiales, es llevado en camiones tras nuestras fronteras , generando desabastecimiento interno y otorgándoles fáciles ganancias a los que se llevan la carga. Con los granos que tienen retenciones, un tipo de cambio oficial con una brecha cercana al ochenta por ciento respecto de los mercados paralelos y con la ganadería , que además tiene cupos para algunos cortes, ocurre que muchas ventas se realizan desde países limítrofes, donde no tienen retenciones, le pagan el valor pleno del dólar y además le otorgan desgravaciones si invierten en el país. 

Desde el fondo de la historia existió el contrabando cuando hubo una prohibición o precios máximos tanto en las mercancías como en los mercados de monedas. Las prácticas de sobre y sub facturación vienen de mucho tiempo atrás pero se exacerban con las regulaciones cambiares y son instrumentos de la fuga de capitales. Pero además todo un marco de regulaciones que se establecieron en el nombre del “pueblo” y que son cuando menos inoperantes en un cuadro de creciente inflación, con una peligrosa indexación de la economía que por las experiencias pasadas seguramente no terminarán bien. 

Paradójicamente la política monetaria y fiscal acordada con el Fondo Monetario tiene rémoras de la utilizada por Martínez de Hoz durante la dictadura militar. Se pone límites a la emisión pero no al gasto, el Estado se financia con préstamos indexados y es el dueño virtual de los depósitos de los ahorristas , pero la deuda indexada no para de crecer llenando el futuro de incertidumbre. Los problemas económicos no se arreglan con discursos , sino con políticas, cuando la gente percibe en sus bolsillos que éstas no existen o son incorrectas, surge el desencanto y cada tanto aparece un encantador de serpientes que propone soluciones mágicas. En el mercado de las baratijas hay para todo los gustos, desde los que claman por la emisión sin límites, hasta los que prometen dolarizar la economía , pero todos los históricos fracasos de las sucesivas gestiones económicas , tanto militares como civiles de diferente color político , tuvieron un denominador común: la indisciplina fiscal. 

Así una generación destruye la moneda, la otra el crédito, hasta terminar sin moneda, sin prestamos, sin sueños, sin ilusiones. Antes del abismo siempre hay tiempo de reaccionar, no se trata de grandes epopeyas bastaría ser un país normal. Como es imposible eliminar los planes en el corto plazo sería bueno reemplazar las asignaciones sociales por un trabajo básico universal. Toda persona que demande un trabajo, el Estado lo debe garantizar con acceso a la salud y al sistema previsional. Existe mucho trabajo que requiere mano de obra, limpiar los ríos y sus costas, mantenimiento y construcción de vías férreas , limpieza de ciudades , asistencia en comedores y centros comunitarios, clubes de barrios, cuidados de personas, etc. 

Si bien los efectos fiscales pueden ser similares al de los planes, el hecho cultural que una persona tenga trabajo es totalmente distinto. Además se trata de un trabajo básico que sirva de escalón para encontrar otro mejor. También es fundamental bajar los índices de inflación, está demostrado que no hay crecimiento de la economía si la inflación supera el veinte por ciento anual. Las recetas eficaces son conocidas pero requieren como primera condición autoridad y voluntad política. No hay remedios sin efectos secundarios, no existen actos políticos con el respaldo absoluto, pero bajar la inflación no es una declaración de guerra verbal , es un conjunto de acciones , algunas diametralmente opuestas a las que se están implementado. 

Dieciocho meses son los que le restan de mandato al actual gobierno, la cruda realidad le demanda tomar fuertes decisiones y asumir los riesgos de cambios necesarios, o puede conformarse con durar, pero la inercia le juega en contra, en el horizonte hay una inflación de tres dígitos. El universo complejo lleno de desafíos también nos ofrece grandes oportunidades, si no se aprovechan, el trecho final puede ser de mucha pena, ninguna gloria y una nueva frustración. 

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