Trabajadores plásticos: ¿Por qué hace falta urgente una ley de envases?

Por Alberto Murúa y Juan Carlos Murúa*. Los residuos generados por el ser humano y abandonados en la naturaleza están provocando una suerte de Armagedón ambiental.

En la Unión Obreros y Empleados Plásticos tenemos un sueño, que la economía circular y el reciclado se extienda culturalmente a toda la Nación. Y dentro de ese sueño está el tratamiento y disposición de  los ENVASES. Para ello, hace falta una ley que asegure que cada envase plástico tenga una suerte de “trazabilidad“, que asegure su reciclado  evitando la contaminación actual que implica el enterrado o quema. Para ello, hacemos un humilde y muy robusto aporte, en base a la larguísima y extensa experiencia que tenemos como trabajadores plásticos. 

Los residuos generados por el ser humano y abandonados en la naturaleza están provocando una suerte de Armagedón ambiental, conforme lo advertido por la Agencia Medioambiental de las Naciones Unidas. Precisamente, la vicesecretaria General de la ONU, Amina Mohamed, que intervino en la Cumbre One Planet y en la reunión de alto nivel de la Asamblea General sobre el Medio Ambiente, donde se encontraban distintos jefes de Estado y de Gobierno, expuso la gravedad de la situación que afronta La Tierra debido a las actividades antrópicas. Recordó, por ejemplo, que 2018, el cuarto año más cálido registrado, fue uno en el que se batieron lamentables marcas: “Ni una sola región del mundo se salvó de los efectos de la alteración del clima, desde los súper tifones en Filipinas y el sur de China hasta las sequías extremas en Argentina y Ciudad del Cabo, en Sudáfrica”. “Estamos ante un punto de inflexión para nuestro planeta”, declaró antes de indicar que el foco de la Asamblea General sobre el Medio Ambiente.

Nuestra idea y consecuente y probable proyecto de ley se centra en buscar soluciones innovadoras para los tres retos ambientales más acuciantes: el consumo insostenible, la pérdida de biodiversidad y el impacto del cambio climático. Hace falta una ley para contribuir en la preservación y cuidado del medio ambiente y propiciar el desarrollo sustentable a través de la prevención, la generación, la valorización, la fiscalización y la gestión integral de los envases, embalajes y sus residuos, pues el impacto que estos productos tienen en el medio ambiente es verdaderamente peligroso y provocan incertidumbre en la calidad de vida de la tierra, el agua y el aire. La norma deberá  precisar de manera puntual el manejo adecuado de envases, embalajes y residuos.

En la última década el uso de envases y embalajes en las diversas presentaciones se ha incrementado exponencialmente, lo que es particularmente notorio en el consumo de agua y diversas bebidas que se comercializan en botellas o envases de plástico, tetrapack, vidrio y cartón, siendo los dos últimos más fáciles de reciclar y aún si se eliminan inapropiadamente son mucho menos dañinos para el medio ambiente. Este incremento está ocasionando un serio problema en términos ecológicos por acumulación de basura. La falta de previsión de las autoridades, de los productores, envasadores, comerciantes y usuarios, así como el uso y descarte sin control de estos envases, ha provocado la saturación en nuestras calles, ríos, cuencas, presas, vertederos de basura, basureros públicos y privados de ciudades, de pueblos enteros y comunidades. La mayor problemática y desafío es la generada por el plástico, por ser un material resistente a la de gradación. Por esta razón se centra el mayor interés en su gestión de manejo, ya que durante el proceso de descomposición libera sustancias tóxicas que pueden recorrer largas distancias a través del subsuelo, llegando a alterar la calidad del agua en toda su travesía. Al aire libre las botellas y residuos de plástico al degradarse pierden su tonicidad, se fragmentan y dispersan. La mayoría de los envases está hecha de tereftalato de polietileno, conocido como PET, un material bastante resistente. Los micro organismos no tienen mecanismos para atacarlos, y como consecuencia se estima que estos materiales tardan de 100 a 1.000 años en degradarse. Esas características de los plásticos hacen que su presencia masiva en los más diversos ambientes produzcan graves efectos nocivos que tienen, por ejemplo, una incidencia negativa en la vida marina ya que algunos animales los ingiere por error, como las tortugas marinas que confunden los plásticos con las medusas, componente fundamental de su dieta. Efectivamente, el plástico no solo se hunde hasta las profundidades de los océanos, sino que impacta directamente en la fauna marina que las habita. Según recientes investigaciones, más de 100.000 mamíferos marinos mueren cada año por ingerir plástico. Científicos que han estudiado las fosas más profundas en Japón, las Hébridas y Chile, han encontrado muestras de plástico en todas ellas. Y aún resulta más preocupante el resultado de una revisión de la fauna autóctona: el 100% de la fauna del lugar tenía res tos de plástico en el intestino.

Juan Carlos Murúa, secretario Gremial de la Unión Obreros y Empleados Plásticos.

“Armagedón oceánico” si no acabamos con nuestra dependencia en los productos de un solo uso, como bolsas, botellas, sorbetes y platos, vasos y cubiertos de un solo uso.  Lamentablemente aún estamos, como civilización, muy lejos de conseguir una economía circular en la que reutilicemos y reciclemos la mayoría de objetos, en lugar de tirarlos directamente al vertedero. Cada argentino consume un promedio de 42 kilos por año y hay poca conciencia sobre su impacto como pasivo ambiental acumulado que contamina hasta los más remotos ecosistemas del país y afectan principalmente el paisaje y la infraestructura hidráulica de ciudades y campos, además de implicar un grave riesgo para la salud. Esta cifra es alarmante: si no hay un cambio profundo, para 2050 habrá más plásticos que peces en los océanos, tal como lo reveló un estudio del Foro Económico Mundial y la Fundación Ellen MacArthur. De hecho, más de 8 millones de toneladas de este material se arrojan a los mares cada año. A pesar de ser un producto reciclable que, a través de determinados procesos puede adquirir una nueva forma y aplicarse a otros usos, la tasa en la Argentina es baja.   En este país, la producción de los RSU es de aproximadamente 1,1 kg por habitante por día, es decir, aproximadamente 14.000.000 de toneladas (t) anuales. La disposición final de los RSU, según información del CEAMSE, es del 43 % en basurales a cielo abierto, lo que representa un impacto ambiental importante desde el punto de vista sanitario por la generación de lixiviados que contaminan las napas de agua, cursos de agua y  residuos que vuelan por acción del viento. Así mismo, la mayoría de los rellenos sanitarios fuera del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) no tienen recolección de metano, que va a la atmósfera y posee 23 veces más grave efecto invernadero que el CO2 (dióxido de carbono).

Los plásticos post consumo no son un residuo, sino un recurso, porque se trata de materias primas para la industria del recicla do y tienen importantes ventajas ambienta las emisiones de CO2 (gases con efecto invernadero) y el consumo de les. Reducen energía. En 2020 se recuperaron 282.000 toneladas de plástico, desde el 2003 se reciclan casi 5 veces más plásticos. La economía circular es una oportunidad para revalorizar los plásticos y aumentar su reciclado, promover el consumo responsable y la educación ambiental, generar empleo, innovar y aprender y separar los residuos contribuye a disminuir la huella de carbono. En la Provincia de Buenos Aires 74 Municipios tienen vertederos a cielo abierto en l os cuales en 7 de cada 10 se producen quemas, el 40% de los residuos que se generan a diario terminan en estos basurales sin ningún tipo de tratamiento. Se estima que cada persona consume por año 43,2 Kg de plástico y que 24% de los residuos plásticos domésticos post consumo se reciclan. La industria recicladora genera aproximadamente 52mil puestos de trabajo y se encuentra al 50% de su capacidad ociosa por la baja separación de los residuos en origen. Los trabajadores plásticos reafirmamos nuestro compromiso en la formación profesional para el reciclado y en la difusión y generación de conciencia ambiental  y adecuado tratamiento para el residuo plástico.

Alberto Murúa y Juan Carlos Murúa son secretario general y secretario gremial de la Unión Obreros y Empleados Plásticos (UOYEP), respectivamente.

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