De la Sota: Amistad social y reconciliación nacional

Este jueves 15 de septiembre se cumplen 4 años del fallecimiento del exgobernador de Córdoba. En función de ello, su hija Natalia escribió un sentido texto.

Por Natalia de la Sota

De la Sota fue un humanista, que abrazó al justicialismo porque, repetía, “hay que tener buenas ideas en la cabeza y pensamiento popular en el corazón”. Audaz, de sólidas convicciones, eterno aprendiz, quería ser recordado por las escuelas y se había propuesto ser “el presidente de la reconciliación de los argentinos”.

Desde hace 4 años, cada 15 de septiembre, una suma de emociones entrecruza mi corazón y mi alma. Me enfrenta a lo irremediable. Pero, también, me animo a decir, la fecha se transforma en un día de reflexión. Porque recordarlo nos permite repasar, repensar y reinterpretar cada paso de su vida política, ese caudal enorme de ideas, de consignas, sus propias convicciones, que hoy resuenan fuerte por su decisiva vigencia.

Una fuerte anomia debilita hoy los pilares democráticos. El sistema político profundiza su falta de ideas y la disputa entre dirigentes se torna miserable y callejera. El justicialismo, en tanto, se disipa en vertientes desanimadas que poco toman en cuenta a aquel de la Sota: el que hablaba de “justicia social, equidad, solidaridad, esfuerzo, tolerancia, inteligencia y osadía”. 

Primero, “útiles a los demás”

José Manuel de la Sota se incorporó a la militancia política primero y luego a la función pública, a partir de una fuerte convicción: la de ser útil a la sociedad. Quería hacer algo por los otros. Esos otros a los que llamamos “los demás”. Creía en la política porque no le tenía miedo, sino mucho respeto, y porque la cultivaba de frente.

Por eso, comenzó a militar mientras cursaba el secundario; y después en la Facultad. Años más tarde, en la Agrupación de Abogados Peronistas hasta su primer cargo público: Secretario administrativo del Concejo Deliberante de Córdoba y, tiempo después, Secretario de gobierno de la Municipalidad de Córdoba. Transcurría la primera mitad de los alterados años 70´.

A partir de marzo de 1976, estuvo preso casi un año durante la última dictadura cívico militar. En los días que pasó encerrado, con miedo a morir, le pidió a Dios que no lo dejara odiar. En la cárcel primero y en la vida política después aprendió que nada justifica el uso de la violencia.

Con el regreso a la vida democrática, De la Sota inició quizás su etapa más reconocida. Formó parte de la Renovación en los 80´, disputando espacios hasta ese momento ocupados por la ortodoxia peronista. Intentó ser intendente de Córdoba y gobernador de la Provincia en dos oportunidades. Fue diputado y senador nacional. Porque aprendió de cada una de las derrotas, fue luego un noble vencedor.

De tanto insistir, finalmente los cordobeses le dieron la oportunidad que tanto esperó: la de ser gobernador de Córdoba a partir de julio de 1999. “La política es un arte sencillo, todo de ejecución”, dijo alguna vez y bajo esa premisa gobernó tres veces la Provincia. En un breve repaso de sus obras de gobierno, me gustaría mencionar aquellas que le generaban mayor orgullo: La construcción de más de 500 escuelas, la Ciudad de las Artes y la Universidad Provincial, el Programa Primer Paso, el Boleto Educativo Gratuito para más de 250 mil alumnos, docentes y no docentes, la integración del norte con el sur a través de autovías, varias represas y acueductos, el Programa Provincial de Medicamentos, la rebaja impositiva del 30% y las becas terciarias y universitarias.

Amistad social

Por cierto, más allá de lo que fue su gestión, siempre valorada por los cordobeses, y su intención luego de ser presidente de nuestro país, muchos rememoran que su paso por la vida pública tuvo como misión la conquista de la “amistad social”. Le gustaba a él subrayar ese concepto: La “amistad social” era mucho más que una norma de convivencia y valores comunes.

De la Sota entendía que había un “cansancio moral” en la sociedad, profundizado a través de la política y los Estados. “La falta de diálogo en Argentina genera cansancio moral. Nuestro país debe recuperar el camino del diálogo, el respeto y  el consenso para beneficiar a los ciudadanos. Hay mucha gente que quiere recuperar la cordura. Es necesario que en nuestro país se recomponga la amistad social”, decía allá por 2014.

Se animó a abrirle las puertas de la política a las nuevas generaciones y a impulsar la participación plural de actores sociales y políticos ajenos al peronismo. Defendió siempre con hechos la idea de que la buena política es, definitivamente, a partir de una construcción colectiva, con todas las voces, las que se escuchan fuerte, bien fuerte, pero también prestando atención a aquellas más débiles, casi inaudibles. Porque a esas hay que escucharlas con amor.

Prof. Natalia de la Sota

Diputada Nacional

Bloque Córdoba Federal

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