Massa vs Massa 

Por Claudio Romero. El autor resalta las “contradicciones” que presenta la figura del flamante ministro de Economía, fundamentalmente recordando su paso por la ANSeS.

Kramer versus Kramer fue un éxito comercial estrenado a fines de 1979, que trató sobre la vida de un joven matrimonio con nuevas vicisitudes por sortear. Excelente ficción con varias nominaciones y primera en taquilla durante varias semanas. Aquí y hoy, la realidad nos golpea y pone a Massa versus Massa mas allá de sus posturas contradictorias que llegan a limitar con el absurdo.

Ejemplo; cuando dijo que iba a “barrer a los ñoquis de La Cámpora”, y terminó asociado a ellos. O cuando en enero de 2017 a la mañana fue a la asunción de Trump, y a la tarde a la marcha Anti-Trump. O, como se decía durante la pandemia, “Massa se hizo el test de Covid-19, y le dio positivo y negativo al mismo tiempo”.

Pero esta vez es distinto, lleva su característica distintiva a lo más alto de la gestión del Gobierno Nacional: el flamante ministro de Economía Massa llega a ordenar el desastre fiscal de las cuentas públicas, que en gran medida es consecuencia de decisiones tomadas por el director de ANSeS Massa.

En efecto, a partir del año 2005 se implementó el denominado “Plan de Inclusión Previsional” (Ley 25.994, artículo 6), a través del cual se permitió que los que cumplían con el requisito de edad para jubilarse en el año 2004 (varones de 65 y más, mujeres de 60 y más) y que no contaban con los años de aporte necesarios para jubilarse (30 años) pudieran regularizar su situación a través de una moratoria que les permitiera acceder a una prestación, descontando del haber de la misma hasta en 60 cuotas el importe de lo que adeudaban.  Decisión, obviamente, con fines electoralistas.

Más adelante, a través de la Ley 26.970, se estableció la segunda parte del “Plan de Inclusión Previsional”, que permitió a los trabajadores independientes (autónomos o monotributistas) que cumplieran con el requisito de edad en el año 2014, poder regularizar los aportes faltantes desde el año 2003. En los hechos, esto fue una extensión en diez años de la ventana temporal para acceder al beneficio contributivo. Siempre persiguiendo el mismo fin, el resultado electoral.

De esta forma, a junio de 2022, de las 5.114.368 jubilaciones otorgadas en Argentina, 3.341.684 fueron jubilaciones con moratoria, y tan solo 1.772.684 sin moratoria. En otras palabras, el 65% de los jubilados argentinos no completaron los requisitos de aportes necesarios para obtener su jubilación contributiva. Además, casi 800.000 de ellos (el 24%) ya tenían pensión, con lo cual ya tenían un ingreso.

Según estimaciones de ANSeS, el costo de la moratoria es de alrededor del 2,5% del PIB hasta 2025, para luego ir descendiendo al 2% del PIB hasta 2030, y así continuar bajando hasta llegar casi a cero en 2050. Entonces, esto implica que la decisión ejecutada por el director de ANSeS Massa en 2005 tuvo un impacto fiscal que condiciona los próximos 45 años, o sea, 11 mandatos presidenciales completos, ya que la misma fue tomada sin asegurar el financiamiento correspondiente.

El director de ANSeS Massa cometió un error fatal: confundió una situación transitoria (altos precios de las materias primas que Argentina exporta y la estatización de las AFJP que llenó las arcas de la ANSES coyunturalmente)con una situación permanente (que esto iba a ser siempre así, y que por ello Argentina podría ser el único país del mundo donde el 100% de sus adultos mayores podrían tener una jubilación contributiva, por el sólo hecho de cumplir la edad de retiro).Ahora, paradójicamente, el Ministro Massa viene a solucionar el problema: nótese que la meta fiscal comprometida con el FMI para 2022 es el 2,5% del PIB de déficit, exactamente igual al costo actual de la moratoria.

Por supuesto que ningún adulto mayor en Argentina puede estar sin percibir algún tipo de ingreso: para eso existen las políticas no contributivas, que son las que se utilizan en todo el mundo para brindar asistencia a los que no logran jubilarse. Eso es lo que se debería haber hecho en Argentina (el desarrollo de esta propuesta es tema para otra nota), y no la fantasía populista de jubilar al 100% de los adultos mayores en forma contributiva, cosa que no sucede en ninguna parte del mundo, y que más temprano que tarde ocasiona severos problemas fiscales, como el que estamos viviendo ahora.

En 2001, ante el precipicio, De la Rúa convocó al “Padre de la Convertibilidad” para que enderece la situación: terminamos todos explotados. Hoy, el gobierno nacional convocó al piromaníaco del gasto para que apague el incendio fiscal. La pregunta que cabe sería: ¿qué puede salir bien?

Nuevamente, Argentina enfrenta desafíos que sólo la templanza, eficiencia en el gasto público  y en la gestión nos sacaran adelante. Es tiempo de repensar una Argentina con sustentabilidad en el tiempo, sin medidas populista y con los pies en la tierra.

Diputado por la Ciudad de Buenos Aires

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