La eventual eliminación de las PASO genera muchas dudas

Al ministro de Economía le fue bien en la presentación del proyecto de Presupuesto 2023. Más lo preocupa la conflictividad social y sindical. No estaría de acuerdo con la movida para suspender las elecciones primarias.

Sergio Massa al encabezar la presentación del Presupuesto 2023. (Foto: HCDN)

Por José Angel Di Mauro

No sorprendió que fuera el diputado rionegrino Luis Di Giacomo quien tomara el estandarte de la eliminación de las PASO. Presidente del interbloque Provincias Unidas (4 diputados) que suele ser afín al Gobierno, pareció ser una jugada “de manual” la emprendida por el diputado de Juntos Somos Río Negro: que no fuera alguien del oficialismo el que se ocupara de encabezar esa movida cada vez más previsible y deseada por el Frente de Todos, sino un supuesto “neutral”, que además cuenta con antecedentes en la materia.

Es que ya Di Giacomo mostró ese objetivo hace casi dos años, cuando el 11 de noviembre de 2020 presentó una moción de apartamiento de reglamento en plena sesión para tratar un proyecto en ese sentido. No uno propio, sino del diputado del Pro Pablo Tonelli, que un año antes había presentado una iniciativa para derogar las elecciones primarias. El influyente diputado del partido amarillo -palabra autorizada en cuestiones judiciales y reglamentarias- nunca estuvo a favor de las PASO y en 2019 impulsó una iniciativa para eliminarlas luego de que el resultado del 11 de agosto de ese año definiera prematuramente la suerte del gobierno de Mauricio Macri. Si bien a Cambiemos le fue en octubre mejor que en agosto, todo el mundo sabía ya desde las elecciones primarias que el próximo presidente sería Alberto Fernández,y ese resultado adelantado generó la última gran devaluación de la gestión macrista.

Luis Di Giacomo anticipó la presentación de un proyecto para bajar las PASO.

Esa vez, la moción de Di Giacomo no prosperó: ante el peligro de que la sesión se desmadrara, la entonces vicepresidenta del bloque oficialista, Cecilia Moreau, pidió un cuarto intermedio y con el presidente del Cuerpo, Sergio Massa, lo convencieron al rionegrino de retirar la moción.

Cuentan que algo parecido habría sucedido ahora. Que a Sergio Massa, que a pesar de ya no encabezar la Cámara de Diputados sigue manejando esos hilos, no le habría gustado el anuncio del rionegrino; que “se cortó solo”. Otros sugieren que “se fue de boca”, cuando anticipó en el canal Diputados TV que impulsaría una iniciativa en ese sentido. Ya se verá si esta semana Di Giacomo presenta como dicen finalmente ese proyecto, que replicaría bastante del texto del de Tonelli. Dicen también que lo presentaría de manera conjunta con los diputados de Schiaretti, que fueron los que pusieron en agenda el tema al anunciar su disposición a dejar de lado las PASO.

El argumento que esgrimen los que las denuestan es que “nadie las usa”. Es erróneo; la verdad es que la ley impulsada en 2009 durante la gestión de Cristina Kirchner, a instancias de su esposo Néstor, suele favorecer a la oposición. Al menos, a la principal oposición, léase Juntos por el Cambio o peronismo. Los partidos intermedios suelen ser víctimas de la polarización que deviene tras las primarias, de ahí que resulten ser los más refractarios al sistema.

La verdad es que al oficialismo decididamente le conviene dejarlas de lado al menos para esta elección, pero no hay una decisión unánime en ese sentido, sobre todo porque una derogación no tendría vuelta atrás. Muchos en La Cámpora se preguntan si no sería una mala medida que obture su objetivo mediato de ir desplazando al pejotismo de sus cargos. Pero está claro que afectaría fuertemente a un Juntos por el Cambio que sin las PASO se las vería de figurillas para dirimir sus múltiples internas.

En ese espacio ya está decidido que el plan B si se levantan las PASO será una elección interna abierta. Han sugerido en ese caso que quienes vayan a votar se inscriban previamente, pero al tratarse de algo muy engorroso que desalentaría la elección, otros lo descartan. Como el diputado Luciano Laspina, integrante de los equipos técnicos de Patricia Bullrich, que piensa que “habrá que correr el riesgo”. Y el riesgo es que el peronismo mande a votar al candidato “más conveniente”, en desmedro de otros más taquilleros.

También podría resolverle un problema a la principal oposición, donde referentes como Miguel Pichetto no se cansan de repetir que lo mejor sería tener para fin de año resuelto el liderazgo en JxC, de modo tal de garantizar el triunfo en 2023. Como sea, en caso de que en lo que resta del año se dejen de lado las PASO, una eventual elección interna en ese espacio no se podría hacer sino en marzo o abril.

Y en tren de analizar pros y contras de ambos lados, la pregunta es: ¿soportaría el Gobierno, en caso de que la crisis no se estabilice, tener enfrente a un líder que tal vez pueda ser visto como el seguro sucesor, a ocho meses de la entrega del poder? Sucedería entonces que el probablemente futuro presidente se dedicaría a armar un gabinete y el síndrome del pato rengo expondría de manera dramática a Alberto Fernández. Una tentación para que en una espiralización de la crisis se sugiriera un adelantamiento de las elecciones y una entrega anticipada del poder, cosa en la que ya tenemos bastante experiencia.

También es cierto que evitar las PASO le conviene muchísimo a Javier Milei, cuyo voto será decisivo si la cuestión se dirime en el recinto. El líder libertario se muestra misterioso en la materia, a partir de la convicción de que su bloque decide. Nada dirá entonces hasta el momento de la votación, por lo que la pregunta es si se atreverá a quedar alineado aunque sea en ese tema al kirchnerismo, por más que el fin lo beneficie tanto. Mientras que el oficialismo también corre el riesgo de llegar al momento de la votación ignorando el resultado final, cosa desaconsejable para cualquier gobierno.

Un oficialismo que avanza hacia un año electoral con la necesidad de ajustar. El presupuesto enviado por Sergio Massa al Congreso da señales en ese sentido. Las puso en duda el viernes el diputado macrista Pablo Torello, al recordar que “el único presidente que ajustó en un año de elecciones fue Macri”. Y así le fue.

Como sea, Massa se fue del Congreso el miércoles pasado con la convicción de que no tendrá problemas en lograr la aprobación del presupuesto que acababa de presentar ese día. Por el tenor de las preguntas que le hicieron, y el tono utilizado, se descuenta que la ley de leyes tendrá una aprobación por amplio margen. Admitió el karma de haber sido el único presidente de Cámara al que le rechazaron el Presupuesto, y también sobreactuó un poco al asegurar que sentía estar dando las últimas pisadas de su vida política. “Lo dijo para que se pongan a hablar de eso y no del presupuesto mismo”, interpretaba un diputado del Frente de Todos al día siguiente. No es descabellado pensar que el ministro de Economía postergue su ambición presidencial guardándose en la próxima elección, pero su obsesión sigue intacta y será candidato en 2023 si no le va mal en sus funciones y tiene alguna chance.

El extitular de la Cámara baja tiene una relación personal buena con todos los bloques. (Foto: HCDN)

El mismo día que presentó el Presupuesto se conocieron los datos de la pobreza, y en ese contexto Cristina Kirchner volvió a opinar de economía, cosa que no hacía desde la salida de Martín Guzmán, limitándose a hablar de sus causas y de la justicia. Le contestó el viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, que también volvió ese día a tuitear. A diferencia de los dichos de la vicepresidenta, negó que las empresas tuvieran culpa de la crisis y asumió las propias del Gobierno. Pero aclaró que no le contestaba a nadie, sino que repetía lo que había dicho en el Congreso el día anterior. Sí admitió “márgenes empresariales más altos que los normales”. Es lo que dijo la vicepresidenta y parece ser una obsesión del oficialismo: las “ganancias extraordinarias” de las que habló por ejemplo “Cachorro” Godoy, líder sindical de un gremio estatal.

El prolongado conflicto sindical con los trabajadores del neumático.

Cristina Kirchner está inquieta, ya no solo por el atentado que la tuvo como destinataria, sino por el desborde en las calles. La izquierda aún celebra como un gran triunfo el acuerdo alcanzado por el gremio del neumático, pero sobre todo la difusión que tuvo y el efecto expansivo que pueda lograr. En el Gobierno temen eso y le recriminan a Claudio Moroni el papel que tuvo en ese conflicto. Cada vez es más solitario el apoyo que le sigue dispensando el presidente Alberto Fernández.

Exministra de Trabajo entre 2002 y 2003 -tiempos conflictivos si los hay-, Graciela Camaño se mostró muy sorprendida por lo que definió como “una falta de compromiso de las máximas autoridades del Ministerio de Trabajo en la solución del problema”. “Cuando usted ve que el tema se le pone difícil, una autoridad superior del ministerio tiene que estar presente” en la negociación. “Me da la impresión que eso no está sucediendo”, señaló por radio Mitre cuando todavía el conflicto no había sido resuelto.

En ese contexto de conflictividad creciente, el kirchnerismo hizo su aporte con el fin de distribuir caos, motorizando la toma de decenas de colegios en el distrito gobernado por Horacio Rodríguez Larreta. Por aquello de la mejor manera de esconder un elefante en la calle…

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