En la Argentina no tenemos moneda

Por Carlos Alberto Castellani. El exlegislador sostiene que la soberanía de un país comienza por tener moneda propia. Siempre. Y para siempre.

La Argentina está atravesando serios y estructurales problemas económicos.

El principal, de más larga data y que afecta a todas las demás variables, es la inflación exagerada y perversa que se traduce en una definición categórica:

No tenemos moneda.

Como muchas otras veces, donde finalmente la salida ha sido un cambio de signo monetario, una brusca devaluación o, como en algún otro país mal administrado, la dolarización. Con todos los graves problemas que acarrean para los habitantes y el país mismo, el empobrecimiento.

El peso argentino cada día vale menos.

Un billete de 100 pesos argentinos equivale a 30 centavos de dólar y nuestro billete de máximo valor,  el de 1000, son 3 dólares. Entonces cada sector se defiende de ese mal con las herramientas que tiene o encuentra.

Por ejemplo, los productores agropecuarios eligen resguardar el valor en el grano y no liquidar hasta que le sea necesario para no transformar su tenencia en un volátil elemento que no respalda mínimamente el producto de su transacción.

Igual que un trabajador, mujer u hombre, que con su sueldo no puede ahorrar y pensar aunque sea en una pequeña inversión.

Sostengo que la soberanía de un país comienza por tener moneda propia. Siempre. Y para siempre.

Una persona necesita tener un valor de cambio que le sea medianamente constante, en cualquier país del mundo.

En la gran mayoría de los países existe. Se llama estabilidad económica, necesaria para toda planificación de una persona, de una familia, de una empresa, de un país. Cada una de estas individualidades e instituciones compuesta todas por seres humanos  tiene una sana ambición: querer crecer.

Un país debe permitirlo, es su principal función: estabilidad política, económica y judicial.

La primera significa democracia sin reglas cambiantes o acomodaticias.

La segunda, simplemente, una sana administración: gastar menos de lo que se recauda. No emitir moneda sin respaldo.

La tercera, una justicia sana, ejemplar como debe ocurrir en cualquier país.

La actividad privada es la columna vertebral de un país: genera trabajo y riqueza genuina.

Debemos gratificarnos cuando crece, le va bien y genera trabajo que es la salud mental y física de los argentinos. Ello motoriza al país, que deberá pensar en no trabar el crecimiento sino apoyarlo.

Con menos gastos improductivos, aliviando la presión impositiva y animando  a invertir ya que el ser humano tiende y quiere eso.

La presión impositiva y el pie del Estado sobre los productores provocan como es lógico una retracción de la actividad y productividad del sector. Cuando esa presión se alivia o se libera, la respuesta natural del sector es automática y por su propia lógica la actividad de los productores privados se acelera y por ejemplo, la liquidación de divisas toma fuerzas.

Lo vimos en esta oportunidad que los productores pudieron comercializar a un precio más acomodado y las arcas del Estado aliviaron su situación.

Una menor voracidad fiscal redunda finalmente en una mejora no solo para los productores del  campo, sino que anotan cifras récord de recaudación para el Estado.

Por supuesto se debe tender a que toda la economía responda a esa política y no que sean sólo momentos para un sector y cuando el Estado lo precise.

Debe ser una política general de siempre y no de emergencia.

En esta oportunidad, el llamado Programa de Incremento Exportador (PIE), conocido como “dólar soja” a $ 200, permitió recaudar 8.123 millones de dólares y alcanzar resultados muy importantes:

44.622 productores, tanto individuos como empresas,  comercializaron 13.725.198 toneladas de soja desde el 5 al 30 de septiembre.

Las cifras y la realidad demuestran esa relación directamente proporcional entre baja de presión impositiva y aumento de la recaudación estatal.

Por último, cuando la Argentina tome la decisión de abandonar la emisión monetaria que destruye el valor de la moneda, no solo los productores agropecuarios, sino la sociedad toda gozará de los beneficios de vivir sin inflación y verá en su moneda una reserva de valor.

Exdiputado nacional y provincial por la UCeDé. Presidente de la Fundación Pensar Santa Fe

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