Cristina opinó a través de terceros sobre la investigación del atentado

A través de su cuenta de Twitter recomendó leer una columna del periodista Luis Bruschtein en Página 12.

“Imperdible columna de Luis Bruschtein… sobre responsabilidades evidentes y silencios cómplices”, tuiteó este sábado la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner para referirse de esa manera a la investigación del atentado en su contra.

El referido artículo publicado en Página 12 se titula “La trama de mentiras alrededor del intento de asesinato de Cristina Kirchner”. Allí se afirma que “existen pruebas que señalan a millonarios macristas como los posibles financistas de estos grupos de provocadores y asesinos frustrados. Aunque los quieran presentar como un grupo aislado, constituyen un condimento inseparable de las derechas que representa el macrismo”.

Señala Bruschtein que “quedó demostrado que (los detenidos) son farsantes que, para la provocación, usan un discurso falso que no es espontáneo sino que es una construcción que cumple una función. El discurso es funcional a la esencia reaccionaria de Juntos por el Cambio y juega como complemento de las noticias falsas (fake news) y de la persecución judicial con causas falsas contra dirigentes populares (lawfare). Es el componente exaltado, el que termina de justificar los linchamientos, el gatillo fácil o la violencia institucional, que han sido componentes importantes en el gobierno de Mauricio Macri”.

En la nota le atribuye al exministro de Finanzas Luis Caputo  por haber contratado por más de ocho millones de pesos al jefe del grupo Revolución Federal para un trabajo y advierte sobre el accionar de aquellos que “los gritos contra los corruptos, o contra los planeros han sido el preludio de las amenazas de asesinar a Cristina Kirchner. Los primeros gritos iban justificando la culminación. Cualquiera con un poco de calle sabe que la provocación cumple reglas. Se dice que cuando se enfrenta a una patota hay que pelear con el más grande para que los demás no se metan. Y cuando una patota quiere agredir a una persona en particular, empieza primero a los gritos: “¡Devolvé lo que me robaste!” o “¡Vos sos el que violó a la hija de Manuela!”. Gritan para evitar que alguien defienda al agredido o intente separarlo”.

“Estos personajes que organizaban escraches actuaban como provocadores en los actos que convocaba el macrismo, a los que llevaban bolsas mortuorias, horcas o guillotinas que eran muy celebradas por los manifestantes de Barrio Norte, Belgrano, Palermo o Recoleta. La mayoría profesionales, comerciantes o rentistas, personas que asumen que son portadores de la marca más alta de ciudadanía y republicanismo. Pero en ninguna de las manifestaciones de Juntos por el Cambio hubo alguien que repudiara estas expresiones de violencia que reproducían las técnicas más berretas de las patotas callejeras”, enfatiza el autor.

También se le apunta a los medios que “se han cuidado de no publicar los argumentos de las defensas en la causa por las obras públicas, con la que quieren proscribir a Cristina Kirchner”, pero “han publicado cada letra de los descargos de Macri por los negociados que hizo antes y durante su gobierno”.

Remarca además que “esos mismos medios están publicando con bajo perfil las investigaciones sobre el grupo que realizó el atentado y sobre Revolución Federal, que tienen múltiples puntos de contacto entre ellos. Esa información trata de circunscribir los alcances, hacer un “control de daños”. Lo enfocan como si se tratara de grupos marginales sin relación institucional con Juntos por el Cambio”.

Hace nombres la nota señalando a Patricia Bullrich, Javier Milei o el mismo Macri, quienes “habrían sido sorprendidos por estos desconocidos en algún acto partidario y les pidieron sacarse una selfie con ellos. Como si fuera una casualidad. Los del Frente de Todos se salvaron que no les pidieran a ellos, porque no aparece ninguno con estos violentos”.

Además, advierte que “si Caputo quedara finalmente involucrado, la información pondrá allí el límite del fenómeno. Pero lo que está demostrando la investigación, además del atentado contra Cristina Kirchner e incitación a la violencia, es que estos grupos no constituyen un fenómeno aislado, sino que forman parte del abecedario de las nuevas derechas que representa Juntos por el Cambio”.

“Son parte del mismo paquete, al igual que las granjas de trolls y los influencers odiadores de las redes. Son todas piezas orgánicas de un nuevo lenguaje político. Y las granjas y los influencers están financiados con dinero de la política”, precisa la nota.

En otro pasaje señala que “cuando fracasó el intento de asesinato de la vicepresidenta, el grupo más relacionado con el agresor directo hizo una recorrida por distintos canales de televisión para tratar de poner distancia con el atentado”.

“El lenguaje que usaron, la forma como intentaron empatizar con el público, usar recursos identitarios y argumentos relacionados con la situación económica, también configuró un lenguaje falso, que no tenía ninguna relación con el que usan para hablarse entre ellos”, advierte Bruschtein, para quien “era evidente que habían sido aconsejados por un abogado en los aspectos legales. Pero también mostraban un aprendizaje del tipo que tienen los pastores evangélicos cuando aprenden a difundir sus creencias. Era un lenguaje de diseño, aprendido. ‘Nosotros somos personas comunes’, ‘no estoy en la política, pero como todo el mundo critico las cosas de la economía’”.

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