Un mensaje cargado de simbolismos, con el operativo clamor ya en marcha

Muchos fueron los objetivos del acto de Cristina: alentar el operativo clamor, juguetear con su propia candidatura, alinear a su tropa y exhibir una demostración de fuerza. A propósito del eslogan electoral: hoy ella muestra más fuerza que esperanza.

Por José Angel Di Mauro

No hay hoy en la política argentina orador como Cristina Fernández de Kirchner. Sin ser esa observación un juicio de valor que avale lo que pueda llegar a decir en sus discursos, hay que reconocerle una dinámica y soltura que la vicepresidenta adquirió en sus años de legisladora. Lo fue en la Nación desde 1995, pero ya en 1989 era diputada provincial en Santa Cruz. A lo largo de tantos años adquirió una experiencia tal que le permite hablar fluidamente sin leer. Es lo que establecen las reglas en ambas cámaras, mas no se cumplen. Aunque ella muchas veces, al presidir las sesiones, obliga a los legisladores a hacerlo. Depende el senador y las circunstancias.

Excelente oradora -vale repetirlo-, no fue sin embargo el del jueves un gran discurso el suyo. Más bien podría afirmarse lo contrario. Así y todo, dejó cantidad de títulos y recortes de un mensaje en el que habló en tono de campaña, mas no anunció candidatura alguna. Quienes imaginaron que podría hacerlo, no conocen las costumbres a las que tanto ella se aferra. Como ya hemos dicho, mantendrá la incógnita hasta el final: tiene tiempo hasta junio, según un cronograma electoral que sigue contemplando la vigencia de las PASO; así las cosas, cuanto mucho adelantará su decisión a mayo, como en 2019, aunque esa fue una circunstancia excepcional, como disruptiva fue esa propuesta de inventar un candidato inesperado, apuntalado por ella desde el segundo lugar de la fórmula.

Cristina abonó el misterio dejando crecer las posibilidades de una eventual candidatura. Como en esos partidos de fútbol en los que está acordado que a tal minuto se pare el encuentro para que las hinchadas homenajeen a un jugador determinado, la multitud que concurrió al Estadio Unico de La Plata el Día del Militante tuvo ese gesto cuando corrían 18 minutos del discurso de su líder. En ese momento, Cristina hizo un silencio para tomar agua y como si estuviera previsto el estadio comenzó a entonar el cántico “Cristina Presidenta”, que en esta oportunidad no tuvo una réplica al estilo del “no se hagan los rulos”, sino más bien una suerte de aval de la Jefa para dar curso a las especulaciones: “Como decía el General, ‘todo en su medida y armoniosamente’”, deslizó.

Cristina abonó el misterio dejando crecer las posibilidades de una eventual candidatura.

Cristina acababa de hablar largamente de un tema que no acostumbra a incluir en sus discursos: la inseguridad. No lo hizo durante sus dos mandatos, ni nunca hasta el jueves pasado, cuando tocó un tema controvertido para el kirchnerismo. En términos taxativos calificó de “berreta” la discusión entre mano dura y garantismo, y abrió un debate respecto de la razón por la que resuelva ahora hablar de un tema siempre esquivo.

El acto fue en la capital de la provincia de Buenos Aires, con presencia de dirigentes nacionales, pero concurrencia mayoritariamente bonaerense. Es el distrito que define elecciones, pero donde el kirchnerismo ha comprobado que puede perder. Sin ir más lejos, fue derrota -corta, pero derrota al fin- el resultado de las legislativas 2021 allí. Con la presunción de que los comicios 2023 pueden ser adversos para el actual oficialismo, el kirchnerismo se propone hacerse fuerte en el territorio bonaerense para el caso de una derrota nacional. Y no puede afrontar semejante compromiso esta vez obviando la principal preocupación de los habitantes sobre todo del Conurbano. Claro que los ejemplos que puso fueron casos puntuales protagonizados por la policía porteña, a la que buscó deliberadamente poner en un plano de igualdad con la bonaerense. Y la crítica puntual fue a Nación, por retacear a su juicio gendarmes para desplegarlos en la Patagonia, “nadie sabe haciendo qué”.

Buenos Aires es el distrito que define elecciones, pero donde el kirchnerismo ha comprobado que puede perder.

¿Qué habrá pensado al escuchar eso el senador rionegrino Alberto Weretilneck, que como siempre le permitió al oficialismo en el Senado aprobar el miércoles todo lo que llevó al recinto, en una jornada polémica y en la que no le sobraba nada?

Diego Santilli, ganador de la elección de 2021, y Cristian Ritondo, son los precandidatos más lanzados en la Provincia, y ambos usarán el tema de la seguridad como caballito de campaña el próximo año. El primero recordará su gestión en CABA, donde fue ministro del área; el segundo lo fue durante los cuatro años de la gestión Vidal. Pero también sabe Cristina que hay mucho voto que se le está fugando al Frente de Todos por derecha, con destino a Javier Milei. Sobre todo el voto juvenil, que el kirchnerismo creía propio e impenetrable. Por eso habló durante largos minutos sobre esa cuestión. “Discúlpenme que hablé tanto de este tema, pero créanme que es imprescindible hacerlo”, se justificó.

“También sabemos que el orden, por lo menos para nosotros los peronistas, el orden en una sociedad también ayuda, y contribuye con la seguridad”, reconoció CFK decidida a recoger esa bandera que ve en manos de “la derecha”. “¿Pero cuál es el orden para nosotros? Para nosotros el orden es que el padre, la madre, o ambos, salgan todos los días a trabajar; los pibes se queden en la casa y vayan al colegio, y todos juntos después coman en su casa… Que la familia argentina vuelva a comer en su casa, y no en el colegio, en los merenderos, o en los comedores. No hay orden que garantice más seguridad que eso, créanme. No es el gatillo fácil ni el palo, es el trabajo bien remunerado”, aseveró. Fue ahí que hizo una pausa para tomar agua, y arrancó la arenga planificada cual operativo clamor: “Cristina Presidenta”.

Ella será candidata, a nadie le quepa duda. Cavila entre la presidencia y una candidatura legislativa en la provincia de Buenos Aires. En ambos casos se espera que traccione la boleta del oficialismo. Pero como ya hemos dicho, la candidatura presidencial tiene riesgos: si no gana, se desprenderá de los fueros indispensables ante una eventual condena que los propios cristinistas -y ella en primer lugar- anticipan como segura, de parte de una justicia que reprueban. Así y todo, y a pesar de que sabe que una presidencia suya tendría por delante muchas adversidades, está dispuesta a encararla, aupada en el eslogan estrenado el jueves: La fuerza de la esperanza.

Para nosotros el orden es que el padre, la madre, o ambos, salgan todos los días a trabajar; los pibes se queden en la casa y vayan al colegio, y todos juntos después coman en su casa…”.

Una candidatura legislativa le garantiza fueros. Por seis años en el caso del Senado, una Cámara para la cual no suenan nombres en Juntos por el Cambio, que arriesga allí el año próximo dos bancas.

Para el cargo que sea, el acto en el Diego Armando Maradona representó un costoso lanzamiento de campaña. La condición indispensable era llenar el estadio, y en la previa surgieron dudas. La Cámpora es un aparato poderoso asentado en el Estado, mas sin la capacidad movilizadora que hacía falta, por eso tuvieron finalmente que dejar de lado pruritos y rencores, para negociar con el Movimiento Evita, que puso su estructura para poblar un acto que se cerró con se cerró con fuegos artificiales. La llave fue la intendenta de Moreno, Mariel Fernández, a la que se vio sentada en primera fila, a la derecha de Felipe Solá.

Conforme el eslogan mencionado, Cristina buscó con su dialéctica alejarse de cualquier vinculación con el gobierno actual que ella encaramó donde hoy está. Bajó línea, habló del “pasado venturoso” que encabezó y buscó imponer la certeza de que el gobierno de Alberto Fernández no tiene nada que ver con ellos. Difícil entenderlo, con un auditorio poblado de funcionarios, vaya paradoja. O considerando que ella misma estuviera a cargo del Poder Ejecutivo mientras encabezaba el acto, por estar el Presidente regresando de su gira europea.

A propósito, Cristina Kirchner llegó al acto en el helicóptero presidencial, para agregar otro dato no menor.

Tras el acto, Cristina reunió a un grupo selecto en la casa del gobernador para cenar y charlar. En la foto, que ella misma difundió, flanqueada por sus dos preferidos para 2023: Wado de Pedro y Axel Kicillof.

El hecho de estar a cargo del Ejecutivo -solo formalmente, claro está- le dio a la vicepresidenta la excusa para no estar al frente de la polémica sesión del miércoles 16 en el Senado, aunque vale aclarar que desde el atentado fallido no ha vuelto al recinto. Pero por eso tampoco firmó el inédito decreto que llevó al Senado a votar las designaciones de esa Cámara para el Consejo de la Magistratura, incluyendo la cuestionada del camporista Martín Doñate en lugar del cordobés Luis Juez. La firmó en su lugar la presidenta provisional, Claudia Ledesma Abdala, quien también figura entre los nominados, en su caso como consejera suplente.

La intención de Cristina de hacer votar esas designaciones por el pleno del cuerpo busca darle un respaldo institucional a la medida, ante la previsible judicialización del tema. Por eso es que esta vez la denuncia involucra también a los senadores que votaron lo que la oposición considera un desacato a un fallo de la Corte. En rigor, tal desacato operó con la designación de Juez tras el fallo original. Para establecer que la decisión del Cuerpo ahora es ilegal, deberá mediar otra denuncia y un nuevo fallo del Tribunal Superior.

Por lo pronto, la jura de los consejeros elegidos por el Congreso ha sido postergada para esta semana. Es probable que el presidente de la Corte y titular del Consejo de la Magistratura, Horacio Rosatti, proceda como la vez anterior y le tome juramento a Doñate. Quien se espera vaya a hacer lo mismo es Cristina Kirchner: si la Corte termina invalidando la designación, desoirá ese fallo y habrá un conflicto de poderes.

Las designaciones para el Consejo de la Magistratura se aprobaron por unanimidad, sin la presencia opositora. (Foto: Comunicación Senado)

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