La periodista opina sobre el proyecto que tuvo tratamiento en la Cámara alta la semana pasada en el marco de la desaparición de Loan en la provincia de Corrientes.
Cuando el tema de la venta de niños y de órganos, como idea “filosófica”, fue promovido públicamente antes de la campaña presidencial del año pasado, todos creyeron que se trataba de una broma, de un exabrupto, de un desborde del candidato presidencial de La Libertad Avanza, Javier Milei.
El hombre aparecía con un perfil “disruptivo” al cual había que permitírsele cualquier cosa, porque se presumía que traía “ideas nuevas”, porque la “casta” estaba terminada, la política tradicional y más conocida se veía decadente, y era necesario un aire fresco que lo cambiara todo. ¿Todo?
La sociedad argentina reaccionó frente a la posibilidad de que un eventual presidente admitiera como normal que se vendieran chicos, o que la gente mercantilizara sus riñones, parte de su hígado, una retina, o un dedo del pie cuando necesitaba dinero.
Una digresión: las fuerzas del cielo a veces aconsejan mal, y en otras ocasiones provocan justicia divina para dejar en claro que ellas no son las que promueven las barbaridades que piensan y hacen las almas encarnadas. Por eso surge un caso como el del pequeño Loan, desaparecido por arte y magia de la trata de personas en Corrientes, que deja tiritando a un ahora mandatario, preocupadísimo en la Casa Rosada y rogando que se esclarezca rápidamente.
Es que en campaña, por más que se quiera ser original, hay que tener cautela con las palabras, cierta sensatez en la elaboración de un discurso y no incorporar cualquier cosa porque “soy anarcocapitalista” y se acabó. Creer, como le dijo Milei a Ernesto Tenembaum, alrededor del 29 de junio de 2022, que la trata de personas y la venta de órganos era una “idea filosófica” que podría debatirse dentro de 200 años, significa que dentro de sus razonamientos la idea estaba, subyacía.
Y tanto subyace ahora que uno de sus seguidores, el actual senador de la nación por La Rioja Juan Carlos Pagotto, quiso hacer modificaciones “sobre las penas” a los secuestradores de niños en un proyecto de Carolina Losada. Este volvió del recinto a la Comisión de Justicia y Asuntos Penales. El texto modifica el artículo 139 bis del Código Penal y determina de “4 a 10 años al que reciba y a quien entregue a un menor de edad mediando precio, promesa de retribución o cualquier otro tipo de contraprestación, si no resultare un delito más severamente penado”. Antes, la pena mínima era de 3 años.
Hay más endurecimiento de penas en ese proyecto de ley, pero la noticia aquí es que Pagotto, contra su voluntad, hizo que los 63 senadores que aprobaron el proyecto se dieran cuenta de que no habían visto las penas. Están dormidos como en la mayoría de las sesiones. El tema atraviesa el ámbito legislativo, cuando la realidad avanza con dificultades en la vida correntina y de otras provincias, donde los chicos se venden a cifras extraordinarias como el agua en terrenos desérticos.
Con Loan afloró el submundo de la trata de personas, el entramado de la apropiación de chicos, la vulnerabilidad de las chicas de quince años expuestas a ser embarazadas por miembros de esa organización maligna, también la oferta de cuidados durante el embarazo y finalmente la sustracción del recién nacido para su venta en lugares por ahora desconocidos. “Tu bebé nació muerto”, es la única respuesta que reciben.
La señalización del hospital como sede casi central de la apropiación de los bebés por parte de enfermeras, con la anuencia de las autoridades sanitarias, agrega más horror a la trama nunca denunciada antes. La reacción por Loan despertó a un pueblo que sabía perfectamente lo que pasaba y nadie decía nada.
La conducción de los hechos por parte del comisario del pueblo define el acosamiento de los pobladores para que callen, y despeja el velo del miedo en que sumen a los vecinos. Los silencios de las autoridades provinciales respecto de lo ocurrido, que esta vez dejaron sin información oficial durante una semana debe ser al menos calificada de complicidad. Agravada incluso por proteger a una de las involucradas en la organización de la captura de Loan y activa participante en la obstaculización de las investigaciones, Laudelina Peña, a la que envió al penal de Ezeiza. Lejos, bien lejos para que no la maten entre todos los vecinos.
Si bien la investigación fue confusa y todavía carece de pruebas contundentes, los aportes de las primas de Loan, Camila y Macarena, denotan que el secretismo falló en esta oportunidad por la ambición de Laudelina que le confió a su hija mayor, de 14 años, que iba a recibir una casa, un auto y una moto por la entrega de un chico. Macarena declaró contra su propia madre y contó esto.
La presencia de efectivos federales en la ciudad correntina de 9 de Julio estuvo lejos de traer seguridad a las madres que dudan en llevar a sus hijos a la escuela donde un comisario les sacaba fotos a los niños, con la aprobación de la directora. La visita fugaz de la ministra de seguridad de la nación Patricia Bullrich tampoco dejó una esperanza, ni pudo hablar demasiado por su enojo con el gobernador Gustavo Valdez. ¿Qué información manejan ambos que la sociedad desconoce? ¿Qué acuerdos políticos sujetan las bocas?
La resonancia del secuestro o rapto de Loan es similar a la del asesinato de María Soledad Morales, en Catamarca, hace demasiados años. Tiene esa intensidad del espanto que hace levantar a las masas, conmueve sin ser inédito, emociona por el destino que le han trazado al niño unos desalmados hambrientos de dinero. Se vincula con la sospecha de que estos crímenes no pueden concretarse si no hay una complicidad con el poder político y policial, una incertidumbre sobre una organización nefasta, generada por medio de células, donde el que entrega solo ve a quien recibe, pero desconoce quienes integran la cadena en su totalidad. Es la misma modalidad que emplean el terrorismo y el narcotráfico.
Es todo tan oscuro y siniestro que, a los pobladores de Goya, Curuzú Cuatiá, 9 de Julio, les cuesta admitir que la naturalización en la que entraron por no hablar, protestar y reclamar, les generó una culpa que los molestará por un tiempo.
En la Argentina se está jugando con fuego, y para colmo no se resuelven los problemas más apremiantes. La gestión de gobierno deja mucho que desear en materia social. Lo social no es solamente económico, contiene dramas cotidianos como la inseguridad, la falta de trabajo, la ausencia de un buen sistema de salud, la desatención del Estado en el curso de una dirección hacia el progreso de los argentinos, la improductividad creciente.
Estas cuestiones no son ideas filosóficas, son de necesidad y urgencia, conflictos que devastan a la sociedad ya exhausta de por sí por las pésimas políticas arrastradas en el tiempo, porque los males señalados no son del día de ayer, llevan décadas esperando que alguien sensato e inteligente se siente a laburar en el sillón de Rivadavia y no se mueva de ahí hasta resolverlos.