Una de las reformas más urgentes es la eliminación de las elecciones primarias, abiertas y obligatorias.
La transparencia en el sistema electoral es esencial para fortalecer la confianza de los ciudadanos en las instituciones democráticas y garantizar que los procesos electorales reflejen fielmente la voluntad popular. La adopción de la boleta única ha sido un avance significativo en este sentido, ya que simplifica el proceso de votación, reduce el riesgo de manipulación y mejora la accesibilidad. Sin embargo, a pesar de este progreso, todavía queda mucho por hacer para lograr una verdadera transparencia y eficiencia en el sistema electoral argentino.
Una de las reformas más urgentes es la eliminación de las elecciones primarias, abiertas y obligatorias (PASO). Este sistema, instaurado en 2009, fue diseñado originalmente para democratizar la selección de candidatos dentro de los partidos políticos y permitir una mayor participación ciudadana en el proceso electoral. No obstante, en la práctica, las PASO han demostrado ser un mecanismo ineficaz y costoso, que no solo genera un gasto público innecesario, sino que también distorsiona el desarrollo natural del proceso democrático.
El carácter obligatorio de las PASO impone a los partidos políticos, incluso a los más pequeños, participar en una instancia electoral que muchas veces no es necesaria, ya que en muchos casos no existen disputas internas significativas para resolver. Este sistema se ha vuelto funcional únicamente para las grandes estructuras partidarias, que utilizan las PASO para dirimir sus diferencias internas y medir su apoyo entre el electorado. Sin embargo, somete a todo el sistema político y a la ciudadanía a una suerte de encuesta previa a las elecciones generales, lo que condiciona de manera peligrosa la opinión pública y el voto en las elecciones definitivas.
El kirchnerismo, al instaurar las PASO, no buscó democratizar las elecciones internas, sino que actuó de manera perversa al utilizar este sistema como una herramienta para consolidar su poder y perpetuarse en el gobierno. Bajo la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, las PASO se integraron al sistema electoral en un contexto de creciente control sobre las instituciones democráticas, con el fin de crear un mecanismo que permitiera medir el pulso electoral antes de las elecciones generales. Así, el oficialismo podía anticiparse a los resultados y, en base a esos datos, posicionar mejor a sus candidatos, lo que dejaba en desventaja a las fuerzas opositoras. Más que una instancia democratizadora, las PASO se convirtieron en una forma de controlar y limitar la competencia electoral, reforzando la polarización y dificultando surgimiento de nuevas fuerzas políticas.
Este tipo de estrategias no es exclusivo de Argentina. En países como Venezuela, el régimen de Hugo Chávez utilizó reformas electorales para afianzar su poder. Lo que en principio parecían ser mecanismos democráticos para ampliar la participación, en la práctica se convirtieron en herramientas para manipular los resultados y garantizar la continuidad del chavismo. Chávez creó un sistema en el que la oposición quedó desarticulada y las elecciones se volvieron un simple trámite, sin posibilidad real de alternancia en el poder. Rusia bajo Vladimir Putin también ofrece un ejemplo similar. A través de un sistema electoral manipulado, Putin ha logrado perpetuarse en el poder, eliminando la competencia y marginando a sus opositores, convirtiendo las elecciones en una formalidad vacía de contenido democrático.
Al obligar a los ciudadanos a participar en las PASO, se genera una falsa sensación de competencia que no siempre refleja las verdaderas intenciones del electorado. En muchos casos, los votantes se ven influenciados por los resultados de las primarias, lo que condiciona su comportamiento en las elecciones generales, favoreciendo a los candidatos que lograron mayor exposición o mejores resultados en las PASO. Esta situación atenta directamente contra el principio de representatividad proporcional que nuestra Constitución Nacional garantiza, ya que favorece una polarización que puede marginar a las minorías y a las fuerzas políticas emergentes.
Es crucial entender que los partidos políticos, según la Constitución, tienen el monopolio de la propuesta de candidatos para los cargos electivos. Esto les otorga una responsabilidad significativa en la construcción y consolidación de la democracia representativa. No obstante, para que los partidos puedan cumplir efectivamente este rol, es necesario que el sistema electoral les brinde las condiciones adecuadas para desarrollar propuestas programáticas de manera autónoma, sin estar sujetos a mecanismos que, lejos de fomentar la competencia democrática, terminan beneficiando a las estructuras partidarias más grandes y mejor financiadas.
La eliminación de las PASO permitiría a los partidos políticos definir sus candidatos a través de procesos internos más acordes a sus propias dinámicas, sin la necesidad de someterse a una instancia electoral costosa y, en muchos casos, innecesaria. De esta forma, se reduciría el gasto público y se evitaría la confusión y el desgaste que genera la multiplicidad de instancias electorales.
La reforma del sistema electoral argentino no puede quedarse solo en la adopción de la boleta única. Es fundamental avanzar en la eliminación de las PASO para que el proceso electoral sea más eficiente, representativo y transparente. Solo así se fortalecerá el rol de los partidos políticos y se garantizará un sistema electoral que respete la pluralidad de ideas y la verdadera voluntad del electorado, principios fundamentales para el buen funcionamiento de nuestra democracia.
Jorge Giorno fue presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), fue Diputado en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en dos oportunidades, preside el Partido de las Ciudades en Acción y actualmente es Director General de Asuntos Federales del Gobierno de la Ciudad.