El relato de campaña hablaba de achicar el Estado y liberar a los emprendedores, pero la realidad es otra: las políticas implementadas asfixian a quienes generamos valor y empleo en el país.
Cuando Javier Milei comenzó su campaña presidencial, capturó la atención de miles de argentinos con un relato de renovación, libertad y la promesa de desterrar a la “casta” que, según él, mantenía secuestrada a la economía del país. Sin embargo, tras observar las primeras acciones de su gobierno, me pregunto si el verdadero objetivo no eran aquellos sectores que representan la base productiva y educativa de nuestro país: las PyMEs y las Universidades Públicas.
Como empresario PyME, conozco de primera mano el sacrificio que implica mantener una empresa en pie en Argentina. Las pequeñas y medianas empresas no solo generan más del 60% del empleo formal en el país, sino que también son la columna vertebral de muchas economías locales. Pese a este rol fundamental, el gobierno de Milei parece decidido a aplicar medidas que nos golpean de lleno, como la eliminación de beneficios fiscales para el sector, una liberalización extrema que desprotege a la industria local frente a importaciones desmedidas, y una flexibilización laboral que, lejos de fomentar el empleo, precariza aún más a los trabajadores.
El relato de campaña hablaba de achicar el Estado y liberar a los emprendedores, pero la realidad es otra: las políticas implementadas asfixian a quienes generamos valor y empleo en el país. Nos piden competitividad en un mercado global sin brindarnos herramientas para adaptarnos y crecer en ese entorno. ¿Cómo puede una PyME argentina, con altísimos costos financieros y cargas impositivas, competir contra empresas extranjeras con condiciones radicalmente distintas? Pareciera que Milei olvidó que la verdadera renovación no pasa por eliminar al que produce, sino por darle herramientas para ser más eficiente y competitivo.
A esta política económica se suma la reciente demonización de la Universidad de Buenos Aires, institución que históricamente ha sido un pilar del conocimiento y de la movilidad social en Argentina. Sus ataques a la educación pública son profundamente preocupantes. En lugar de fortalecerla, busca reducir sus recursos y privatizarla, eliminando una de las pocas oportunidades que miles de jóvenes tienen para formarse y aspirar a un futuro mejor.
La UBA es mucho más que una universidad gratuita: es el espacio donde se forman científicos, ingenieros, abogados y médicos que luego contribuyen al desarrollo del país. Es la cuna de la investigación y la innovación, ámbitos que Milei, paradójicamente, afirma querer fomentar. ¿Cómo piensa lograrlo si asfixia a la institución que más ha aportado a estos campos?
Lo más inquietante es que estas decisiones se toman bajo un discurso de “liberación” y “renovación”, pero en los hechos estamos ante un proceso de concentración del poder económico en manos de unos pocos. La verdadera casta no eran los funcionarios ni los empleados públicos que Milei tanto denostó, sino aquellos que hoy están detrás de políticas que favorecen a grandes corporaciones y a intereses financieros internacionales, mientras que las PyMEs y la UBA, motores de desarrollo y educación, son relegadas y atacadas.
Las PyMEs no somos la casta, somos los que damos trabajo, los que mantenemos la economía en marcha en cada rincón del país. La UBA no es la casta, es el faro de esperanza de miles de jóvenes que ven en la educación pública la posibilidad de crecer y aportar al desarrollo nacional.
Es hora de que el gobierno escuche y reoriente sus políticas hacia quienes verdaderamente generan valor y promueven el crecimiento en Argentina. De lo contrario, no habrá relato que pueda ocultar la realidad de una economía quebrada, sin empleo y sin futuro.
Diego Achilli es industrial PyME