La vicejefa de Gobierno porteño alerta fuertemente por la situación de inseguridad en la provincia de Buenos Aires, razón por la cual argumenta las medidas adoptadas en CABA.
Kicillof creó en sus dos gobiernos la mayor fábrica de delincuencia en la historia argentina, convirtiendo a una parte del conurbano en un territorio peligroso, donde sus vecinos son víctimas y no pueden salir a la calle sin arriesgar sus vidas.
Esos delincuentes peligrosos viven pegados a nuestra ciudad y están apenas separados por una avenida o el riachuelo, como dice
Waldo Wolff en su post.
Por eso, la Ciudad de Buenos Aires tiene que protegerse con un fuerte sistema policial defensivo, técnicamente casi infranqueable, que trata de mantener al territorio protegido de esas amenazas.
Aunque siga habiendo delitos lamentables en CABA, son pocos comparados con el peligro cercano al que nos enfrentamos. Los números demuestran que la Ciudad es una de las dos capitales más seguras de América Latina.
Para que esto ocurra, desde que asumió, Jorge Macri tomó medidas urgentes:
A los más de 18.000 policías permanentes en las calles, sumó 1.000 nuevos agentes que desde agosto están custodiando los barrios. Los policías, además de portar armas de fuego, ahora están equipados con pistolas eléctricas Taser y pistolas Byrna que disparan proyectiles químicos. Para optimizar la acción policial, se creó una fuerza de respuesta rápida formada de parejas policiales en motocicletas que recorren toda el territorio metropolitano. Hay más de 800 motos que funcionan como fuerza de choque veloz contra el delito. Su objetivo es actuar rápido, pero también disuadir la delincuencia con su presencia.
Más del 75% de la ciudad está vigilada por cámaras. Casi no hay puntos ciegos en las áreas estadísticamente más riesgosas. Además se instalaron 118 puntos seguros que funcionan como unidades de comunicación para denuncias instantáneas que les permiten a los vecinos acceder a ayuda policial inmediata.
Literalmente, trabajamos para tener una cuidad fortificada ante la amenaza de delitos que podrían desbordarnos desde la Provincia.
Dos dramáticas estadísticas muestran en qué tipo de tensión estamos: de los 13 policías de ciudad asesinados en los últimos cuatro años, 12 cayeron en la provincia de Buenos Aires saliendo o volviendo de sus hogares donde residían. Cada 30 horas, un policía de la Ciudad es atacado en esa provincia.
La seguridad urbana ocupa el primer puesto en las preocupaciones y prioridades de nuestro gobierno.
Estamos en un estado de alerta permanente. Nuestras fuerzas de seguridad, la tecnología que los asisten y las estrategias que aplicamos a la vigilancia en las entradas que conectan a la ciudad con la provincia, son nuestro verdadero muro de hierro protector.
Estamos más protegidos que nunca, pero tenemos que permanecer bien atentos porque la amenaza delictiva cercana no deja de crecer.
Los destinos de la provincia y de la ciudad de Buenos Aires están unidos. Si en la provincia crece la violencia, la droga, el delito generalizado, como pasó en estos dos gobiernos de Kicillof, la ciudad inevitablemente sufre las consecuencias.
Estamos blindados, pero rodeados de una Provincia con el delito fuera de control.