La Corte se prepara para confirmar en las próximas horas la sentencia a seis años de prisión e inhabilitación perpetua contra la dos veces presidenta por corrupción en la obra pública. La decisión, que sacudiría el tablero político argentino, llega en medio de un clima de máxima tensión, con el oficialismo en alerta, el Instituto Patria en movimiento y la propia Cristina anticipando el desenlace: “Muerta o presa”.
La dos veces presidenta Cristina Fernández de Kirchner sabe “in pectore” que está en ciernes en la Corte Suprema la confirmación irremediable de una estruendosa condena a seis años de prisión que acabará para siempre con su laureada y polémica carrera política.
Fuentes judiciales dijeron a parlamentario.com que los cortesanos están convencidos plenamente de confirmar la condena a prisión e inhabilitación para ejercer cargos públicos impuesta a Cristina en otras dos instancias previas por corrupción en la obra pública en su gobierno.
Es solo cuestión de horas. Ya no hay más lugar a recusaciones en el planeta judicial ni llantos terrenales.
Los jueces del tribunal judicial más importante de la Nación tenían todo listo para condenarla la semana pasada, pero la movida de la expresidenta de ir a la TV a anunciar su candidatura trastocó los planes.
Los jueces Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti pospusieron la altisonante sentencia porque tradicionalmente evitan fallar en medio de olas políticas.
“Muerta o presa”, había dicho hace exactamente dos semanas la actual titular del PJ, en C5N, al ser consultada sobre una posible condena en la denominada causa Vialidad.
El mundo político está expectante y al tanto de la decisión cortesana. Y el mundo empresarial también. Hay incredulidad y asombro por lo que se viene.
La novedad, obviamente, repercutió en el Gobierno. Habían organizado para este lunes en la Casa Rosada una reunión del jefe de Gabinete, Guillermo Francos, con gobernadores y se reprogramó.
Porque sabían que sería “un día de furia” en la política argentina.
Los dirigentes K más prominentes urden sigilosamente una convocatoria al Instituto Patria, en el barrio porteño de Congreso y donde Cristina pasa sus jornadas diarias, para acelerar un tardío “operativo clamor” para proclamar la supuesta inocencia de la presidenta durante 2007 y 2015.
Se habla de vigilias y guardias.
Este cronista recibió un llamado casi sobre el filo de la medianoche del sábado 31 de mayo que le anticipaba una de las decisiones judiciales más trascendentales de la democracia recuperada, sólo igualable con la que llevó a la cárcel al expresidente Carlos Menem, en 2001.
Menem pasó 167 días de arresto domiciliario en la quinta de Don Torcuato, en el Gran Buenos Aires, de su amigo Armando Gostanian.
Lo curioso es que el trascendental e histórico fallo de la Corte puede salir mientras el presidente Javier Milei -con quien se sospecha tiene un pacto para no ir a la cárcel- está de gira por Italia, Israel, Francia y España.
El sábado, Cristina volvió a la carga, como sabiendo lo que se le viene: “Salió el anuncio y se desataron los demonios. Comenzaron a pedir desde todos lados que me metan presa, eso es lo que uno lee. No hay que enojarse, hay que estar atentos… a que me metan presa”, expresó en Corrientes, al ir a apoyar a Martín “Tincho” Azcúa, candidato peronista para la elección a gobernador.
Luego, pareció implorar un perdón: “Todo esto con editoriales que dicen: ‘ay no, está acabada, acorralada’. ¿Pero si estoy tan así, por qué no me dejan competir y entonces me derrotan políticamente? A ver, dale. Dale, a ver. Mirá como tiemblo”, espetó mirando al cielo.