La Libertad Avanza sufrió un revés sin precedentes en el Senado, donde la oposición aprobó seis iniciativas en una sola sesión. Milei se refugia en un discurso electoral mientras se agrava la ruptura con gobernadores y la propia vicepresidenta.
Analicémoslo en términos legislativos: nunca es bueno perder; pero menos para un oficialismo, cualquiera sea el mismo. Perder es un “lujo” que no se debe permitir ningún gobierno, tenga el número de legisladores que tenga.
Quedó en la historia cuando el Gobierno de Raúl Alfonsín vio caer la Ley Mucci en el Senado: la fallida reforma sindical de ese gobierno radical fracasó el 28 de marzo de 1984. Pasaron cuatro décadas y hasta se recuerda el nombre del senador cuyo voto hizo caer la ley. Más cerca en el tiempo, cómo olvidar la madrugada del 17 de julio de 2008 y el voto “no positivo” de Julio Cobos. Si hasta recordamos la hora a la que sucedió: 4.25 AM.
Las derrotas de los oficialismos deben ser excepcionales en el Congreso, pero no porque no puedan perder, sino que cuando están expuestos a ello deben evitar ir al recinto. Hasta Alberto Fernández, que hizo todo mal, no se arriesgaba a ello. Con mayoría en el Senado y minoría en Diputados, la reforma laboral, la ampliación de la Corte y hasta el juez Rafecas como procurador son ejemplos a mano: cuando no había chance, ni se trataban en comisión.
No puede haber una gesta de la derrota. Aunque se la quiera maquillar, y aparezca el ministro de Economía regodeándose en las redes sociales diciendo que lo sucedido en el Senado “es lo mejor que pudo haber pasado”. Traduzcamos a Luis Caputo: lo del Senado demostró cuál es la casta y esas votaciones sirven para que “cada vez más gente se dé cuenta”. En modo electoral, debe interpretarse que la gente entenderá que hay que votar a La Libertad Avanza para que a partir de diciembre cosas como estas no sucedan en el Congreso.
Ya el Presidente había marcado el camino al desafiar con su “los espero el 11 de diciembre”. Javier Milei viene instalando el eslogan/presagio: “La Libertad arrasa”. La realidad es que si bien todas las encuestas auguran una victoria del oficialismo en octubre, eso no garantiza el control del Congreso. Ni cerca. LLA estará mejor, pero lo más probable es que ni siquiera sea la primera minoría. Expone pocas bancas, y es probable que más que duplique las actuales, pero así y todo no llegará siquiera al centenar.
Unión por la Patria, devenido en Fuerza Patria, renueva una elección que perdió, la de 2021. Tiene actualmente 98 integrantes en Diputados y arriesga 46. Con la polarización que alienta el mileísmo, desaparecerá buena parte del espacio del medio donde La Libertad Avanza encontró los votos para sacar sus leyes. En cambio el peronismo no bajará sustancialmente su número en Diputados. Y en el Senado, perdiendo, resignaría unas tres bancas. Seguirá siendo un escenario complicado para el oficialismo que en el mejor de los casos duplicará su número. Seguirá siendo ínfimo.
Son datos que sí tienen muy en cuenta los que deben decidir dónde poner el dinero. Son los mismos que fueron corriéndole el arco a Mauricio Macri. Primero quisieron verlo gobernar; que armara mayorías en el Congreso; después le exigieron ganar las elecciones intermedias; luego que hiciera las reformas… hasta que pasaron cosas y dejaron de confiar. Pero nunca vinieron.
Milei confía en salir fortalecido con un triunfo en las elecciones intermedias, que está casi garantizado ante la baja de la inflación y la ausencia de alternativas. Pero su idiosincrasia le impide armar las mayorías que figuras experimentadas como Miguel Pichetto le recomiendan hacer en el Congreso. Lejos de ello, ha ido desarmando acuerdos. Y así llegó al jueves pasado, donde tuvo una derrota épica. No se recuerda en la historia de la democracia desde el 83 a la fecha semejante derrota para un oficialismo.
Que ya venía de experimentar una paliza notable el 4 de junio, cuando en Diputados vio cómo la oposición conseguía tres medias sanciones que el Gobierno rechazaba. Dos de ellas salieron con mayorías muy grandes. Ahora en el Senado las tres iniciativas se convirtieron en ley. Pero lo de la Cámara alta fue goleada: además de las tres leyes que aprobó la oposición, se aprobaron las dos iniciativas promovidas por los gobernadores y se rechazó el veto a la emergencia en Bahía Blanca. 6 a 0.
Lo más grave para el Gobierno es que la vio venir y no hizo nada. Falta estrategia legislativa, pero en el Senado es aún peor no solo por estar el oficialismo en dramática minoría, sino también porque el Gobierno ha roto todos los puentes con quien preside esa Cámara. Y si ya estaba roto de antes, desde el jueves es peor, cuando el Gobierno y sus patrullas digitales fustigaron a Victoria Villarruel, y el Presidente le colgó el cartel de “traidora”. Eso ya no tiene vuelta atrás.

La vicepresidenta Victoria Villarruel presidiendo la polémica sesión del Senado. (Foto: Comunicación Senado)
Este fin de semana le contestó la vice, cosa que no había hecho hasta ahora, agravándose la relación. Debería saber el Gobierno los riesgos que eso implica. ¿Hablábamos de tranquilizar a potenciales inversores? Otro tiro en el pie.
El Gobierno tuvo noticias de que la relación con los gobernadores estaba mal un mes antes, cuando justamente el 4 de junio diputados alineados con mandatarios afines votaron en contra, o por lo menos dieron quórum o se ausentaron. Nada se hizo a pesar de eso, y todo evolucionó para mal, hasta que los 23 gobernadores y el jefe de Gobierno coincidieron en avanzar con los dos proyectos para redistribuir impuestos. Hay un ejemplo muy concreto que es una de las leyes que se buscan modificar. El impuesto a los Combustibles Líquidos: un 10% va a la Nación y otro 10% a la provincia. Del 80% restante, un porcentaje es para el FoNaVi, que se encarga de hacer viviendas; otro para el ENHOSA, que hace cloacas, agua potable, desagües en todo el país; otro va a la Red Federal Vial, que construye rutas y hace su mantenimiento; y un porcentaje es para subsidiar el transporte público. Otra parte es para el ANSeS, y salvo ese porcentaje, nada del resto cumple en la actualidad con el destino previsto. Es lo que reclaman las provincias, que argumentan que si tienen que encargarse de reparar las rutas y hacer las obras, les corresponden esos fondos.
Tiene lógica el reclamo, como también el hecho de que ningún gobierno ha cumplido estrictamente con el reparto correspondiente. Pero este gobierno hoy no tiene manera de resistir semejante reclamo. Para evitar la foto en Tucumán desarropado de gobernadores, Milei contó con las fuerzas del cielo que mandaron una densa niebla que sirvió para pegar el faltazo, evitando así una demostración palpable de soledad. Pero los senadores sí tomaron recaudos para estar en su mayoría el jueves en la sesión en la que mandaron el mensaje que querían, fuerte y claro.
Como de costumbre, a última hora el Gobierno hizo un último y desesperado intento para evitar el naufragio y tuvo algún éxito con el intento postrero de senadores dialoguistas de alterar el orden del tratamiento en el Senado en función del nivel de consenso: primero el rechazo al veto de la ley para ayudar a Bahía Blanca; después las leyes de los gobernadores; luego la emergencia en discapacidad y al final los proyectos sobre jubilaciones. Pero los de Unión por la Patria no son ingenuos y aclararon que el orden sería el inverso: si no les votaban las medias sanciones, tendrían que buscarse los votos para aprobar lo que piden los gobernadores. Así se hizo.
En su discurso del final, José Mayans, que estuvo en estado de gracia ese jueves, advirtió sobre la ausencia de algunos senadores que responden a los gobernadores. Entre los que sí estuvieron fueron los correntinos, provincia que elegirá gobernador el último domingo de agosto y cuyo acuerdo entre el radicalismo gobernante y La Libertad Avanza acaba de fracasar, por exigencias desmedidas de los emisarios de Karina Milei. El gobernador Gustavo Valdés respondió al día siguiente sacándose una foto con el peronista Camau Espínola, que le dio su apoyo para las elecciones. Y los tres senadores correntinos votaron contra el Gobierno el jueves 10.
El Gobierno se ha hecho fama entre los gobernadores de “mal pagador”. Pero fue más allá, al mostrarse también “desagradecido”. Lo hizo el 9 de julio por la mañana, cuando el Presidente cambió San Miguel de Tucumán por el estudio de la radio de Luis Majul a quien le dijo que “todos los gobernadores” quieren destruir su gobierno.
Volvió el Milei furibundo de los días posteriores al fracaso de la primera Ley de Bases. Así se mostró la noche del sonoro traspié en el Senado, cuando en la Bolsa de Comercio le dijo a su auditorio que “los degenerados fiscales no quieren que el dinero vuelva a ustedes”, y habló de lo que se discute “en el nido de ratas, en la madriguera inmunda donde están todos los degenerados fiscales que no quieren devolverles a ustedes su dinero”.
El Presidente anticipó lo que hará con las leyes que vienen. Las vetará; si el Congreso rechaza sus vetos, irá a la justicia; y si un juez le falla en contra, habrá entonces un “plan platita” que terminará favoreciéndolo electoralmente. Contrariamente a lo que pudiera esperarse de él, todos sus actos están signados hoy por lo electoral.
Pero en principio, deberá sortear un problema: si veta las leyes, estará reconociendo la validez de la sesión del jueves. Pero tiene diez días para vetar, sino las leyes tendrán promulgación de hecho.