El vocero presidencial Manuel Adorni redobla su ofensiva contra la prensa con un streaming oficialista, medidas restrictivas en Casa Rosada y una ambición política que lo proyecta más allá de su banca como diputado electo.
El polémico vocero presidencial Manuel Adorni lanzó un controvertido y discutible programa de streaming -“Fake, 7, 8”- en busca de dar la discusión en el discurso público y que tiene como ejes intentar vender como noticia falsa una verdadera; arremeter osadamente contra los periodistas; e inauditamente realzar su egocentrismo y narcisismo con recursos del Estado.
Es sabido hasta por los mozos de la Casa Rosada que Adorni no quiere asumir el 10 de diciembre próximo como diputado en la Ciudad de Buenos Aires -ganó la elección con un 30,1%-, y entonces basa su gestión en ganarse cada vez más la aquiescencia del líder libertario Javier Milei y su séquito.
¿El objetivo?: En un principio quería continuar en la Casa Rosada como vocero presidencial y resistió tenuemente, y hasta donde pudo ir como candidato a diputado por La Libertad Avanza en CABA.
Pero la falta de postulantes en LLA -Patricia Bullrich no quiso saber nada con ir a la Legislatura- llevó a Adorni a aceptar a regañadientes ser el candidato elegido porque consideraban que con su dialéctica desde el atril desde el Salón de Conferencias encarna sobrada y exitosamente la motosierra de la marca Milei.
Y la campaña en CABA necesitaba poner sobre la mesa la marca Milei en lo más alto, en una estrategia electoral diseñada por la jefa partidaria, Karina Milei, secretaria general de la Presidencia y aliada de Adorni.
Pero ahora sigue resistiendo y cuenta con la venia de Karina Milei, quien no tiene un vocero sustituto de confianza y, además, teme que su archienemigo Santiago Caputo le coloque al exégeta con micrófono del presidente.
Por eso, Adorni se esmera cada vez más y les vende a los periodistas libertarios que tiene chances de ser jefe de Gabinete desde el 10 de diciembre en un eventual recambio del Gabinete nacional, pese a que la Casa Rosada lo moldea para sustituir a Jorge Macri en dos años.
Guillermo Francos, el actual jefe de Gabinete, suena como uno de los funcionarios elegidos para el recambio de Gabinete y el ambicioso y versátil vocero aspira y se candidatea a ser el mandamás de los ministros de LLA.
Ahora, el esmero de Adorni no tienen límites y, acorde con los sistemáticos ataques de Milei a la prensa, ha cercenado el derecho a la información que tienen los periodistas acreditados en la Sala de Periodistas, con una cuestionada resolución administrativa.
El vocero no solo intenta ridiculizar a los periodistas que participan de las conferencias de prensa en la Casa Rosada, sino que les impuso un rígido sistema de acreditación por el cual los trabajadores de prensa tienen dificultades para acceder a las fuentes.
La resolución del habitante del exclusivo country bonaerense Indio Qua impone sanciones y hasta la expulsión de la Casa Rosada. El fin es impedir el libre ejercicio de la investigación y obtención de las noticias en la Casa de Gobierno: el vocero quiere que los periodistas sólo se nutran de sus conferencias, aunque los anuncios no siempre se concretan.
Pero para Milei y Karina, Adorni cumple en el atril su rol de “domador” -como le dicen los propios libertarios en las redes-: informar poco y propagandear mucho.
También, negar, disimular y ocultar y vender pececitos de colores, como la incompleta liberación del cepo cambiarlo, la responsabilidad de Milei en el escándalo $LIBRA y el caso misterioso de las valijas sin control en Aeroparque en un vuelo procedente de Estados Unidos.
A esas “cualidades” le ha agregado rasgos autoritarios, como el sucedido la semana pasada cuando le ordenó a un periodista que se fuese del Salón de Conferencias porque estaba hablando con su radio -es cronista radial- mientras hacía un anuncio a la prensa.
El colmo fue que el vocero echó al trabajador de prensa y le dedicó un irónico “gracias por tu generosidad”, y después su ejército de trolls del Estado castigó al periodista en redes sociales. Y como si fuese poco, horas después concretó su tarea: Milei fue desde su despacho al Patio de las Palmeras en planta baja y entonces, como no quería que lo observaran, Adorni ordenó encerrar a los cronistas en la Sala de Periodistas, que está en el primer piso.
Si alguno quería ir al baño, lo escoltaba celosamente un custodio presidencial.
Algunos colegas recordaron que Cristina Fernández de Kirchner hizo algo similar en su Presidencia, pero la diferencia fue que los periodistas de ese entonces abrieron la puerta a los empellones.
Sin embargo, poco trascienden esas actitudes en el Salón de Conferencias o de sus empleados trolls de redes sociales, debido a que tiene un impresionante blindaje informativo tipo “mordaza” sostenido por la pauta oficial.
Hay que sumar ideas controvertidas que enunció para las conferencias de prensa, como ir a buscar un transeúnte a la Plaza de Mayo para preguntar como si fuese periodista o armar un certamen tipo Gran Hermano para que la gente vote quién es el periodista que puede preguntar.
Respecto del streaming “Fake, 7, 8” poco se puede decir. Además, el nombre de su streaming es poco feliz: “Fake, 7, 8”, título que parodia al lamentablemente recordado programa político “6, 7, 8"”, transmitido por la TV Pública entre 2009 y 2015 (pleno apogeo del kirchnerismo).
Llamó la atención que en un streaming de influencers con el presidente y él, Milei confesó entre risas que el vocero le había mandado un mensaje de WhatsApp diciendo que “odiaba al 99% de los periodistas”.
Claramente se podría decir que Adorni está en modo Colapinto: algunas veces no arranca y otras hace trompos y choca o se despista. Habrá que ver qué responsabilidad tiene él y cuánta su escudería de la Casa Rosada.