La relación entre el presidente y su vice se quebró en tiempo récord. Del tuit de “jamoncito” al desplante en el Senado, pasando por roces con Karina Milei y conflictos diplomáticos, la historia de un vínculo que terminó en insultos y acusaciones de traición.
Javier Milei y Victoria Villarruel terminaron sumándose a la larga lista de presidentes y vices argentinos que terminan rompiendo relaciones. Parece un destino inexorable, que tarde o temprano casi siempre se repite: el enojo y el rencor acaban separando a quienes en campaña tratan de mostrarse tan cercanos como complementarios.
Es el caso ahora del presidente y la vicepresidenta actuales, que ya venían con chispazos, hasta que ahora la relación parece rota definitivamente. Veamos cómo fue la crónica de este final anunciado.
Victoria Villarruel tuvo un rol relevante en la campaña que consagró ganadora a la fórmula Milei-Villarruel. Sobre todo en ese debate entre vices, donde puso contra las cuerdas a un experimentado político como Agustín Rossi.
Compañeros en el Congreso al que llegaron en 2021, nadie imaginaba que esa relación entre Javier y Victoria, en apariencia simbiótica, se rompería antes de cumplir un año en el poder. Y lo que comenzó siendo un distanciamiento después de algunos meses, se consolidó con el correr del tiempo y se hizo definitivo cuando finalmente llegó el día en el que la dama comenzó a contestar el fuego cruzado.
Dicen que el problema no es con Javier Milei, quien siente incluso afecto por VV -o al menos lo sentía-, sino que la génesis de la ruptura radica en la hermana presidencial, Karina, fundamentalmente por la desconfianza que ella le prodiga. Un recelo que viene de lejos: según Emilia Delfino, biógrafa de Villarruel, la hermanísima no quería ni siquiera que secundara a su hermano en la lista para diputados, pero terminó aceptando convencida de que ella no entraría al Congreso…
El rechazo de Karina hacia VV fue paulatino y sistemático. Y se corroboró aun antes de la asunción presidencial, cuando la vicepresidenta electa fue despojada de las áreas de Seguridad y Defensa que se había anticipado que estarían bajo su área. De pronto se quedó con las manos vacías y esos temas quedaron paradójicamente en las de quienes integraron la fórmula presidencial de Juntos por el Cambio.
Villarruel, que había hablado largamente de seguridad siendo candidata, guardó silencio cuando supo que su rol quedaría circunscripto al Senado. Con todo, la relación se mantuvo en apariencia a salvo hasta justo un año atrás, cuando el 9 de julio de 2024, ambos estuvieron juntos en el desfile militar por el Día de la Independencia que tuvo lugar en avenida Del Libertador. Y la última imagen que se recordará de ambos sonriendo felices es la de cuando se subieron a un tanque de guerra.
Sin embargo para entonces ya habían pasado cosas que iban distanciándolos. De hecho, ese episodio en el que se los vio tan cercanos estuvo antecedido por el faltazo de la vicepresidenta a la firma del Pacto de Mayo en Tucumán, debido a un fuerte estado gripal que la aquejaba. Sin embargo al día siguiente se la vio en perfecto estado en el desfile militar mencionado.

La imagen de Milei y su vice a bordo de un tanque de guerra llegó a la prensa internacional en su momento.
Polémica con las dietas
Los primeros chispazos estallaron con el aumento del 30% en las dietas de los diputados y senadores, en marzo de 2024. La noticia no cayó nada bien en la Casa Rosada, donde el presidente rechazó la medida y se anunció que el oficialismo presentaría un proyecto para retrotraer esos incrementos suscriptos por los presidentes de ambas cámaras el 22 de febrero anterior. El presidente de la Cámara baja, Martín Menem, tomó nota del estado de ánimo y anunció prestamente que por orden del presidente Milei retrotraerían el aumento. Sin embargo Villarruel guardó silencio y dejó trascender que su preocupación pasaba esos días por tratar de resistir los embates de la oposición contra el mega DNU 70/23, por lo que para no complicar su gobernabilidad, no se ocuparía de bajar las dietas.
Tiempo después terminó firmando una resolución en ese sentido, pero los senadores luego se concedieron un aumento que escandalizó a muchos y distanció los haberes de senadores y diputados. “Es facultad de los senadores desengancharse o no de las paritarias de los trabajadores -se defendió ella-. Yo solo decido sobre las paritarias de los empleados”.
“Pobre jamoncito”
Ese mes de marzo fue complicado para Villarruel, que tres meses antes había ganado la primera batalla al formar una mayoría afín de 39 senadores con al que designó a las autoridades de la Cámara. Pero ese inicio auspicioso no se sostuvo en el tiempo y el 14 de marzo sufrió un duro traspié al rechazar el Senado el mega DNU 70/23, por 42 votos negativos, 25 positivos y 4 abstenciones. Hubo entonces un fuerte pase de facturas a la vicepresidenta por haber convocado a esa sesión. Ella se defendió aclarando que lo había hecho porque ya no tenía otra alternativa.
El 21 de marzo concedió el único reportaje que dio en su rol de vicepresidenta. Fue al periodista Jonatan Viale y durante el mismo hizo mucho ruido su célebre frase, cuando definió al presidente como un “pobre jamoncito” entre dos mujeres fuertes, como ella y Karina.
Nada bien cayó en la Rosada esa expresión que no dejaba bien parado al mandatario.
El maltrato hacia ella fue originalmente destrato, pues cuando la segunda versión de la Ley de Bases llegó a la Cámara alta, tras su aprobación en Diputados, quedó claro el papel irrelevante que el Gobierno le asignaba a la vice, que no participó en las negociaciones de esa ley. Tuvo igual su momento estelar, limitado al momento en el que le tocó desempatar para aprobar la ley. Con breve discurso incluido.
La desconfianza de Karina
Más allá de las idas y vueltas con la Rosada, Victoria Villarruel construía por su cuenta. Los números de imagen siempre le dieron muy alto, al nivel de su compañero de fórmula, e incluso en algunas encuestas lo llegó a pasar, para indignación de ya saben quién. Así fue hasta que el fuego cruzado comenzó a acentuarse, igual que el distanciamiento.
Se dice que la desconfianza de la secretaria General de la Presidencia se disparó cuando trascendió una supuesta reunión de la vice con Mauricio Macri en el sur del país. Villarruel siempre lo desmintió. Lo mismo se dijo de diálogos en los que ella se mostraba muy dispuesta a “hacerse cargo” en el caso de que Milei se fuera antes…
Su biógrafa ha escrito que Villarruel está convencida de que puede gobernar la Argentina.
La vice se ocupó de recorrer el país durante el año y reflejarlo en sus redes sociales, en las que suele ser muy activa. Con agenda política propia, tuvo hasta una gira internacional por Europa, que incluyó visita al papa Francisco y a la expresidenta María Estela Martínez de Perón, a quien homenajearía luego en el Congreso con la inauguración de un busto suyo. Un episodio controvertido, que despertó además críticas del propio presidente.
Otro cortocircuito se dio en agosto del año pasado, cuando ella no fue invitada a la cena de camaradería de las Fuerzas Armadas, que encabezó el presidente Milei. VV hizo saber de su enojo por no haber sido invitada, pero como siempre no se pronunció abiertamente.
Sí lo hizo con un tema particularmente delicado. La vice cruzó otros límites al hacer saber su discrepancia con Milei por la elección de Ariel Lijo para la Corte Suprema. “No estoy de acuerdo con su candidatura”, afirmó durante un almuerzo en el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires. A su juicio, el juez federal no contaba “con los pergaminos necesarios” para ocupar semejante cargo, lo definió como un juez “controversial” y agregó que ese lugar debía ser ocupado por una mujer, ya que reemplazaba la vacante dejada por Elena Highton de Nolasco. Dicho esto -aclaró- no desde una postura feminista, sino desde una perspectiva de justicia y equidad.

El “incidente” diplomático
El conflicto menos pensado que protagonizó Victoria Villarruel fue cuando salió a bancar a Enzo Fernández, quien luego de ganar la Copa América subió a las redes imágenes del festejo de la Selección Argentina con cánticos racistas contra los jugadores franceses.
La vice se metió de lleno con un posteo en sus redes capaz de generar un conflicto con el país galo. “Argentina es un país soberano y libre. Nunca tuvimos colonias ni ciudadanos de segunda. Nunca le impusimos a nadie nuestra forma de vida. Pero tampoco vamos a tolerar que lo hagan con nosotros. Ningún país colonialista nos va a amedrentar por una canción de cancha ni por decir las verdades que no se quieren admitir. Basta de simular indignación, hipócritas. Enzo, yo te banco”, escribió Victoria, que dejó durante meses ese mensaje como tuit fijado.
La Casa Rosada hizo saber de su enojo con Villarruel por semejante mensaje y la secretaria General de la Presidencia fue personalmente a la embajada a pedir disculpas, cosa que se dio a conocer profusamente, cuestión de dejar bien en offside al enemigo. “No fue un tuit feliz, por suerte ya lo arregló Kari”, expresó Milei.

La expulsión de Kueider
Si faltaba algún elemento para exhibir la ruptura definitiva entre el sector determinante del Gobierno y la vicepresidenta, sucedió cuando la sesión en la que fue expulsado Edgardo Kueider del Senado. Una medida que no quería el Gobierno, pues le garantizaba un escaño más a la principal oposición, y que además se concretó con la insólita irregularidad de que la vicepresidenta presidiera la Cámara cuando debía estar reemplazando al presidente.
Las expresiones posteriores de Javier Milei exhibieron el grado de deterioro en la relación y si bien VV pareció querer ponerle paños fríos a la situación con un posteo amigable, cerró la semana quemando puentes con una dura crítica contra la ministra de Seguridad, que lejos estuvo de ser moderada al contestarle.
En ese marco, Milei no fue nada sutil: dijo eso de “Roma no paga traidores”, y la referencia parecía enteramente dedicada a Victoria Villarruel.
El presidente dejó de guardar las formas al referirse a su compañera de fórmula, cuando el 21 de noviembre de 2024 la ubicó políticamente cerca de “la casta” y blanqueó que “no tiene injerencia en el Gobierno”.
Milei y Villarruel volvieron a verse el 1 de marzo para la apertura de sesiones ordinarias, ocasión en la cual la televisación dio la nota, pues por ejemplo no se mostró la llegada del presidente, porque era recibido precisamente por la titular del Senado. Y en todas las tomas de la ceremonia evitaron mostrar el rostro de la vice.
Pero esa vez al menos se saludaron. No así el 25 de mayo, cuando al llegar al Tedeum en la Catedral Metropolitana, directamente Milei le negó el saludo a su vicepresidenta.

La vez en la que el presidente le aclaró que todavía no había terminado su discurso. (Foto Comunicación Senado)
El final de esta historia de cortocircuitos es tan reciente como conocido. El mileísmo se enojó por el papel de la vice durante la sesión del 10 de julio en la que el Gobierno sufrió una histórica derrota, y las patrullas digitales fueron tras Villarruel, reprochándole haber estado en la apertura de esa sesión, convalidándola.
La ministra Patricia Bulrich protagonizó un fuerte cruce con ella en las redes y después en los medios, donde la cuestionó duramente. Con el correr de los días, VV rompió el silencio y les contestó a los militantes que la aporreaban. En sus respuestas, la vice le hablaba a Javier Milei, quien directamente ya se refiere a ella como “traidora” por no haber frenado la sesión.
Un día antes, ella había estado en Tucumán por el Día de la Independencia. Milei no había ido, por la niebla. “¿Cómo no estar acá?”, dijo ella, diferenciándose de quien no había ido este año.
Quedan dos años y medio en los que deberán encontrar la manera de convivir. No parece nada sencillo. Habrá que ver si al menos pueden cuidar las formas. Ella ya dijo el sábado último, respondiéndole a un usuario de las redes: “Cuando el presidente decida hablar y comportarse adultamente podré saber cuáles son sus políticas, dado que no habla. Un presidente que no puede ni saludar a la persona con la que llegó al poder. Hacele el reclamo a él que yo la educación no la pierdo nunca”.
Esta historia continuará…