La utilización del “Nunca Más” como eslogan partidario por parte del presidente Javier Milei reabre una herida profunda en la memoria colectiva, desdibujando el límite entre la legítima disputa democrática y la apropiación de símbolos que pertenecen a toda la sociedad.
“Me dijeron que en el Reino del Revés
Nadie baila con los pies
Que un ladrón es vigilante y otro es juez
Y que dos y dos son tres”…
Esta es una de las estrofas preferidas de la famosa canción infantil de María Elena Walsh, en la que hace una crítica social y política a la realidad argentina.
Esa canción, para algunos una crítica ácida a la pérdida de valores y para otros a las dictaduras militares en las que se cometieron las peores atrocidades y asesinatos indiscriminados.
Hoy, ya en una línea muy distante de 1976 -el inicio de esa era militar terrorífica- la sensación del ciudadano es que la democracia recuperada en 1983 está astillada, en crisis, que ya no basta con la continuidad institucional.
La contienda política es entendida por los dirigentes políticos de las principales fuerzas como el arte de atacar, agraviar y embestir al otro, con el sólo objetivo de disminuirlo o destruirlo, y no con el fin de bregar por una sociedad con equidad.
Décadas atrás, los partidos políticos lanzaban su plataforma electoral antes de una elección, para que los ciudadanos confrontasen las ideas y propuestas.
Ahora ya nadie las conoce y tampoco se escuchan iniciativas de los políticos, quienes solo se preocupan por denostar y ensuciar al rival, al que consideran enemigo y no adversario.
Por eso se recuerda a menudo “el reino del revés”, como si cobrara actualidad, y también se trae a colación otra memorable canción de Enrique Santos Discépolo, de 1934: “Cambalache”, que describía ya en esa época los cambios culturales, sociales y de vida.
“Siglo veinte, cambalache, problemático y febril
El que no llora, no mama; y el que no afana, es un gil
Dale nomá, dale que va
Que allá en el horno se vamo a encontrar
No pienses más, séntate a un lao
Que a nadie importa si naciste honrao.
Si es lo mismo el que labura
Noche y día como un buey
Que el que vive de las minas, que el que mata, que el que cura
O está fuera de la ley”, concluye la canción del compositor y músico Enrique Santos Discépolo, estrenada en el exitosísimo Teatro Maipo.
Como sea, se supone que hay límites para la política y los políticos: caminos sinuosos y pedregosos como los descriptos que todos juran y perjuran mejor no volver a transitar.
Ese límite parece haberse traspasado con la utilización de la frase “Nunca Más” por parte del presidente Javier Milei en el lanzamiento de los candidatos de La Libertad Avanza en el partido bonaerense de La Matanza.
Milei y los candidatos posaron frente a una pancarta que con letras gigantes decía: "Kirchnerismo Nunca Más ", como eslogan de campaña.
Esa frase “Nunca Más” es propiedad de la cultura de Argentina y del mundo, y significa que la democracia le puso fin, por una vía legal, a las torturas, asesinatos y desapariciones de la dictadura militar entre 1976 y 1983.
El error de Milei es haber atribuido esa frase a una propiedad exclusiva del kirchnerismo, y si bien es verdad que el expresidente Néstor Kirchner la puso --bien o mal- en el púlpito, le dio junto a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo un lugar de relevancia que ningún gobierno hasta ese entonces le había dado.
Pero el “Nunca Más” es universal y ya que pertenece a las entrañas del mundo civilizado y el juicio a las juntas militares responsables de esos horrores es considerado un ejemplo mundial de civilidad de una sociedad que asume sus problemas, sus equivocaciones y las expurga en una forma democrática.
Con acusaciones fundadas, con el derecho a la defensa y con un juicio bajo el imperio de la ley.
Por eso retumba en todas las crónicas de esa época -1985- la famosa frase del fiscal del juicio a las juntas militares Julio Cesar Strassera, pronunciada en el alegato fiscal: "Señores jueces, quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino: Nunca más”.