El senador cordobés rompió el silencio en el recinto para defender al emblemático hospital pediátrico. Conmovido, relató historias personales y pidió empatía y recursos para sostener a un equipo médico que, según dijo, “nos sigue generando esperanza cuando sentimos que el cielo se nos cae encima”.
Muy emocionado, Luis Juez confesó que no estaba anotado para hablar, pero decidió hacerlo. “En este tema no me puedo callar la boca; después ¿cómo vuelvo con el auto a mi casa?”, se preguntó.
Con voz entrecortada, arrancó diciendo que “cuando uno se desespera, el primer mensaje que les llega a los padres desesperados es: 'Vayan al Garrahan'. Uno se nubla en ese momento, piensa lo peor, dice qué hago con esto... Hasta que va al Garrahan, y lo atienden las personas más idóneas, ángeles, que agarran a nuestros hijos como si fueran suyos. Los agarran, los revisan de arriba abajo, los dan vuelta y todos nos volvemos con una cuota de esperanza. ¿Y cuánto vale esa esperanza? No sé, ahora quiero decirles que la única esperanza que tenemos los padres cuando tenemos criaturas con problemas la construimos en el Garrahan”.
El senador cordobés contó casos personales, como el del papá de Tomás, a quien ayuda en silencio y solo lo reveló cuando esa persona lo hizo público. Lo conoció un día cuando lo encontró en un aeropuerto discutiendo con un político. Estaba con su hijo en silla de ruedas. Terminó acompañándolo al Hospital Garrahan y desde entonces allí se atiende una vez por mes. “El papá de Tomás no tiene otro lugar donde llevar a su criatura que no sea el Garrahan, y si ustedes escucharan el amor con el que habla de los médicos que atienden a su hijo, que tiene huesos de cristal, se ha quebrado montones de veces”, contó.
“Si lo escucháramos, no estaríamos hablando de números… Estas son cosas que superan los números; tenemos un equipo de excelencia, construido durante años de estudio, también de dolor”, agregó, y aseguró que “esa gente necesita ser cuidada. Necesitamos tener la empatía suficiente para cuidar a esa gente; son insustituibles, y hablo por los cientos de miles de papás que necesitan que el Garrahan siga funcionando. No nos pueden robar la última esperanza que nos diga que algo se puede hacer, y esa esperanza en los últimos 20 años solo se construye en el Garrahan”.
Sobre el final, ante el silencio respetuoso de sus colegas, Luis Juez confesó: “No sé cuánta plata es, pero lo que necesita el Garrahan, se lo merece. Necesitamos darle a esa gente los instrumentos que se merecen para que nos sigan generando a nosotros la esperanza que desesperadamente salimos a buscar cuando sentimos que el cielo se nos cae encima. Así que voy a acompañar con el alma”.