En un contexto de inflación, caída del consumo y presión fiscal, las pequeñas y medianas empresas argentinas enfrentan una crisis estructural que amenaza su existencia. Sin crédito, sin alivios y con costos crecientes, el sector productivo reclama políticas concretas para dejar de resistir y volver a crecer.
En Argentina, donde producir es cada vez más caro y vender cada vez más difícil, las pequeñas y medianas empresas enfrentan una crisis silenciosa, pero letal. Cada semana cierran fábricas, talleres y comercios, y las que logran resistir lo hacen a costa de reducir personal, endeudarse o resignar crecimiento.
Las PYMEs representan el 70% del empleo privado formal del país. Pero a pesar de su peso estratégico, sobreviven con lo justo. La pregunta es simple: ¿qué necesitan realmente para dejar de resistir y empezar a crecer?
El problema es básico: si la gente no tiene plata, las fábricas no venden. Cuando el salario no alcanza ni para lo básico, es imposible que el sector productivo se reactive. Las políticas de ajuste y la caída del poder adquisitivo destruyen las posibilidades de venta de cualquier empresa.
En Argentina, el acceso al crédito para una PYME se convirtió en un lujo. Las tasas superan el 100% anual y las líneas productivas escasean. Sin crédito, no hay inversión, renovación de maquinaria ni posibilidad de financiar capital de trabajo.
Las PYMEs pagan impuestos aún sin vender. TISH municipal, Ingresos Brutos, IVA, anticipos de ganancias, percepciones. Todo se paga, aunque las ventas sean mínimas. Hoy las pequeñas y medianas empresas aportan más del 40% de la recaudación nacional, pero no reciben ningún beneficio diferencial. Necesitan una reforma tributaria que deje de castigar al que produce.
En el último año, las tarifas de luz, gas y agua se multiplicaron sin previsibilidad. Esto hace imposible planificar y genera incertidumbre constante. Los costos fijos se disparan, incluso produciendo menos.
Cambiar normas cada seis meses destruye la confianza. Las PYMEs necesitan reglas estables y previsibles, y una política industrial seria que priorice la producción nacional frente a la importación indiscriminada.
Cada trámite administrativo es una traba. Simplificar gestiones, digitalizar procesos y eliminar cargas innecesarias es indispensable para liberar tiempo y recursos que hoy se pierden en trámites.
Vamos con un claro ejemplo de una metalúrgica del conurbano bonaerense. Una pequeña empresa familiar fundada hace más de 40 años. Se dedica a la fabricación de piezas y estructuras metálicas para la industria alimenticia y del plástico.
En 2023, la empresa tenía 28 empleados trabajando en dos turnos. Hoy, apenas sostiene 14 empleados y un único turno diario. Su nivel de producción cayó un 50% en el último año. La razón es simple: sus clientes, en su mayoría otras PYMEs industriales, suspendieron pedidos por la caída de ventas y la falta de financiamiento.
El dueño de la metalúrgica lo resume así:
“Antes fabricábamos tolvas y estructuras casi a pedido. Hoy los clientes piden precio y después no confirman, o directamente no te llaman más. Bajamos a un solo turno, porque pagar horas extras es imposible y no hay suficiente trabajo. Pero los impuestos y la luz llegan igual, todos los meses.”
Las PYMEs no piden subsidios. Piden algo mucho más simple: condiciones razonables para poder trabajar y crecer. Reactivar el consumo, ofrecer financiamiento real, aliviar la carga fiscal, estabilizar tarifas, garantizar reglas claras, proteger lo nacional y desburocratizar gestiones no son concesiones: son políticas de sentido común para sostener el tejido productivo del país.
Cada PyME que reduce producción o cierra no es solo un dato frío. Es una familia que pierde su sustento, un barrio que pierde trabajo, un país que se vacía.
Pero los industriales PyMEs sabemos de resistencia. Sabemos de pelearla en tiempos difíciles. Las políticas equivocadas pueden durar un tiempo. La falta de apoyo puede golpear fuerte. Pero la fuerza productiva de las PYMEs argentinas es más grande. Y como tantas veces en nuestra historia, cuando cambie el viento y el país vuelva a apostar por su industria y su trabajo, vamos a estar de pie, listos para producir, invertir y generar empleo.
Diego Achilli es industrial PyME