El presidente atraviesa su crisis más delicada con denuncias de corrupción que golpean a su círculo íntimo, exponiendo de manera especial a su hermana. El oficialismo apuesta a sostener la economía hasta octubre, pero el 7 de septiembre la prueba bonaerense asoma como una complicación extra. El Congreso sigue en modo indomable.
Aun antes de llegar al lugar donde hoy está, Javier Milei siempre se miró en el espejo de Carlos Menem, al que durante mucho tiempo definió como “el mejor presidente de la historia argentina”. Hasta que, en su enorme autoestima, el actual mandatario considera haberlo desplazado.
En ese juego de similitudes, a Milei le calzó justo la presencia de miembros de la familia Menem en su administración, y en ese contexto calza también el “noviazgo” con Amalia “Yuyito” González.
Pero el combo a veces viene completo y cuando así sucede hay que bancarse las consecuencias. Aun en tiempos de probable reivindicación de los años menemistas, no pueden omitirse los episodios de corrupción que signaron esa gestión, en particular los primeros. El “swiftgate estalló en diciembre de 1990: fue por un pedido de coima para la instalación de una planta de Swift Armour SA que involucró a funcionarios de ese gobierno y lo activó nada menos que la embajada de Estados Unidos. El caso terminó con la renuncia de Emir Yoma, asesor presidencial y cuñado de Menem.
El “yomagate” estalló en 1991, involucrando una supuesta operación de narcotráfico que involucró a Amira Yoma, cuñada de Carlos Menem. Parientes puestos en los lugares más sensibles de la administración y terminando como fusibles.
El presidente Milei atraviesa sus días más complicados, con un escándalo en marcha por las sospechas de corrupción que se ciernen sobre su círculo más cercano. Una crisis que estalló en el peor momento -lo que lleva al Gobierno a denunciar intencionalidad electoral-, aunque también tiene su correlato en la economía, que queda en un segundo plano por razones de público conocimiento. Como sea, el mal clima político tiene una proyección inexorable sobre la economía.
Tan sensible suele ser, que allí incidirá sin lugar a dudas el factor electoral. Justamente lo que el Gobierno se preocupa por evitar, al punto tal de dedicar todos sus esfuerzos a mantener controladas las variables económicas -comenzando por el dólar- al menos hasta el 26 de octubre.
Antes de ese domingo habrá una fecha clave, el 7 de septiembre, día de elecciones bonaerenses que tienen una característica que las hace inéditas, al haber sido desdobladas, cosa que no se dio nunca desde el 83 al presente. Hasta hace muy poco el Gobierno se esmeraba en ocultar su entusiasmo por un eventual triunfo que reeditara la experiencia registrada en mayo en la Ciudad de Buenos Aires. Como entonces, jugó a ir segundo, a la espera de que las urnas revelaran lo contrario, como sucedió. Pero las encuestas vienen ahora confirmando esa tendencia y nadie descarta que en la Provincia termine imponiéndose el peronismo.
Porque sigue siendo fuerte en ese distrito, con zonas populosas donde el mileísmo no alcanza a hacer pie, sobre todo en tiempos de ajuste; porque la ventaja en la Tercera Sección puede ser indescontable; y porque las denuncias de las coimas han causado un efecto fuerte en el electorado blando de La Libertad Avanza -léase el 26% que se le sumó en el balotaje del 23- y su reacción podría ser directamente no votar.
Todo indica que el 7 de septiembre, para una elección en la que la gran mayoría de los bonaerenses no tiene claro qué van a votar ni para qué, el caudal de votantes superará por poco el 50%, y en esas circunstancias el que lleva las veces de perder es el oficialismo nacional.
Lo cual a priori no preocupa demasiado a La Libertad Avanza, interesada más en las elecciones generales de octubre y que considera que un resultado adverso en septiembre despertará la reacción del voto anti K y ahí perderían las fuerzas del medio, pues el “voto útil” confluiría en la lista violeta.
Pero el Gobierno no está en condiciones de tirar manteca al techo, y un resultado adverso en el principal distrito del país generaría un efecto negativo en los mercados, tan sensibles a esas cuestiones. Una victoria del kirchnerismo podría tener correlato en la economía en un momento complicado.
La política electoral tendrá un aperitivo este domingo, cuando en Corrientes se dirima la primera de las dos elecciones para gobernador de este año (la otra será en Santiago del Estero). Allí la ambición extrema del Gobierno nacional malogró la alianza que se estaba gestando entre los libertarios y el radicalismo gobernante en esa provincia. El gobernador Gustavo Valdés terminó dando por terminadas las negociaciones y rompió con la Rosada, acordando al mismo tiempo con el senador nacional peronista Carlos Camau Espínola. El exmedallista olímpico había coqueteado con ser candidato libertario, pero se resistía a afiliarse previamente a LLA, como le exigían, y terminó confluyendo con el espacio con el que siempre confrontó. Camau tiene dos años más de mandato como senador, y al oficialismo correntino pertenece Eduardo Vischi, jefe del bloque radical del Senado, que a partir de la ruptura de las negociaciones citada se distanció del Gobierno nacional en el Congreso, siendo que hasta entonces había sido un fiel aliado de la Rosada.

Las chances de triunfo del hermano de Valdés este domingo parecen aseguradas. La consultora Integrarnos lo tiene arriba con 42,9%, seguido por el radical disidente Ricardo Colombi, con 21,6%, el peronista Matín “Tincho” Ascúa con 13% y el libertario Lisandro Almirón con 12,5%. La consultora Trends tiene a Juan Pablo Valdés primero con 44 puntos, seguido por Colombi (22%), Ascúa (19%) y Almirón (15%). En todos los casos, como se ve, La Libertad Avanza sale cuarta, lo que representará un traspié este domingo para Karina Milei. El partido presidido por la hermanísima solo ha ganado en CABA, y en el Chaco cuando se alió al partido gobernante.
Un dolor de cabeza que se sumará al muy mal momento que atraviesa la secretaria general de la Presidencia, luego de haber tocado la cima con el cierre de listas que la tuvo como gran ganadora nacional. Tiempos de felicidad efímera y contrastes notorios, le pidieron a la hermana presidencial que no fuera a Olavarría para hacer campaña porque su mala imagen conspira contra los candidatos violeta en ese distrito.
El 53,3% considera que Karina Milei podría estar involucrada en el cobro de coimas, según la encuesta realizada por Proyección, contra apenas un 15,4% que opina lo contrario. Sin embargo cuando esa misma encuestadora preguntó si a partir de estos hechos podría modificar su voto, el 64,7% de los que votaron a LLA en el balotaje dijo que seguirá votándolos, y apenas el 12,1% anticipó que cambiará su voto.
Un estudio sociológico de Pablo Seman sobre el ausentismo que se viene registrando en las elecciones de este año permite determinar un desinterés previo que atribuye a un desgaste económico y político. “De las variadas razones sobre por qué no fueron a votar, finalmente se llega a una idea: la abstención subyace como una posibilidad que, finalmente y a último momento, se asume”, señala el sociólogo, que advierte entre los no votantes estos rasgos en común: la desmotivación y la sensación de vacío. Y concluye: esto lleva a una desolación, que refuerza el clima de época caracterizado por la autonomía e individualidad. Si la economía se vuelve amenazante, y la política no da respuesta, el yo se exacerba, mientras que el sentido de comunidad y mayorías se deteriora”.
Sin tregua en el Congreso

Tiempos inéditos en todos los frentes, el Parlamento se muestra especialmente activo pese a ser este un año electoral. Ya de por sí hay que resaltar que hubo mucha actividad tanto en la semana previa como en la posterior al cierre de listas, cosa que nunca, nunca sucede. Y la actividad sigue.
Esta última semana, martes, miércoles y jueves fueron intensos en Diputados. Más allá de la presencia del jefe de Gabinete el miércoles, un día antes se debatió la creación de una comisión investigadora por el fentanilo adulterado, motorizada originalmente por la aliada oficialista Silvana Giudici, pero que LLA no está convencida de activar; y el jueves se puso en marcha finalmente la Comisión $LIBRA, que promete dar mucha tela para cortar en tiempos electorales, con el presidente Milei y su hermana en el banquillo. Allí la oposición jugó con inteligencia: bajaron la candidatura de una integrante de UP y propusieron al titular de la Coalición Cívica, Maximiliano Ferraro, para presidir esa comisión que deberá expedirse el 10 de noviembre. Insólita fue la reacción del oficialismo, que impugnó la legitimidad de la misma y se retiró, arrastrando a sus aliados. Es de imaginar que los más experimentados de esos bloques busquen hacer entrar en razones a los libertarios para que se sumen en el futuro a la comisión, cuestión de no dejar en soledad a la oposición más severa, libre entonces de hacer y deshacer a su antojo. Algo similar se dio en 2023 cuando el juicio político a la Corte: parte de JxC no quería convalidar con su presencia lo que fuera a hacer allí el kirchnerismo, pero se impusieron las voces racionales que aconsejaron no dejar sin defensa a la Corte y equilibrar en tanto la balanza en la comisión.
En política no se dejan espacios sin cubrir. Algo que a veces no alcanza a entender un oficialismo bisoño como el actual.