La interna libertaria estalló en el corazón del poder: Karina Milei se plantó ante su hermano y defendió a los Menem, en medio del escándalo por presuntas coimas en la ANDIS. La disputa por el control político llegó al “triángulo de hierro” del Gobierno, y dejó expuesta la tensión entre el presidente y su hermana.
Karina Milei demostró que se hizo cargo esta semana -mal o bien, depende la óptica- de la peor crisis que ensombrece al Gobierno, como es la denuncia de presuntas coimas que la involucran a ella y a Lule Menem y al presidente Javier Milei, y que generó la primer gran disidencia entre los hermanos en 21 meses de gestión.
El jefe de Estado pidió a Karina el martes de la semana pasada lisa y llanamente la cabeza de Lule, su segundo en la Secretaría General de la Presidencia, y del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, implicados en el escándalo.
La hermana, a quien Milei admira y llama “el Jefe”, rechazó de plano esa posibilidad de desprenderse de los primos Menem, a quienes considera de "extrema confianza" y como sus "máximos colaboradores" en la gestión oficial y partidaria.
Lo curioso es que el presidente hasta ahora no logró su propósito de “rajarlos” -tal cual sus propias palabras, decisión que confió a un puñado de colaboradores cercanos-, sino que la funcionaria, a quien se le empieza a llamar la “dama de hierro”, ha demostrado ser verdaderamente la “Jefa” del Gobierno de La Libertad Avanza.
Desde que estalló el caso de coimas en la ANDIS, el 19 de agosto, revelado en detalles por su titular Diego Spagnuolo, es Karina quien se hizo cargo de la operación de control de daños y la contraofensiva.
Por supuesto que el estallido del caso resultó como un golpe de KO para los hermanos Milei, los únicos dos dueños del Gobierno por estos días, pero esta semana la “dama de hierro” pergeñó una defensa basada en que son víctimas de espionaje y que los autores intelectuales provienen del sótano kirchnerista.
La secretaria general de la Presidencia utilizó inicialmente al jefe de Gabinete, Guillermo Francos, para ensayar una tibia defensa inconducente, hasta que ordenó que el lunes de la semana pasada salieran a aclarar la situación Lule y a Martín Menem, ambos en el ojo de la tormenta junto a los hermanos Milei.
Los Menem pusieron en duda la veracidad de los audios y nada dijeron sobre la implicancia de la denuncia de Spagnuolo: de acuerdo con los audios, Lule cobraba coimas para Karina y Martín Menen estaba allegado a la empresa beneficiada con la venta de medicamentos a la ANDIS.
De todos modos, se consideraron insuficientes los alegatos de los primos Menem y se diagramó un operativo de acción a cargo de la ministra de Seguridad Nacional Patricia Bullrich, quien pasó a ser la vocera de Karina.
Bullrich salió con los tapones de punta acusando al kichnerismo de una gran conspiración y de organizar todo el entramado de audios de Spagnuolo -luego fueron difundidos otros de Karina-.
Pero la ministra se pasó de la raya y en un pedido a la justicia para que investigue la difusión de esos audios en un canal de streaming, también pidió que los periodistas fueran allanados, a la vez que se consiguió una orden judicial para impedir se difundan otros audios
La ministra protagonizó un papelón al anunciar esa medida es un programa televisivo en A24, en el que negó haber pedido los allanamientos a los periodistas y el conductor le leyó la página 18 de la demanda en que efectivamente solicitaba los allanamientos.