El presidente llega a este domingo electoral con más optimismo que el que sugerirían los hechos que se han ido encadenando en los últimos meses. Y la necesidad posterior de hacer un reseteo de su gestión, cambio de Gabinete incluido. Las perspectivas para lo que viene en el Congreso después del 10 de diciembre.
Créase o no, el presidente Javier Milei vivió los últimos días de la campaña con una sensación de satisfacción. Así lo confirman quienes pudieron frecuentarlo esta última semana, al cabo de una carrera electoral que fue durante la mayor parte del tiempo cuesta arriba para el Gobierno nacional.
Precisamente tal sensación es la que podría haber generado esa muestra de alivio en el espíritu presidencial. Pero no, no era solo la sensación de no haberla chocado, la que puso al presidente de buen humor, sino la convicción de que los resultados de esta elección lo favorecerán. A propios y extraños, Milei dijo que festejarán este domingo.
No con la convicción que enarbolaba promediando el año, cuando se ilusionaba con “pintar de violeta” el mapa; pero mucho mejor de lo que se percibía cerca suyo cuando el peor momento del caso Espert.
El presidente -que todavía no parece haber cobrado conciencia de lo errada que fue su actitud ante ese conflicto- piensa que ese affaire no dejó casi secuelas, salvo la que verán todos los votantes este domingo, cuando se encuentren con la figura del “pelado” en el primer lugar de la lista violeta. Por lo demás, le reconoce a Diego Santilli haber estado a la altura al suplantar al candidato caído en desgracia. En rigor, al “Colo” le sobra expertise para hacer campaña: esta es la quinta que afronta en los primeros planos, dos de ellas como vice de Horacio Rodríguez Larreta y las otras como primera figura de la lista bonaerense, siendo el último en haber derrotado al peronismo unido en la provincia de Buenos Aires (2021).
El “Colo” aceptó gustoso el desafío de reemplazar a quien solo era bancado por Javier Milei para encabezar la boleta libertaria bonaerense, mientras el resto consideraba al “Profe” una figura desangelada para semejante cargo. Habrá que ver si el sacrificio de sumarse a una campaña en el último tramo y en semejantes circunstancias le da crédito para ser candidato a gobernador en 2027, luego de haberse quedado en las puertas hace dos años, cuando Néstor Grindetti y sobre todo la interna sangrienta interna de Juntos por el Cambio lo dejó insólitamente en el llano para las elecciones generales.
Dependerá del resultado de este domingo. Pero con la derrota asegurada -nadie espera que La Libertad Avanza pueda revertir el resultado del 7 de septiembre-, lo que pueda reducir esa brecha de casi 14 puntos será directamente proporcional a su encumbramiento en el firmamento libertario. Y tiene con qué pelear, partiendo de la base de que este domingo no votan los extranjeros, que representaron más de 4 puntos en la victoria aluvional peronista de septiembre. Los otros factores que lo favorecen son: 1) el cambio del sistema de votación; 2) el relajamiento de los intendentes que ya dieron todo en la anterior elección; 3) el antikirchnerismo, que hace que el temor a una victoria K lleve a muchos exvotantes de JxC a dejar de lado su enojo con Milei y voten violeta.
El presidente descuenta victorias en CABA, Mendoza y Entre Ríos, entre los distritos más grandes; bastará con salir airoso en Córdoba y/o Santa Fe, para que el triunfalismo vuelva a embargarlo en su discurso del domingo por la noche. Córdoba muestra un “cabeza a cabeza” con Juan Schiaretti y en Santa Fe hay un escenario de tercios con final incierto, no descartándose una victoria libertaria. Allí cerró campaña Milei, que regresó exultante de Rosario, donde renovó sus pergaminos como “rockstar” ante una multitud. Un auditorio nutrido con el aporte de gran cantidad de micros de larga distancia estacionados cerca del Parque España, que llevaron a militantes procedentes de todos los parajes de la provincia y provincias vecinas, al mejor estilo peronista.
Allí volvió a cantar -esta vez a capela-, un gusto que se dio a expensas de espantar a quienes no piensan votarlo, dirigido a retener el tercio que le ha sido fiel desde el principio. No es un detalle menor semejante ambición, cuando hay datos que hablan de votos en fuga de los más jóvenes de clase baja.
Córdoba y Santa Fe son dos de los distritos grandes liderados por los gobernadores que crearon Provincias Unidas, un espacio organizado para defender los reclamos comunes de un grupo de mandatarios, y constituirse -¿por qué no?- en alternativa “racional” de poder para 2027. Por eso es tan importante para el mileísmo tratar de hacer pie en esas provincias, a expensas de derrotas de algunos de esos gobernadores que manejarán un bloque de diputados indispensables para las leyes ambicionadas por el Gobierno en esta segunda parte de su mandato.
Pasa que, pensando en el Congreso que viene, los estrategas libertarios saben que contarán con un número de diputados propios que no alcanzará siquiera al tercio necesario para blindar los vetos. Pero llegan sin mayor esfuerzo con aliados; tan solo sumando al Pro, ya tocarían el centenar de diputados.
Pero como dice Miguel Pichetto, un oficialismo no debe conformarse con lograr el tercio, sino ir buscar las mayorías. Esto es, las leyes, y para eso necesitará una treintena más de diputados en la Cámara baja. Unos veinte responderán precisamente a los gobernadores de Provincias Unidas, indispensables entonces para la gobernabilidad que reclama el Gobierno de Estados Unidos, convertido en sostén indispensable de la administración mileísta.
Desde Washington exigen, como contrapartida para el enorme -e internamente costoso- apoyo monetario proporcionado a la administración libertaria, resetear el gabinete y explorar alianzas que le garanticen no solo la gobernabilidad, sino lograr las reformas prometidas para los próximos dos años. Milei se cansó de repetir en los discursos y reportajes de las últimas semanas -que fueron muchos, la mayoría pedidos por el propio presidente, que llamaba directamente a sus comunicadores amigos para anticiparles su visita-, que irá por una reforma laboral y una reforma tributaria. La previsional quedará para un eventual segundo mandato. Para eso, necesita armar una mayoría que pueda recrear el espíritu de la Ley Bases, cuando en Diputados llegaron a sumar 142 votos, un número hoy inaccesible.
Dieron muestras de ello cuando el lunes pasado convocaron a una reunión con representantes de los sectores que deberían aportar los votos para aprobar el Presupuesto 2026. Esa es precisamente la primera escala para lo que viene y la prueba de confianza que exigirá la oposición para avanzar en otros aspectos. Una oposición que variará a partir del 10 de diciembre, cuando ya no estén muchos de los actores que le permitieron a Milei un primer año cómodo en el Congreso, a pesar de los improperios que el presidente les dedicaba a sus habitantes. Será un escenario bien distinto, por haber variado el elenco legislativo a expensas de haberse reforzado los extremos. Y porque el Gobierno no llegará a los recintos con el aval de un 56% detrás que tuvo el primer año. Se verá la sumatoria de este domingo, pero nadie imagina un porcentaje que toque el 40%.
Además, las segundas partes de los mandatos están caracterizadas por tener por delante el horizonte de las presidenciales y el nivel de competitividad resiente sensiblemente cualquier atisbo de apoyo.
Será un gobierno que tendrá el desgaste de dos años, ya sin la infabilidad que parecía exhibir en materia económica y la presión de Washington por apegarse a las metas y las formas. Habrá que ver a partir del lunes el comportamiento de los mercados, que fue variando en el transcurso de la última semana pre-elecciones, pero que ya mostró lo irascible que puede llegar a ser aun con esta administración.
Y llegarán los cambios de gabinete, que se verá qué tan sustanciales pueden ser. Queda el antecedente de la salida intempestiva de Gerardo Werthein de la Cancillería, una decisión que el ministro saliente tomó a contramano de las normas que aconsejaban que postergara hasta el día después de la elección, razón por la cual enojó mucho en la Rosada.
Una fuente legislativa daba por seguro el jueves el desembarco de Santiago Caputo como jefe de Gabinete. Se verá en ese caso cuál es el destino de Guillermo Francos, quien fue durante estos dos años el funcionario más potable para una oposición que se fue endureciendo con el correr de los meses y la debilidad que fue consolidándose en el Poder Ejecutivo. La salida -o corrimiento- del jefe de Gabinete no dejaría muy sólida la posición de Lisandro Catalán al frente de Interior, quien lleva poco más de 40 días en el cargo.
Fuentes de acceso directo al asesor estrella de Milei aseguraron a este medio que Caputo está dispuesto a dejar de ser un monotributista en esta administración y asumir un cargo formal solo después de una charla que se debe con Karina Milei.
A propósito de la secretaria general de la Presidencia, el propio Mauricio Macri en la última charla que tuvo con Javier Milei, tras retomar el diálogo, pidió puntualmente que estuviera presente la hermanísima, convencido de que su rol y poder de decisión en esta gestión es determinante. Que lo que pudiera arreglar con su hermano no sería sólido si no contara con el aval de ella. Pero en esa reunión Karina se quedó callada, razón por la cual Macri duda de que esta vez el acuerdo entre el Pro y LLA vaya a tener mejor destino. Por eso limitó su aporte a la campaña a apoyar explícitamente a Fernando De Andreis, candidato a diputado en el quinto lugar de la lista oficialista en CABA. Se trata de una figura de su máxima confianza con la que tiene un vínculo familiar indirecto: son parientes políticos. El joven, al que Macri conoce “desde que era chico”, es medio hermano de Ivonne Bordeu, primera esposa del expresidente.