Tras una contundente victoria electoral, Javier Milei se enfoca en la reorganización del Gabinete y la consolidación legislativa. En el peronismo, Cristina Kirchner apunta contra Axel Kicillof por haberse desmarcado en la estrategia electoral bonaerense.
El presidente y líder de La Libertad Avanza (LLA), Javier Milei, consolidó su poderío electoral al vencer holgadamente al peronismo en los principales distritos del país, incluido su histórico bastión: la provincia de Buenos Aires. El resultado representó un nuevo golpe para el kirchnerismo, su jefa política, Cristina Fernández de Kirchner, y también para la incipiente fuerza Provincias Unidas, que sufrió una dura derrota.
La sorpresiva y estratégica victoria del ex peronista Diego Santilli en territorio bonaerense reposiciona al Pro como aliado clave de LLA y deja en una situación incómoda al gobernador Axel Kicillof, quien había ganado con amplitud las elecciones provinciales del 7 de septiembre, pero ahora queda relegado a un liderazgo meramente provincial.
El “peronómetro” indica que solo sobrevivieron a la ola violeta los gobernadores peronistas de provincias donde Cristina no tuvo injerencia directa: Formosa, La Pampa, La Rioja y Catamarca.
Sin embargo, no sería prudente anticipar el fin de la expresidenta. Con el recambio legislativo, Cristina Kirchner podría recuperar influencia en los bloques del Congreso, un poder que le interesa conservar para enfrentar tanto a Milei como a Kicillof, a quien busca castigar por haberse rebelado y adelantado las elecciones provinciales en contra de su voluntad.
La señal fue clara: horas antes de los comicios, la intendenta camporista de Quilmes, Mayra Mendoza, expresó públicamente el malestar del kirchnerismo con Kicillof por haberse “cortado solo” y dejar mal parada a Cristina.
Aun así, el futuro electoral de la expresidenta parece clausurado: está condenada por corrupción y legalmente inhabilitada de por vida para ejercer cargos públicos. Por eso, evalúa empoderar a algún dirigente cercano de cara a las elecciones presidenciales y bonaerenses del próximo año.
Desde una mirada desapasionada, el escenario electoral muestra que tanto La Libertad Avanza como el peronismo conservan núcleos duros de alrededor del 30% del electorado. El resto del electorado se muestra volátil y sin una tercera fuerza competitiva a la vista, como ya se evidenció con el fallido intento del Frente Renovador de Sergio Massa y, más recientemente, con la derrota de Provincias Unidas en distritos clave como Córdoba y Santa Fe.
Milei, por su parte, resolvió el frente electoral y, hace un mes, logró frenar la segunda corrida cambiaria del año, ambas acciones con el respaldo político y económico del expresidente de Estados Unidos, Donald Trump. Ahora, el desafío es capitalizar ese respaldo.
El presidente debe definir la nueva conformación del Gabinete nacional. El ministro de Economía, Luis Caputo; el presidente del Banco Central, Santiago Bausili; y el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, tendrán roles clave en las reformas que se avecinan.
La gran incógnita es la dimensión política del nuevo Gabinete. Karina Milei y Martín Menem se consolidaron como armadores nacionales, pero Santiago Caputo —enemigo interno— fue quien logró torcer la elección a favor de Milei con el acto en el Movistar Arena. Caputo, discípulo del consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba, volvió a captar al electorado joven, un sector que el peronismo ha descuidado.
¿Podrán convivir Karina Milei y Santiago Caputo en el nuevo Gabinete? ¿Y qué lugar ocupará Guillermo Francos, actual jefe de Gabinete, en este nuevo esquema?
Otra incógnita es si Milei abrirá el Gabinete a figuras del Pro o de Provincias Unidas. Aunque la derecha tradicional aportó a la victoria —especialmente con Santilli—, el presidente se muestra reacio a ceder espacios, especialmente en áreas clave como Economía y Cancillería. La reciente renuncia del canciller Gerardo Werthein fue rápidamente cubierta por Pablo Quirno, hombre del riñón económico de Milei, para evitar que Macri insistiera con su candidato, Federico Pinedo.
La estrategia del presidente no pasa por acuerdos partidarios, sino por sumar votos legislativos que le permitan alcanzar mayorías en Diputados y Senadores. Esa es su verdadera obsesión.
Resta saber quién se encargará de esa tarea. Lo que parece claro es que no será el ministro del Interior, Lisandro Catalán, apodado por los gobernadores como “Lisandro Charlatán”, por asistir a las reuniones sin respaldo económico de la Casa Rosada.
Finalmente, el capítulo económico sigue abierto: las estadísticas oficiales muestran que la crisis avanza en amplios sectores de la sociedad, aunque eso no se reflejó en las urnas.