En medio de la pulseada con la AFA y la interna por las SAD, Javier Milei evita choques y prioriza mostrar fuerza legislativa: jura sin polémicas, fractura en UP y una aspiradora que deja al Pro reducido a su mínima expresión.
“No es la primera vez que vivimos esto; pasaron tres presidentes en apenas 9 años que me toca presidir el fútbol argentino y me quedan muchos años más”, lanzó en tono desafiante el presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, durante la entrega de los Premios Alumni, una especie de Martín Fierro del fútbol que propició esta semana un ámbito muy amigable para el mandamás del fútbol en el momento más crítico de su gestión. Esa frase del yerno de Hugo Moyano encierra muchos significados paralelos: sus ansias de eternidad; el sentirse más poderoso que los presidentes de la Nación (“ellos pasan, yo sigo”); el deseo de emular (y por qué no superar) a Julio Humberto Grondona...
El ferretero de Avellaneda que gobernó 35 años la AFA y llegó a ser vicepresidente de la FIFA, vio “pasar” una docena de presidentes -cuatro de ellos de facto-, lo cual indica le indica al Chiqui, según su lógica, que va bien rumbeado. Ya ganó un Mundial, como Grondona, y fue ratificado esta última semana como miembro pleno del Consejo de FIFA en representación de la Conmebol. La carrera es larga y “sin techo”.
Como al principio de su gestión, Javier Milei lo puso en la mira nuevamente esta semana, cuando tomó abiertamente partido por Juan Sebastián Verón y su Estudiantes de La Plata en la polémica por el “pasillo-gate”. En efecto, en el inicio del gobierno libertario, Milei impulsó abiertamente la idea de las SAD (Sociedades Anónimas Deportivas) en el fútbol argentino, que la AFA rechaza con uñas y dientes, y en principio frenó con una medida judicial. Tras meses de tensión, el gobierno y Tapia terminaron estableciendo una suerte de acuerdo de no agresión rubricado con un amigable encuentro en la sede de la Conmebol en Asunción -hace justo un año-, en el que -conforme un protocolo no escrito- el Chiqui les regaló camisetas de la Selección a Karina Milei y Manuel Adorni.
Precisamente la secretaria general de la Presidencia no estaría muy convencida de que su hermano retome la pelea con Tapia, por más deteriorada que esté su imagen ante la sociedad. Lo de las SAD siempre fue un proyecto afín a las ideas de Milei, pero cuya autoría intelectual le adjudican a Macri. Y ya se sabe que el expresidente no es santo de la devoción de KM.
Como sea, el Presidente decidió el jueves bajarse de un nuevo viaje a Estados Unidos para participar del sorteo del Mundial de Fútbol. Resulta extraña tal determinación, tratándose de una invitación del propio Donald Trump, pero deben haber sopesado la inconveniencia de exponer al Presidente a cruzarse con el titular de la AFA en un momento en el que en partidos de fútbol y recitales se canta contra Tapia.
Debe tomarse tal decisión como una muestra de pragmatismo del Milei versión post 26-O. El mismo pragmatismo oficialista que primó en vísperas de la sesión de jura de los nuevos senadores nacionales. Si bien para ese día propios y extraños daban por seguro que Lorena Villaverde conseguiría los votos para ser ratificada en su banca, el oficialismo cedió ante el pedido de senadores provinciales y del radicalismo, aceptando devolver el pliego de la rionegrina a la Comisión de Asuntos Constitucionales para analizar las impugnaciones en su contra. Toda una sorpresa tratándose del gobierno de Javier Milei, pero tiene lógica: el oficialismo le quitó así todo viso de polémica a la ceremonia de la jura de los senadores, que debía ser expuesta como una muestra del poder que ahora sí puede exhibir La Libertad Avanza en el Congreso.
Juraron el viernes los senadores electos en ocho distritos, en seis de los cuales ganó LLA. Solo en una provincia no consiguió representación, y de los 24 senadores electos, la mitad más uno correspondían a alianzas del gobierno. Semejante muestra no podía ser opacada por una discusión que echara sombras sobre la cosecha oficial.

Protagonista central de la sesión fue sin lugar a dudas la flamante presidenta del bloque oficialista, Patricia Bullrich, quien tuvo su cruce con Victoria Villarruel por una cuestión reglamentaria menor, pero que sirvió para que ambas partes pudieran marcar territorio. Todo estuvo monitoreado desde lo alto de uno de los palcos por “el poder real” que representa la hermanísima, flanqueada por Manuel Adorni y Diego Santilli, convertidos en una suerte de escuderos para este tramo de la gestión. Funcionarios que -sobre todo el ministro del Interior- por estos días cumplen la tarea de aceitar la relación con los gobernadores, que serán clave para las reformas que el gobierno se propone aprobar este verano.
Ese trabajo está dando frutos en el Congreso, donde lograron congelar la actividad opositora en el tramo final del período ordinario: desde las elecciones, no volvieron a abrirse las puertas de los recintos, donde entre otras cosas quedaron colgados temas como la reforma de la ley que regula los DNU, cuya aprobación hubiera representado un durísimo golpe para esta gestión. La oposición ya no tendrá ninguna otra oportunidad para avanzar en una medida similar, por lo que los gobiernos venideros deberán agradecerle a este por haber frenado la embestida más seria contra tan importante prerrogativa oficial.
Pero además, está en marcha la ruptura del bloque Unión por la Patria, clave para el dominio que La Libertad Avanza pretende imponer para los próximos dos años. Después de haber ratificado la escisión de los tucumanos del bloque Independencia, le alcanzará con oficializar el alejamiento de los catamarqueños de la bancada que conduce Germán Martínez para garantizarle al bloque oficialista de Diputados ser la primera minoría en esa Cámara. Algo impensado hasta el 26 de octubre, cuando el propio Presidente confesaba su menguado objetivo de asegurarse el tercio del Cuerpo.
Para eso fue necesario también activar la aspiradora, sumando entre otros a los radicales peluca y -sobre todo- a buena parte del Pro, que arrancará esta nueva etapa reducido a su mínima expresión: el partido amarillo llegó a las elecciones con 35 diputados, 21 de los cuales concluían sus mandatos. A esos 14 que quedaban, sumó una decena producto del resultado electoral, pero llegará al 10 de diciembre con apenas 14 -con suerte, porque un par más podrían irse en las próximas horas-. Esto es, habrá perdido más del 40% de sus diputados, a expensas del partido al que Mauricio Macri decidió ayudar a llegar al gobierno en vísperas del balotaje.
La última baja fue la de Silvia Lospennato, quien tras largas cavilaciones anunció el viernes por la noche que cumpliría su palabra de asumir en la banca para la que fue elegida en mayo pasado, en la Legislatura porteña: un cargo muy menor, para el que tiene que renunciar a la banca de Diputados, donde le quedaban dos años de mandato. En su lugar, asumirá una diputada del riñón de Patricia Bullrich, que obviamente irá directamente al bloque LLA.
Se especulaba con que en aras de evitar acrecentar la diáspora del bloque Pro, Lospennato se quedara, pero prefirió evitar que en el futuro le facturen haber sido una candidata “testimonial”, y se irá a una Legislatura porteña complicada, donde el macrismo no tiene mayoría y en la que La Libertad Avanza lejos está de retribuirle al partido amarillo el apoyo que le dan en el Congreso nacional. Más bien lo contrario.

Lo anunció Lospennato a través de un posteo en el que se mostró sonriente en una foto junto a los primos Macri, uno de los cuales -el expresidente- hubiera preferido que siguiera en el Congreso y eso le debe haber pedido también. Crítica del gobierno nacional desde que resultó evidente el papel mileísta en el fracaso de la ley de ficha limpia, Silvia Lospennato sufrió en carne propia el fuego amigo cuando se diferenció del resto de su bloque al votar en contra de los vetos presidenciales contra las leyes de financiamiento universitario y de emergencia pediátrica; pero sobre todo al argumentarlo en el recinto. Cristian Ritondo la reprendió en plena sesión por esa actitud, y Alejandro Finocchiaro la acusó de alinearse con el kirchnerismo, sugiriendo irónicamente que algunos colegas deberían “cruzar hacia las gradas de enfrente donde habita la alegre banda populista que quiere tumbar a este gobierno”. “No te voy a permitir que me digas kirchnerista porque no voto como vos querés”, le contestó la diputada que ahora se va a la Legislatura porteña, para regocijo del otro Macri, quien deberá vérselas en figurillas dentro de dos años para tratar de retener el cargo frente a la segura embestida de los libertarios.