El economista, hoy enfrentado al Presidente, lanzó una batería de recomendaciones que golpean de lleno el rumbo de La Libertad Avanza.
El exministro de Economía Domingo Cavallo, el “padre de la Convertibilidad” y un “econochanta”, según el presidente Javier Milei, disparó al corazón del modelo de La Libertad Avanza (LLA) y propuso darle de baja y poner el foco en la baja del riesgo país y no en la disminución de inflación, un eje libertario desde la campaña electoral de 2023.
Y, como si fuese poco, Cavallo le plantea a Milei abandonar “el gran logro de los dos años precedentes: el fuerte ajuste del gasto público y la eliminación del déficit fiscal”, e iniciar un nuevo régimen monetario y cambiario al “estilo peruano”, con autonomía del Banco Central, flotación “sucia” del dólar y bimonetarismo.
“Es cierto que haber logrado el ajuste fiscal en tiempo récord y contar con un régimen de incentivos fiscales para grandes inversiones en sectores como la energía, la minería y las tecnologías avanzadas, brindan argumentos para sostener que el 2026 será un año de crecimiento económico”, analiza en su blog personal el economista y excanciller de Carlos Menem.
“Pero -acá vienen los peros de Cavallo- el Gobierno no debe dormirse en los laureles”, disparó sin eufemismos Cavallo, hoy enemistado con Milei, por sus críticas al régimen cambiario desde fines de 2024 (por la no acumulación de reservas en el Banco Central).
Para el exministro, “conseguir que se complete la reactivación de la economía en los sectores que dependen del mercado interno y que el crecimiento sea vigoroso y sostenible en el tiempo” será “clave para que los años 2026 y 2027 terminen de convencer a los ciudadanos de seguir brindando apoyo a las ideas de libertad y modernización que viene pregonando el presidente Milei desde su campaña electoral del 2023”.
En ese camino, el exministro de Economía de Menem y de Fernando de la Rúa considera que “la aprobación por el Congreso del presupuesto para el año 2026 es un muy buen comienzo, porque va a permitir la consolidación del gran logro de los dos años precedentes: el fuerte ajuste del gasto público y la eliminación del déficit fiscal”.
Pero -más peros-, evalúa que “hay que acelerar el proceso de reprivatización de las empresas que fueron estatizadas después del abandono de la convertibilidad y si el producido de esas privatizaciones se utiliza para aumentar la inversión en infraestructura pública que ha venido deteriorándose desde hace varios años”.
“El segundo paso imprescindible -pontifica punzante- es la sanción, en lo posible por ley, de un nuevo régimen monetario y cambiario como el que funciona muy bien en Perú”.
Y en paralelo, Cavallo lanza otro dardo al corazón del programa literario: “En este contexto el Banco Central debería acumular reservas propias a un ritmo rápido. La tasa de riesgo país debería descender a no más de 300 puntos básicos. Cuando esto ocurra, tanto las tasas de interés en pesos como en dólares se ubicarán en niveles reales no más altos que la tasa de crecimiento potencial de la economía”.
Más adelante deja una severa admonición: “Sin la completa liberalización cambiaria y financiera va a ser muy difícil que las expectativas de los inversores privados en el sector real de la economía ayuden tanto a la estabilidad macroeconómica como al crecimiento vigoroso”.
Y luego Cavallo se mete de lleno en el primer proyecto de ley que el jefe de Estado quiere sancionar en extraordinarias en febrero próximo: “La tercera reforma importante es la denominada ley de modernización laboral, pero no tanto por las modificaciones que introduce en el régimen laboral, cuyos efectos recién se verán en el mediano plazo, sino porque incluye ingredientes muy valiosos en materia impositiva para alentar la inversión en empresas medianas y pequeñas”.
Como si fuese ministro de Economía de Milei, Cavallo postula “la apertura de la economía y las modificaciones para eliminar el sesgo anti exportador de la estructura de precios relativos deben posponerse hasta que la modificación del régimen monetario, cambiario y financiero haya permitido que el tipo de cambio real se ubique en un nivel de equilibrio sin restricciones al movimiento de capitales (salvo las necesarias para desalentar el carry trade)”.
“Cuando se encare esta etapa -aclara-, será fundamental que se eliminen los impuestos indirectos que encarecen los costos de producción de los bienes transables internacionalmente o al menos, se compensen con reembolsos y reintegros a las exportaciones hasta que esos impuestos sean eliminados”.
Seguidamente, le clava el puñal: “La reducción de la tasa de riesgo país es más importante que la reducción inmediata de la tasa de inflación porque si no baja la tasa de riesgo país siempre estará como espada de Damocles un posible salto devaluatorio o la necesidad de frenarlo mediante muy altas tasas de interés”.
“Siendo que aún existen restricciones cambiarias -le marca el camino- (el cepo a las empresas) y que ya no podrá utilizarse el tipo de cambio como ancla nominal complementaria de la cantidad de dinero, no es prudente que el gobierno anuncie metas de inflación muy ambiciosas (decir, por ejemplo, que en agosto la tasa de inflación comenzará con 0) porque corre el riesgo de ser desmentido por la realidad”.
Cavallo siempre tuvo buena sintonía con Milei e incluso en la primera etapa de su gobierno designó a su hija. Sonia Cavallo, como embajadora ante la OEA; pero el vínculo rompió cuando el exministro empezó a criticar el programa económico por el atraso cambiario.
Para esa época, el Presidente también recibía consejos no escuchados de otros economistas y los enfrentó. Fue cuando empezó con lo de “econochantas” y puso a Cavallo en la cresta de ese grupo crítico.