El diputado nacional (MC) Miguel Saredi hace una crítica a la dirigencia peronista que “decidió pasar el último año entretenida en discusiones de bajo vuelo” en medio de la pelea por quién conducirá el PJ bonaerense. “Parecemos encerrados en un club de dirigentes que debate cargos mientras la historia pasa por la vereda de enfrente”, cuestiona.
Mientras Donald Trump redefine el tablero continental y Javier Milei avanza sin miramientos en la Argentina, buena parte de nuestra dirigencia peronista decidió pasar el último año entretenida con discusiones de bajo vuelo: desdoblamientos electorales, pulseadas por el presupuesto, negociaciones para refinanciar deudas y, ahora, la pelea por quién conduce el PJ bonaerense.
Como si eso no alcanzara, vuelve a asomar una vieja obsesión: reinstalar la reelección indefinida de intendentes. Una discusión que mira hacia adentro de la política y le da la espalda a la sociedad. Después nos preguntamos por qué el Peronismo pierde capacidad de representar y, sobre todo, de ganar elecciones.
El país real va por otro lado. La gente habla de inflación, de inseguridad, de trabajo que no alcanza, de jóvenes que no ven futuro, de jubilados que no llegan a fin de mes. El mundo discute inteligencia artificial, nuevas formas de producción, geopolítica y desarrollo. Y nosotros, en vez de ofrecer un proyecto para ese escenario, parecemos encerrados en un club de dirigentes que debate cargos mientras la historia pasa por la vereda de enfrente.
No se trata de negar la importancia de la organización partidaria. Un movimiento sin estructura se diluye. Pero cuando la estructura se vuelve un fin en sí mismo, deja de ser herramienta y se convierte en un obstáculo. El Peronismo nació para transformar la realidad, no para administrarse a sí mismo.
Milei avanza porque ocupa el vacío de sentido que dejó la política tradicional. Guste o no, impone agenda, marca ritmo, instala temas. Frente a eso, responder con rosca interna es suicida. No alcanza con oponerse: hay que proponer un rumbo creíble para la Argentina del siglo XXI.
El Peronismo necesita una Renovación profunda. No para renunciar a sus banderas históricas —la Justicia Social, la Independencia Económica y la Soberanía Política— sino para hacerlas efectivas en un mundo que cambió. Renovar es hablar de producción, de empleo moderno, de seguridad, de educación de calidad, de un Estado inteligente y eficiente. Renovar es construir un Frente Amplio que convoque a trabajadores, pymes, científicos, jóvenes, productores y a todos los sectores nacionales que quieren un país con desarrollo y dignidad.
La sociedad no nos pide internas eternas ni reelecciones indefinidas. Nos pide soluciones. Nos exige que dejemos de mirarnos el ombligo y volvamos a mirar a la Patria.
Si el Peronismo sigue atrapado en la agenda chica, otros seguirán escribiendo la agenda grande. Y entonces no habrá excusas: la distancia entre la política y el pueblo será responsabilidad nuestra.
Es tiempo de elegir: o seguimos discutiendo cargos, o volvemos a discutir el destino de la Argentina.