En medio de la retirada del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires, el gobernador asumirá la conducción partidaria mediante un acuerdo con La Cámpora, que pese a las tensiones internas eligió evitar una interna para preservar poder y encarar la reconstrucción del peronismo.
El kirchnerismo está en plena retirada en la provincia de Buenos Aires, territorio sobre el que catapultaron su poder Néstor y Cristina Fernández de Kirchner, pero aún resiste a través de la agrupación La Cámpora, que aceptó este sábado al gobernador bonaerense Axel Kicillof a la cabeza del PJ, aunque lo rodeó de dirigentes afines en el Congreso y la junta electoral, los principales organismos partidarios.
Es curioso, porque ambos sectores mayoritariamente se odian y sottovoce hablan pestes del otro, pero a la hora de despegarse priman más las necesidades políticas que las sensaciones humanas y políticas.
De esa forma, Kicillof será presidente del PJ desde el 15 de marzo, día en que habrá un acta de acuerdo y no una elección, como estaba previsto.
Con esa herramienta partidaria, Kicillof iniciará el “tour de la reconstrucción” del Partido Justicialista (por oposición al “tour de la gratitud” del presidente Javier Milei, en agradecimiento por el aplastante triunfo electoral de octubre, en las legislativas).
Máximo Kirchner, y la todavía jefa nacional del kirchnerismo, Cristina Fernández de Kirchner, coinciden en que ahora es el gobernador el que mueve las piezas y es el que tiene la iniciativa en el tablero político de Argentina, y por eso evita una elección, a sabiendas de la reprobación que tiene La Cámpora.
También ayudó al acuerdo algunas disidencias de los últimos tiempos entre Máximo Kirchner y algunos intendentes de su mesa chica camporista, que le critican su permanente hostilidad hacia Kicillof y, además, que si hay división en dos años La Libertad Avanza hará añicos la hegemonía peronista en la provincia de Buenos Aires.
Por eso esta vez, a diferencia del año pasado, casi no hubo voces altisonantes ni de un lado ni del otro en estos días, y Máximo cedió mansamente la conducción del PJ a cambio de pasar a encabezar el Congreso partidario y obtener la presidencia de la junta electoral.
La Cámpora ya no es la combativa de antes, aunque mantiene intacto su voraz apetito de pacman por cargos; por eso ahora readapta un dicho de esta manera: “si no puedes enfrentar a una fuerza, entonces es conveniente unirte a ella para sacar provecho”.
El acuerdo abre una expectativa inusual de cara a la posible candidatura de Kicillof a la presidencia en 2027, acompañada por el kirchnerismo.
De todos modos, mucha agua debe pasar bajo el puente, y en ese marco Kicillof deberá enfrentar debates acerca de la conveniencia de ir a una elección presidencial con aquiescencia de Cristina Fernández de Kirchner, resistida en gran parte del peronismo.