Entre chicanas, tensiones y gestos desde y hacia los gobernadores, Diputados aprobó la reforma laboral, con episodios que muestran a legisladores más preocupados por las redes que por las leyes. El caso Carignano y un Presidente que se prepara a visitar al Congreso mucho más poder que el que todo el mundo le auguraba al llegar.
El bloque oficialista celebró la aprobación de la ley de Modernización Laboral en oficinas de la Presidencia de la Cámara.
La votación en particular del proyecto de modernización laboral fue mucho más corta que en el Senado. A pesar de que, fuera del reglamento, varios diputados alargaron el trámite con discursos a la hora de proponer modificaciones que ya se sabía no serían aceptadas. Nada que sorprenda, ni de un lado ni del otro. Pero el trámite tedioso de cada una de las 26 votaciones en particular fue enmarcado esta vez por un hecho anecdótico que se repitió una y otra vez: durante la votación nominal, en la que el recinto se sumerge en un silencio expectante, ese lapso de 50 segundos era acompañado con la melodía del tema “Guantanamera”, en versión silbada.
Una sutil humorada que la mayoría de los diputados no sabía a quién atribuirla, ni siquiera qué objetivo tenía. Juan Grabois era el intérprete y estaba dedicada a quien como la semana anterior en el Senado había asistido para seguir el desarrollo de la votación desde un palco, para no perderse el festejo: la hermanísima Karina Milei, acompañada por la mayoría de quienes componen la Mesa Política de la Casa Rosada.
Un grupo selecto y más diverso que el otrora férreo “triángulo de hierro” al que vino a reemplazar con mayor eficiencia, y que el martes del feriado extra large de carnaval aceptó eliminar por completo el artículo 44 de la reforma laboral, luego de la previsible polémica generada por los rigurosos recortes salariales aplicados por licencias médicas. Fue una muestra de pragmatismo de parte de un gobierno que ha aprendido bastante estos dos años, al punto de evitar las peleas pequeñas con el fin de abonar un bien superior.

La Mesa Política de la Rosada, con la satisfacción de la ley aprobada.
Cabe aclarar que no le quedaba otra alternativa, pues un grupo de aliados se habían plantado exigiendo la eliminación completa del artículo, cuando la concesión original oficial se limitaba a poner fuera del recorte a las enfermedades “graves o degenerativas”. El número que aglutinaba a esos bloques que habían anunciado esa postura en las redes sociales -cuestión de ya no poder volver atrás-, superaba la treintena, con lo que una negativa no solo complicaba la votación, sino la sesión misma, pues el quórum ya no estaría garantizado.
La picardía de Grabois, que claramente ha ido al Congreso a hacer esas cosas, no fue la única de esa extensa sesión que tuvo de todo. De ese bloque, el diputado Horacio Pietragalla Corti tuvo una breve intervención para expresar su “disconformidad” con la reforma y entregarle al presidente de la Cámara lo que definió cmoo “el símbolo de esta ley hoy”, dejándole en el estrado a Martín Menem unas cadenas, personificando la esclavitud que le adjudican a los cambios en materia laboral.

Pietragalla y la cadena que le dejó en el estrado a Martín Menem.
Eso hacen muchos diputados y senadores en la actualidad. No todos, obviamente, ni solo los libertarios, tan apegados como están a pasar buena parte del día en las redes. Lejos están muchos de esmerarse estudiando los temas diversos que deben tratar en cada sesión, ni mucho menos por dar el mejor discurso durante el debate: el objetivo principal pareciera ser buscar el minuto de gloria en Tik Tok o Instagram. Los seguidores en las redes valen más que los votos. Señales de este tiempo.
Muchos legisladores -más de los que podría esperarse- dedican buena parte de las sesiones a grabar reels para sus seguidores, desentendiéndose de los discursos ajenos, aun los de sus propias bancadas. Esa es una función que desarrollan principalmente los oficialistas, sobre todo quienes recién han desembarcado en la política -la mayoría- y así entienden debe ser su función. Soslayando el papel del periodismo, inspirados por su líder, se dedican ellos mismos a transmitir “la actualidad” desde el recinto mismo, brindando en ocasiones -hay que admitirlo- un servicio indispensable, como sucedió el jueves último con el video con el que Lilia Lemoine captó a la diputada K Florencia Carignano desconectándole los equipos a los taquígrafos, durante uno de los momentos en los que la sesión se desmadró.
A mí. No es IA.
Acá está el video completo. pic.twitter.com/MRkEHd6RG1— Lilia Lemoine 🍋 (@lilialemoine) February 19, 2026
El caso Carignano promete escalar, al menos esa es la intención del oficialismo que el viernes comenzó a dar los primeros pasos para aplicarle sanciones. Una posibilidad de difícil ejecución, pues se necesitarían dos tercios de los votos del Cuerpo, que nadie tiene; pero al oficialismo le sirve para mantener al kirchnerismo como rival.
Tras una nueva sucesión de derrotas, Unión por la Patria no logra encontrar el camino indicado para enderezar el rumbo, ni mucho menos ofrecerse como alternativa. En los escándalos, por mejores argumentos que tenga para justificar la reacción, tiene todo por perder, y es lo que le pasa.
Decíamos que el gobierno debió ceder algo con la reforma laboral que llegó del Senado. Bajo siete llaves se guarda el secreto sobre el autor del artículo extirpado, que Patricia Bullrich atribuyó para no ahondar en detalles a “La Libertad Avanza”. Todos los caminos conducen a Federico Sturzenegger, que lo defendió con argumentos toscos y la anécdota del fútbol de entrecasa. Fue nafta echada al fuego, más allá de que se dice que no fue él quien lo incluyó. De hecho, en el dictamen de diciembre pasado ese artículo no estaba. Pero muchos le endilgan al ministro de Desregulación haber puesto en escena con sus dichos lo que se transformaría en poco menos que un escándalo.
La verdad sea dicha, eso es minimizar el papel de la oposición en su conjunto, aun la cercana al gobierno. Porque el tema estaba en escena desde que se debatió en el recinto del Senado. Faltan a la verdad quienes por desconocimiento dicen que lo de las licencias recién se conoció después de la media sanción. En la sesión del 12 de febrero, una decena de legisladores hablaron del artículo 44. Lo explicó primero el chaqueño Juan Carlos Godoy, uno de los oficialistas que detalló el dictamen de mayoría; luego lo criticaron con mayor o menor virulencia los senadores Lucía Corpacci, Ana Marks, Juliana di Tullio, Marcelo Lewandowski, Humberto Bahl, Anabel Fernández Sagasti y Gerardo Zamora, en tanto que las senadoras del Pro Andrea Cristina y Victoria Huala pidieron que constara su abstención a ese artículo, al menos para la versión taquigráfica.
El gobierno trabajó intensamente para que sobre todo esa ley atravesara airosamente extraordinarias. Los gobernadores fueron clave, ya sea para que sus diputados apoyaran la ley, o al menos dieran quórum. Lo planteó con ironía al principio de la sesión del jueves el jefe del bloque de UP, Germán Martínez, que conforme la intención de darle opacidad al debate deslizó en el inicio de la sesión que el gobierno había ofrecido distintos “packs”. “Está el ‘pack quórum, y después te levantás y te vas’; está el ‘pack quórum, con votación en general y luego crítica en la votación en particular’. Está el ‘pack quórum, me opongo en general y después voto los artículos en particular...’”.
Los diputados alineados con el gobernador catamarqueño votaron en contra de la ley, pero dieron quórum; los tucumanos de Jaldo dieron quórum y dos de los tres votaron la ley; en tanto que Provincias Unidas no dio quórum, pero 6 de sus 18 diputados (entre ellos la presidenta del bloque) votaron a favor. De los cordobeses que responden al gobernador Martín Llaryora, 2 votaron a favor, 3 se ausentaron, y solo uno votó en contra. De los dos diputados alineados con el gobernador jujeño, uno votó a favor y la otra en contra.
Los números estaban contabilizados de antemano, cuestión de evitar sorpresas, y así, con más o menos votos, el oficialismo logró sortear también con cierta holgura la votación en particular. Solo en el último título, el que contenía las derogaciones -incluida la del Estatuto del Periodista- la brecha se estrechó a solo 7 votos.
El trámite concluirá el viernes que viene, se descuenta que con una aprobación de lo votado en Diputados, habida cuenta de que ya en el primer tratamiento en el Senado fue aprobado en general con 42 votos afirmativos y 30 en contra. Nada pasó como para que ahora eso se revierta.
Será la tercera sesión del Senado en este período de extraordinarias, en el que el oficialismo descuenta que aprobará también el nuevo Régimen Penal Juvenil, el acuerdo comercial Mercosur – Unión Europea y, si hay tiempo y lo incluyen, la reforma de la Ley de Glaciares, “a pedido de los gobernadores”, como insiste en aclarar el oficialismo cada vez que les preguntan.
Será una verdadera exhibición de poder de una Libertad Avanza que hasta hace tres meses tenía solo el 10% de la Cámara alta y el 15% de Diputados. Hoy, sin ser mayoría en ninguna, muestra un claro dominio del Congreso y le dará la posibilidad al presidente Milei de mostrar el domingo venidero, en su tercera apertura de sesiones ordinarias, el puñado de leyes conseguidas este verano como el cumplimiento de parte de sus propuestas de campaña.