El peronismo atraviesa su momento más crítico desde 1983: mientras la expresidenta se eclipsa y pierde liderazgo incluso dentro del PJ, el gobernador bonaerense intenta ocupar ese vacío y despliega a sus dirigentes por las provincias para construir un frente propio y disputar la conducción del espacio frente al avance de la derecha y las fracturas internas que se profundizan en varios distritos.
El peronismo atraviesa su peor momento desde el retorno de la democracia, en 1983, y su líder, la otrora expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, ingresó en un eclipse que parece ser final, mientras su posible sucesor, el gobernador Axel Kicillof, mandó ya a sus alfiles apóstoles en expedición a las provincias para encabezar la incipiente ola antikirchnerista y motorizar un frente nacional antiderecha.
De lo que no cabe duda es del irreversible ocaso de la actual titular del PJ -en prisión domiciliaria condenada por corrupción-, bajo cuya conducción, por ejemplo, el Senado nacional se desgaja a jirones cuando siempre fue el bastión institucional del peronismo desde 1983.
Las voces anti Cristina se suman a coro en varios distritos del país y un grupo de gobernadores se rebeló y solo acata los pedidos y decisiones del presidente Javier Milei, necesitados de fondos como están.
Son los peronistas violeta “punzó” Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Ricardo Quintela (Catamarca), quienes han votado la mayoría de las principales leyes de La Libertad Avanza -como la Reforma Laboral- a cambio de obras públicas y billetera.
Gustavo Sáenz (Salta) es otro peronista “punzó”, aunque nunca estuvo alineado con la estructura nacional partidaria (fue compañero de fórmula presidencial del líder del Frente Renovador, Sergio Massa), en 2015.
Y ya se sabe que Córdoba es la principal provincia antikirchnerista, bajo la hegemonía de los gobernadores peronistas Martín Llaryora, ahora, y Juan Schiatetti, antes. Y donde Mauricio Macri y Javier Milei obtuvieron sendos triunfos contundentes en 2015 y 2023 para llegar como presidentes a la poltrona de Rivadavia, en la Casa Rosada.
Kicillof, se puede decir, es el único bastión nacional del peronismo, y el gobernador más crítico y coherente en sus convicciones contra el modelo liberal del presidente Milei, pero sufre las zancadillas permanentes de Cristina Fernández de Kirchner y de su hijo Máximo Kirchner, dueño de La Cámpora.
Y en las últimas semanas creó un bloque peronista de gobernadores anti Milei con sus pares Gustavo Melella (Tierra del Fuego), Sergio Ziliotto (La Pampa), Aires), Gildo Insfrán (Formosa), Ricardo Quintela (La Rioja) y Elías Suárez (Santiago del Estero.
Muy poco para confrontar con las alianzas exitosas que ha hecho Milei desde octubre pasado, tras su triunfo aplastante en las legislativas, pero simbólico para mostrar músculo ptopio y mandar dirigentes expedicionarios a las provincias, con el manual del Movimiento Derecho al Futuro (MDF).
Ya no es con el Renault Clio de la campaña de 2019, sino con una ambulancia gigante y también un enorme camión de bomberos para apagar incendios políticos en esos distritos y atender a cientos y cientos de heridos por las decisiones de Cristina Fernández de Kirchner y su corte.
Lo cierto es que en el juego de la Oca la expresidenta retrocede casilleros hace ya año y medio y, al contrario, Kicillof avanza: creó su propia agrupación peronista Movimiento Derecho al Futuro y ahora lo quiere extender a nivel nacional para intentar competir por la presidencia el año próximo.
Cristina Fernández de Kirchner está recluida en su lugar de prisión y ya son cada vez menos los que la visitan y los pocos que lo hacen evitan fotografiarse. Pero La Cámpora le es aún fiel.
Sin rmbargo, ya no es la que dirigente que manejó con látigo y cierta inteligencia la Presidencia de la Nación entre 2011 y 2019.
Hoy está principalmente preocupada por sus causas judiciales, por evitar que el gobernador Kicillof llegue a la presidencia y por retener su dominio -ya casi infructuoso- como presidenta del PJ (todos los dirigentes que la acompañan han sido funcionarios de ella o legisladores y expresan al
kirchnerismo ultra).
Los cronistas veteranos acreditados en la Casa Rosada recuerdan que en su presidencia, por lo bajo, decía siempre que odiaba a Juan Perón y al peronismo e incluso un vez tuvo un entredicho por eso con el entonces decano de la Sala de Periodistas, Roberto Di Sandro, un declarado simpatizante peronista.