Para el senador, la controversia por el viaje del jefe de Gabinete a Nueva York en una aeronave oficial no responde a una irregularidad concreta, sino a la incomodidad de sectores del sistema político-mediático frente a un cambio en la distribución del poder. Afirmó que no hubo delito ni perjuicio para el Estado y cuestionó la doble vara con la que se juzgan prácticas habituales de gobierno.
El senador nacional Juan Carlos Pagotto se sumó a la discusión por el viaje del vocero presidencial Manuel Adorni a Nueva York a bordo del avión presidencial y planteó que la polémica excede largamente el uso de una aeronave oficial. Para el legislador, el foco del debate revela una reacción política y mediática frente a un escenario que ya no responde a las reglas tradicionales del poder en la Argentina.
“En rigor, el avión no es el tema. Ni siquiera el viaje”, sostuvo Pagotto, al señalar que el verdadero trasfondo de la controversia es la presencia de Adorni en un lugar de poder real dentro del Gobierno. En ese sentido, afirmó que durante años la política argentina funcionó bajo una lógica implícita que permitía la administración de privilegios siempre que no se alterara el entramado de relaciones entre poder político, corporaciones y periodismo.
Según el senador riojano, ese esquema histórico explicaría por qué prácticas administrativas habituales en distintos gobiernos hoy se convierten en motivo de escándalo. “De repente, lo que durante años fue una práctica normal en cualquier gobierno del mundo, una comitiva oficial que viaja en una aeronave del Estado, pasa a ser un escándalo nacional”, planteó, y se preguntó por las razones de ese cambio de clima.
Pagotto atribuyó esa reacción al perfil de Adorni, a quien describió como ajeno a la “vieja burocracia política” y a la “aristocracia estatal” que, según su visión, aprendió a moverse con discreción dentro del sistema. “Eso genera irritación”, afirmó, al referirse a sectores que, a su juicio, se sienten desplazados o interpelados por una nueva forma de ejercer el poder.
En ese marco, el senador cuestionó lo que definió como una doble vara en la evaluación de los hechos. Recordó que muchos de los actores que hoy expresan indignación pública “guardaron silencio durante décadas frente a abusos infinitamente más graves del aparato estatal”. Para Pagotto, la selectividad del escándalo revela más sobre quienes lo impulsan que sobre el hecho puntual que se discute.
Desde su mirada, el debate adquiere un carácter casi curioso cuando se lo analiza desde una perspectiva institucional. Afirmó que no existe delito, ni irregularidad administrativa, ni un perjuicio económico relevante para el Estado que justifique la magnitud de la controversia. “Lo que sí hay es otra cosa: un cambio de clima político”, señaló.
Pagotto sostuvo que cada vez que el poder cambia de manos en la Argentina, el sistema reacciona con los mecanismos que mejor conoce, entre ellos la construcción de escándalos morales selectivos. “La historia argentina está llena de esos episodios”, afirmó, al ubicar la discusión actual en una secuencia más amplia de disputas políticas y simbólicas.
Para el senador, la diferencia del momento actual radica en la actitud del Gobierno frente a esas reacciones. Según expresó, esta vez el poder parece menos dispuesto a pedir permiso o a acomodarse a los códigos no escritos que rigieron durante años la relación entre política, medios y estructuras corporativas.
En ese sentido, Pagotto concluyó que la polémica por el viaje de Adorni no puede leerse de manera aislada ni reducida a un hecho administrativo, sino como un síntoma de una transición más profunda. Un proceso que, advirtió, genera resistencias en sectores acostumbrados a un funcionamiento del poder que hoy aparece, al menos parcialmente, en revisión.