Al cumplirse medio siglo del inicio de la última dictadura cívico-militar, el interbloque reafirmó su "compromiso con la Memoria, la Verdad y la Justicia", y advirtió sobre "los riesgos del negacionismo y de la utilización política de una causa que considera patrimonio de toda la sociedad argentina".
A cincuenta años del golpe de Estado que dio inicio a la última dictadura cívico-militar, el interbloque Unidos de la Cámara de Diputados ratificó su "compromiso con la Memoria, la Verdad y la Justicia como pilares irrenunciables de la democracia argentina". A medio siglo de aquellos hechos, el espacio —integrado por Provincias Unidas, la Coalición Cívica y Encuentro Federal— sostuvo que "el país ha logrado consolidar un consenso básico y transversal: el rechazo absoluto al terrorismo de Estado y la convicción de que lo ocurrido entre 1976 y 1983 no puede ni debe repetirse".
Desde esa perspectiva, la bancada planteó la necesidad de "preservar ese acuerdo democrático" frente a dos riesgos que, a su entender, lo debilitan por igual: "el negacionismo y la utilización política de una causa que pertenece al conjunto de la sociedad". Según expresaron en un comunicado, "la memoria, la verdad y la justicia no son patrimonio de ningún sector en particular, sino una construcción colectiva que ha permitido a la Argentina fortalecer sus instituciones y su vida democrática". "Desnaturalizar los acontecimientos del pasado o reducir la memoria a una herramienta de disputa coyuntural -advirtieron- erosiona ese consenso y empobrece el debate público".
El interbloque destacó además "el recorrido que ha realizado el país en materia de derechos humanos, basado en la búsqueda de la verdad, el juzgamiento de los responsables y las políticas de reparación. Ese proceso, sostenido a lo largo del tiempo por distintos gobiernos y con el acompañamiento de amplios sectores de la sociedad, es considerado uno de los pilares sobre los que se asienta la democracia actual". Para Unidos, se trata de un camino que "no solo debe ser preservado, sino también transmitido a las nuevas generaciones como una responsabilidad común, ajena a lecturas parciales o sectarias".
En ese sentido, el espacio puso el foco en el rol de los jóvenes y en la forma en que se construye la memoria colectiva. Lejos de cargar sobre ellos los desencuentros del pasado, señalaron que el desafío es transmitir las enseñanzas que dejó ese período oscuro de la historia argentina. Hacerlo sin convertir la memoria en un factor de división es, según el interbloque, la manera más genuina de honrar a las víctimas y de cuidar la democracia construida en las últimas décadas.
El documento también reivindicó el sentido profundo del “Nunca Más”, al que definió no como una consigna vacía, sino como un compromiso permanente con la vigencia de los derechos humanos, el respeto por las instituciones y la defensa del Estado de Derecho. Sostener ese compromiso, afirmaron, "implica rechazar tanto la negación de los crímenes cometidos como su banalización o uso oportunista".
En este cincuentenario, Unidos reafirmó su convicción de que la memoria debe ser un punto de encuentro y no de fractura. Para los diputados, solo entendida como un valor compartido puede seguir siendo la base sobre la que se construye, se proyecta y se protege la democracia argentina.