Mientras la administración de Javier Milei intenta cerrar el capítulo que involucra al jefe de Gabinete, el escándalo sigue dominando la agenda pública, impacta en la imagen del Gobierno y revela las dificultades oficiales para recuperar el control político en un contexto de fragilidad económica y creciente desconfianza social.
Cuando un tema pasa a ser definido como “caso”, es señal de que ha alcanzado la categoría de “interés común”. Mal que le pese al gobierno, es lo que ha escalado el “caso Adorni”, que a diferencia de temas como “$LIBRA”, no han permeado en la conversación pública. A pesar de que algunos llegan a ponerlo en la categoría de “escándalo”, el común de la gente nunca ha llegado a dimensionarlo como tal, a pesar de todas las escaramuzas institucionales que ha sumado.
El tema que involucra en cambio al jefe de Gabinete entró en una dimensión que trastorna a la Casa Rosada, que ya debería saber que por más que dé el tema por “terminado”, eso no ha sucedido ni difícilmente pase en el futuro. Es prácticamente seguro que la carrera del exvocero presidencial ha llegado a un punto de no retorno, que justifica que el gobierno se proponga tan solo a evitar que el desenlace termine siendo el que diagnostican la oposición y los medios -que a los ojos mileístas son intrínsicamente lo mismo-, pero no logra evitar que el tema esté en la agenda diaria.
Tan es así que el lunes pasado, cuando el país se vio conmovido por la noticia de un alumno que irrumpió con una escopeta en una escuela santafesina y mató a otro estudiante, toda la atención periodística se fue hacia ese tema, pero ni así Manuel Adorni pudo tener un respiro: al cierre de la jornada, se conoció la noticia de la manera como había comprado su departamento en una zona top de Caballito, a través de un crédito hipotecario privado que habría financiado prácticamente la totalidad de la propiedad. Y al rato trascendió que las dos jubiladas que supuestamente le habían prestado la plata negaban conocer al funcionario…
Por la tarde, la Rosada había hecho trascender que la reunión de la mesa política se había enfocado a ordenar la estrategia parlamentaria para el mes de abril, y un vocero del encuentro dio el caso por cerrado: “Ya no es tema, Manuel no va a renunciar y seguimos trabajando”.
Podrá ser algo coyuntural, pero ya debería entender el gobierno que una vez instalados como “caso”, los temas ya no responden a la voluntad del poder, sino a la dinámica implacable de la agenda pública. Y esa, como ya aprendieron otros gobiernos, es una batalla que rara vez se gana por negación.
De todos modos, en lo más alto del poder no dan el brazo a torcer. Con buen tino -pues el exvocero no está en condiciones de darlas-, el miércoles se suspendió la conferencia de prensa que habían dicho que daría Adorni, que en cambio se reunió durante dos horas ese día con el Presidente en Olivos, de donde salió ratificado y con planes a futuro. Al día siguiente estuvo en primera fila del acto por Malvinas y el “abrazómetro” llegó a nivel “récord” cuando Javier Milei lo estrechó. Este lunes volverá a encabezar una reunión de mesa política y la idea es que retome la rutina desentendiéndose de los problemas que giran a su alrededor.
“Nada”, respondió lacónicamente un vocero oficialista consultado por este medio sobre qué pasaría con Manuel Adorni. La expectativa en lo más alto del poder es que el caso vaya decantando y que la justicia y la opinión pública encuentren su límite cuando en mayo se publique la declaración jurada correspondiente a 2025. Confían en que entonces vaya a quedar claro que “no existió nada fuera de lo común”. Esa DDJJ podría ser saldada con la escrituración de propiedades viejas, o bien donaciones y herencias, algo muy común para esos casos.
El problema hasta entonces es que el “efecto Adorni” ha generado una suerte de “muteo” en el seno del gobierno. Ni los ministros, ni el propio Presidente pueden salir a dar reportajes en estas circunstancias.
Están los que en base a la experiencia sugieren recordar lo sucedido con José Luis Espert. Salvando las distancias entre un caso y el otro, quienes en el oficialismo abogan por un paso al costado de Adorni, recuerdan que cuando finalmente “El Profe” se alejó, esa espuma desapareció de manera instantánea.
Más allá del efecto pernicioso que el caso le genera al gobierno -dejando en un segundo plano hechos altamente positivos como la resolución del caso YPF en Nueva York y la baja de la pobreza-, lo cierto es que el mayor afectado resulta ser el propio Manuel Adorni, cuya imagen positiva se ha reducido a un 21,5%, escalando la negativa al 66%. El dato surge de una encuesta de Zubán Córdoba, que revela una caída estrepitosa en la consideración pública del jefe de Gabinete, que en febrero tenía una imagen positiva del 42,7%, que cayó 21 puntos en apenas un mes.

El caso es tan de dominio público que más del 70% sabe del mismo, un 77,9% expresa que el funcionario debe explicar cómo paga sus viajes y un 70,4% considera que debe renunciar.
A su vez, un trabajo de Monitor Digital registra que la crisis generada por el funcionario produjo el mayor pico de conversación digital sobre los ministros y principales colaboradores del Presidente. El caso marcó un récord de menciones en redes y medios, como hemos dicho más alto que los casos $LIBRA y hasta ANDIS. En el mes que acaba de concluir, la negatividad general del universo de menciones analizadas sobre el gabinete de Javier Milei llegó al 87%, una cifra que confirma un clima abiertamente adverso. Eso sí: tanto se ha personalizado el caso, que se ha vuelto altamente dependiente de un solo nombre: Adorni. Esto es, si bien el caso salpica al gabinete, no reparte de manera pareja el costo reputacional señala la consultora de Diego Corbalán. El funcionario absorbe la mayor parte de la sobreexposición y deja al resto del gabinete en un segundo plano.
Pero lo importante para un gobierno personalista como éste es la imagen de Javier Milei. Si bien son muchas las encuestas que hablan de una baja creciente de la positividad de su figura, un trabajo de Isasi-Burdman muestra algunos datos tranquilizadores para el oficialismo. Cierto es que la imagen personal de Javier Milei viene en baja, aunque la positiva (46%) está igual que en octubre, cuando ganó las elecciones. Pasa que, tras el efecto electoral la positiva trepó al 53%, pero desde entonces no ha dejado de bajar, registrando una merma de 4 puntos en el mes que acaba de concluir. Y entre regular y negativa, la mala imagen llega ya al 54%.
Con todo, son más los que si las elecciones fueran hoy, votarían la reelección de Milei: 46% a favor y 39% en contra.

La situación económica es el factor dominante y lo que debe tener más en cuenta un gobierno como éste. Según el estudio de Isasi-Burdman, el 51% opina que está peor en comparación con los últimos años, mientras que apenas un 18% se siente mejor. ¿Y la esperanza? Un 32% piensa que en 2026 estará mejor, pero un 39% opina lo contrario. El saldo negativo se profundiza cuando un 52% opina que el problema de la inflación no se está resolviendo, mientras un 40% piensa que sí; pero el 54% opina que el gobierno está en el rumbo correcto en materia de combate a la inflación, superando de manera holgada al 34% que piensa que no es el rumbo correcto.
Eso sí, si bien la economía creció en 2025 -una de las noticias opacadas por el caso Adorni-, el 60% de los consultados no siente en el día a día ese crecimiento.
Entre las múltiples ramificaciones que abrió el episodio Adorni, sobre el final de la semana la escalada alcanzó uno de los puntos altos de esta gestión: la vuelta de los créditos hipotecarios. Si bien el del jefe de Gabinete fue un crédito hipotecario privado, la discusión devino en torno al otorgamiento de créditos a funcionarios y legisladores del oficialismo o sectores cercanos, lo que agregó un elemento más de irritación en la sociedad.
En este marco, el gobierno creyó encontrar un resuello al conocerse este fin de semana los datos de una investigación periodística internacional que refiere una supuesta injerencia de servicios rusos en medios digitales de nuestro país, para difundir noticias falsas y contenidos críticos contra el gobierno de Javier Milei. Habrá que ver qué resultados arroja la investigación judicial que vaya a hacerse, pero se descarta que el gobierno tratará de llevar agua a su molino, insistiendo en su conocida prédica contra el periodismo.