El índice de precios trepó al 3,4%, desarmó los pronósticos oficiales y dejó al Presidente a contramano de sus propias promesas. Con la inflación sin bajar, la economía golpeando los bolsillos y un frente político cada vez más ruidoso, las encuestas reflejan un deterioro rápido de la imagen oficial y un clima social que se le vuelve adverso al Gobierno.
Se sabía que el índice de precios de marzo daría mal. El mes en el que se inician las clases suele ser, por la incidencia de la canasta escolar, un mes complicado en materia inflacionaria. Pero esta vez eso era solo un agregado a las complicaciones que ya tiene la economía local, más el aditamento de la guerra que -aumento del petróleo mediante- tuvo su impacto en los combustibles. Y ya se sabe que ese es un ingrediente muy pernicioso para cualquier plan antiinflacionario.
Lo que nadie imaginaba era que el índice de marzo trepara tan alto: 3,4%. Siguiendo una escalera ascendente que desde mayo del año pasado no atinó nunca a bajar un escalón. Igual, teniendo en cuenta de dónde venimos, en la comparación esta gestión sale ganando. Pero se esperaba otra cosa; el propio Presidente esperaba otra cosa, tal cual él mismo admitió al presentarse poco después de que se conociera el índice en el AmCham Summit 2026: “El dato no me gustó y me repugna”, lanzó Milei, en modo Milei.
Además, y sobre todo, el Presidente cometió el error que todo el mundo le reprochó siempre, de anticipar una y otra vez que en agosto la inflación comenzaría con cero. En rigor, primero había fijado ese vaticinio para un mes antes. Faltan cuatro meses, pero nadie imagina que pase un milagro. No solo Javier Milei no podrá cumplir su promesa, sino que en el primer trimestre del año prácticamente se consumió el índice inflacionario previsto para todo el año en el Presupuesto 2026.
Ahora el Presidente es medido en la materia, como debió haber sido siempre, y se limita a garantizar que “hacia adelante la inflación va a bajar”. Optimista, aunque impreciso.
No hubo la menor autocrítica por el error de cálculo. Más bien lo contrario: habló de “dos shocks de características descomunales”, y fue más lejos al denunciar “un ataque feroz por parte de la política, un ataque destituyente, un ataque al corazón del modelo”. ¿Pruebas? “El Congreso pasó más de 40 leyes intentando romper el equilibrio fiscal”. No fueron 40, ni fue destituyente; así funciona la democracia.
Siguiendo ese razonamiento, después de tantos traspiés legislativos y la estrepitosa derrota de septiembre en la provincia de Buenos Aires, la economía debería haber reaccionado también muy favorablemente cuando Milei dio “vuelta la taba” en octubre, con un triunfo tan sorpresivo como contundente, revirtió la tendencia general y tuvo en el Congreso un verano soñado, aprobando todo lo que mandó. Así y todo, la inflación no pudo bajar ni un mes y la imagen y el favor popular se están derrumbando.
Habrá que considerar en cambio que el ruido político interno es ensordecedor y los pases de factura son cada vez más públicos. El “triángulo de hierro” de otrora voló por los aires y la guerra entre la hermanísima y Santiago Caputo es descarnada. La semana hábil que pasó cerró con unos cruces durísimos en redes sociales entre la diputada Lilia Lemoine y el Gordo Dan, una figura fulgurante de “Las Fuerzas del Cielo”, que tuvo como dato saliente y enigmático el aval de Milei a uno de los posteos de la blonda diputada, con toda la significancia que ello implica en los términos que los libertarios se manejan.
Claro que esa pelea encarnizada no se dio en los medios, sino en las redes sociales. Y si bien el grado de gravedad resulta mayor por los actores que participan -trascendiendo los casi diarios cruces entre Lemoine y Marcela Pagano-, sucedió en las redes, un espacio de alta significación para el mundo libertario, pero de limitada repercusión general.
Igual que con los apoyos casi diarios que le prodigó los últimos días Karina Milei a Manuel Adorni, a través de fotos de ambos que buscaban mostrar la “continuidad asegurada” del jefe de Gabinete. La gente común no registra en lo más mínimo esos avales mileístas. Es más, como sugirió un exlibertario en la semana: esas fotos muestran a las dos figuras mileístas más desprestigiadas del momento: una encuesta de la Universidad de San Andrés pone al jefe de Gabinete como la figura con diferencial más bajo del gabinete (-51%), seguido por Karina Milei (-50%)
¿Quién hubiera imaginado en el Gobierno que después de un mes de febrero victorioso en el Congreso marzo sería tan negativo? Un trabajo de la consultora Aresco, muy respetada por los Milei, mostró que el tercer mes del año tuvo una desaprobación del 51% para la gestión de Javier Milei, con un diferencial negativo de 11 puntos.

Una opinión marcada por los bolsillos flacos. El 75% de los entrevistados declaró que, en su hogar, llegar a fin de mes les costó más que en meses anteriores; en tanto que el 67% de los hogares se endeudó para cubrir gastos corrientes.
La cuestión que más preocupa a la gente en su vida cotidiana es claramente la economía. Y dentro de los problemas económicos, en primer lugar aparecen los problemas de empleo, y luego la inflación, con 39 y 27 puntos respectivamente. El único alivio que registró el oficialismo en esta encuesta es que el kirchnerismo sigue siendo señalado como el principal responsable de los problemas económicos (43%, contra el 35% que lo culpa a Milei).
Los resultados de Aresco no son datos aislados; más bien van en sintonía con lo que muestran otros informes, como un sondeo de Opina Argentina, que avanza sobre el mes actual y advierte que “se acelera el proceso de deterioro del Gobierno ante la opinión pública iniciado en enero”. Los indicadores del oficialismo no solo caen, sino que lo hacen a una velocidad muy pronunciada en los últimos dos meses. La aprobación de Milei, que se ubica en 35%, disminuyó 6 puntos en la última medición y 13 desde enero.
¿Hay chances de que aparezca otro outsider dispuesto a ocupar el sitial de un devaluado Milei? No por ahora. Al pastor Dante Guebel, cuyo nombre ya se ve en paredes de la provincia de Buenos Aires, no lo registra casi nadie por ahora; y el exgobernador Sergio Uñac, que se propuso como alternativa en el peronismo, tiene un nivel de desconocimiento extremo.
Un dato no menor es por ejemplo que Myriam Bregman aparezca como la dirigente con mayor valoración social, con 44% positivo. El mismo número que Axel Kicillof, aunque el gobernador bonaerense tiene 53% de imagen negativa, contra 47 de “la Rusa” del PTS.

Otro dato que revela Opina es que la imagen de Manuel Adorni implosiona: en el marco de la polémica por su patrimonio, su apoyo retrocedió 16 puntos en el último mes. Su imagen negativa asciende al 72%.
Así y todo, está confirmado que el jefe de Gabinete irá el 29 de abril a la Cámara baja, cita para la cual el presidente de ese Cuerpo, Martín Menem, sugirió preparar pochoclos. Ya hay especulaciones sobre cuál será el comportamiento de Adorni en esa batalla que se avecina: el exvocero no aclararía nada sobre su patrimonio, argumentando que el tema está en manos de la justicia, y revolearía carpetazos contra figuras de la oposición, por ejemplo en materia de declaraciones juradas.
En cuanto al comportamiento de la oposición, por ahora no hay coincidencias respecto de la mejor manera de “acribillar” a Adorni. Mientras ex Juntos por el Cambio sugieren centralizar el interrogatorio en el tema personal del jefe de Gabinete, en una suerte de interpelación, en Unión por la Patria estarían inclinados por dedicarle el 70% de las preguntas al tema económico. Se espera que más cerca de la fecha haya una reunión para coordinar el accionar a utilizar.
Respecto de la presencia o no del presidente Milei en la ocasión, nadie la descarta, por más riesgoso y hasta absurdo que pueda parecer. Pero como el propio Presidente ha adelantado su disposición a acompañar a su exvocero, muchos dan por hecho que estará, aunque no toda la presentación. Posiblemente llegue acompañando a su funcionario y luego se quede solo para la exposición inicial.
Necesitado de inyectar una dosis de optimismo en el alicaído estado de ánimo de la población, Luis “Toto” Caputo anticipó en la AmCham que “los próximos 18 meses serán los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas”. Ante la ausencia de Adorni -malogrado vocero de esta administración-, el ministro de Economía trata de ejercer ese rol.
Pero semejante vaticinio se da de bruces con lo que sugieren las mediciones que ya hemos citado. Agreguemos la de la Universidad de San Andrés, que verificó entre los cambios en las preocupaciones que la falta de trabajo se consolidó como el principal problema del país, con un 40% (subió 4 puntos desde marzo). Le siguen de cerca los bajos salarios (39%) y la corrupción (38%). Y tras haber perdido centralidad, la preocupación por la inflación vuelve a aparecer en el radar de las principales inquietudes de los ciudadanos.
Un analista político graficaba el viernes en un canal de noticias el momento de adversidad del Gobierno señalando que tan vulnerable está que “hasta le entró la polémica por la carne de burro”.
En efecto, un tema que al surgir ni siquiera tenía que ver con la pobreza, ni mucho menos con el Gobierno nacional, sino que correspondía a una idea original puesta en práctica en una carnicería de Chubut.
“Iban a dolarizar y ahora te mandan a comer burro”, ironizó un miembro de la oposición de los que todavía discuten la táctica a implementar cuando toque enfrentar a Manuel Adorni.