El proyecto para exportar gas desde Argentina avanza con nuevos estudios, posibles financiamientos y obras clave en carpeta. La caída boliviana abre una oportunidad estratégica para abastecer a Brasil y la región.
El plan para exportar gas desde Vaca Muerta hacia Brasil empieza a consolidarse tras años de negociaciones y estudios. Actores del sector energético coinciden en que durante el último año se produjo un avance significativo en los diálogos entre los países involucrados, y anticipan que en el segundo semestre podrían anunciarse definiciones clave para acelerar las obras de infraestructura necesarias.
En este contexto, el yacimiento neuquino vuelve a posicionarse como una pieza central en el tablero energético regional. La sostenida caída en la producción de gas en Bolivia generó un vacío que Argentina busca ocupar, con la intención de convertirse en un proveedor relevante para Brasil y otros mercados sudamericanos.
Uno de los hitos inmediatos tendrá lugar a fines de mayo en San Pablo, donde la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE) presentará un informe técnico con las distintas alternativas para el transporte de gas en la región. El estudio evaluará rutas posibles, requerimientos regulatorios y escenarios de integración energética, y servirá como base para la toma de decisiones.
El interés en el desarrollo del proyecto también alcanza a organismos multilaterales, como la CAF, que analizan participar en el financiamiento de la infraestructura. La idea es avanzar hacia una red de interconexión regional capaz de atender la creciente demanda de países como Brasil, Paraguay, Bolivia y el norte de Chile.
La búsqueda de nuevos proveedores se volvió urgente a partir del declino de la producción boliviana. En ese escenario, Vaca Muerta aparece como la principal fuente de oferta adicional. Una porción menor podría provenir del presal brasileño, aunque el gas offshore enfrenta mayores costos, tanto por su composición técnica como por la necesidad de construir gasoductos submarinos.
Las proyecciones de demanda refuerzan el atractivo del proyecto. Se estima que, hacia 2035, Brasil requerirá cerca de 101 millones de metros cúbicos diarios de gas, lo que implica un crecimiento del 48% respecto de los niveles actuales. Paraguay, por su parte, podría demandar unos 10 millones de metros cúbicos diarios, mientras que Bolivia y el norte de Chile también muestran perspectivas de consumo en alza.
Para responder a ese escenario será necesario desplegar inversiones importantes. Estimaciones preliminares ubican en torno a los 18.000 millones de dólares el costo de una infraestructura regional completa. Sin embargo, en el sector destacan que con obras de menor escala ya podría iniciarse un flujo significativo de exportaciones desde Argentina.
Entre los proyectos prioritarios figura el gasoducto Tratayén–La Carlota, impulsado por Transportadora de Gas del Norte (TGN). La primera etapa demandaría unos 2.000 millones de dólares y permitiría ampliar la capacidad de transporte desde Neuquén hacia el norte del país, un paso clave para cualquier esquema exportador.
A partir de ese punto, las alternativas se diversifican. Una de las opciones más atractivas es utilizar la infraestructura existente en Bolivia, mediante la ampliación de la reversión del Gasoducto Norte. También se analizan corredores que atraviesen Paraguay o conexiones directas hacia el sur de Brasil, en dirección a Porto Alegre y San Pablo. Cada variante requiere inversiones adicionales y adecuaciones técnicas específicas.
En paralelo, distintas empresas energéticas trabajan en la estructuración de proyectos para presentarlos bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). En el sector coinciden en que el desarrollo exportador del gas argentino no dependerá únicamente de la infraestructura, sino también de condiciones macroeconómicas que mejoren la competitividad, reduzcan costos y brinden previsibilidad regulatoria para inversiones de largo plazo.