El Gobierno siente que logró oxigenarse tras el 25 de Mayo, aunque el malhumor social continúe marcando límites. Los datos de la macro también ilusionan, pero la realidad sigue siendo muy adversa.
Cuesta entender la omnipresencia del kirchnerismo si se tiene en cuenta su vulnerabilidad electoral. Pruebas al tanto, tomando al kirchnerismo como fuerza predominante dentro del peronismo, alcanza con detallar que perdió 6 de las últimas 8 elecciones nacionales. Así y todo, se le sigue asignando al kirchnerismo un peso específico que ya no tiene y que comenzó a perder hace mucho tiempo.
Estas fuerzas invencibles, como en los hechos dio la sensación de ser el kirchnerismo desde su nacimiento electoral a nivel municipal en la lejana Santa Cruz, cimentan buena parte de su crédito precisamente en el invicto electoral. Y vaya si lo consiguieron, ya que desde 1987 el kirchnerismo cosechó nada menos que once victorias consecutivas. En elecciones municipales, provinciales y nacionales. Recién en 2009 experimentó por primera vez el sabor de la derrota, cuando Néstor Kirchner se puso al frente de la elección legislativa bonaerense. Dos años después Cristina Fernández de Kirchner revalidó su gestión al ser reelecta por el 54% de los votos: pareció que la maquinaria electoral kirchnerista resucitaba aun con más vigor.
Pesaron muchos factores en ese resonante triunfo: la viudez de la presidenta reelecta fue un dato no menor, pero no el único. La economía se había recuperado desde 2010, el desempleo era bajo y había una mejora del consumo a partir de políticas activas (subsidios, paritarias, expansión del gasto), como así también el efecto de la AUH implementada en 2009, que amplió la base de apoyo en sectores populares. Y además, la oposición fue dividida a las presidenciales; desde entonces quedó claro para los factores de poder que el que se divide pierde en la Argentina.
Esa recuperación marcó una suerte de punto de inflexión en los festejos del Bicentenario, que durante cinco jornadas se desarrollaron en la 9 de Julio, bautizada en esos días como Paseo del Bicentenario. Fue una especie de cambio de clima de lo que había sido la desgastante pelea con el campo en 2008.
Salvando las distancias y circunstancias, no faltó quien viera algún punto de contacto entre lo sucedido hace 16 años y los festejos de este 25 de mayo que encabezó el presidente Javier Milei. Tantas expectativas se habían generado en torno a esa jornada, habida cuenta de la interna que podría considerarse “fratricida” en el seno del Gobierno, que al final del día prevalecían las caras de alivio y satisfacción en la Rosada.
Llegaba el Gobierno a esa celebración en su peor momento en la consideración pública, con peleas graves a cielo abierto que dominaron la escena largo tiempo y sobre todo la última semana, en la que dos de los miembros del ya inexistente “triángulo de hierro” se habían intercambiado munición gruesa sin solución de continuidad. Porque la guerra fue protagonizada los últimos días por Santiago Caputo y sus Fuerzas del Cielo, con Martín Menem, personificando en realidad a Karina Milei. Y al cabo del 25, la batalla entró en un impasse y la puesta en escena que pretendió ser esa jornada resultó, a los ojos libertarios, largamente positiva.
Todo fue bien cuidado: Manuel Adorni estuvo, pero en un segundo plano, sin eliminarlo del todo; a Patricia Bullrich la minimizaron durante el Tedeum y las caminatas en Plaza de Mayo, pero al final Milei la exhibió como la aliada que es en el balcón de la Rosada; y por supuesto la vicepresidenta Victoria Villarruel fue eliminada totalmente del evento, sin costo aparente.
La homilía de Jorge García Cuerva fue del tono que se esperaba y, tal cual habíamos adelantado, el Presidente no se hizo cargo de las críticas ni confrontó con el prelado, habida cuenta de las expectativas que esta administración tiene para la visita que descuenta hará el Papa León XIV en noviembre -cosa que el Gobierno insiste en anticipar, contrariando los protocolos vaticanos que reservan para la Santa Sede la potestad total de ese tipo de informaciones-.
La réplica extraoficial estuvo a cargo del diputado libertario Bertie Benegas Lynch, quien sin pelos en la lengua calificó al mensaje como “lamentable e injusto con los logros del Gobierno”. Dijo también que “algunos militan con sotana el regreso del peronismo que nos dejó 57% de pobres”, le endilgó la “romantización de la pobreza” y, como remate, completó su posteo con imágenes del arzobispo con Malena Galmarini, Sergio Massa y Alicia Kirchner -García Cuerva se inició en la diócesis de San Isidro y fue obispo de Río Gallegos, lo que explica esas fotos-. Bertie Benegas Lynch es hijo de Alberto Benegas Lynch (h), el mayor referente ideológico de Javier Milei, que lo considera el “máximo prócer de la libertad” dentro del liberalismo argentino, y que en octubre de 2023 propuso romper relaciones con El Vaticano si LLA llegaba al poder. No es descabellado pensar que el diputado libertario expresa claramente lo que piensa Milei y no puede decir. Al menos esta vez el Presidente se cuidó de no repostear la declaración de Bertie.
Con el caso Adorni en segundo plano -al menos hasta que se conozca la declaración jurada que el jefe de Gabinete sigue demorando en presentar, a 25 días de que el Presidente dijera que lo haría de manera inminente-, el optimismo volvió a la Casa Rosada a partir de datos de la macro que van en línea con lo que el ministro de Economía había prometido que sucedería a partir del mes pasado. Entre ellos, el crecimiento de las reservas del Banco Central, que superaron esta semana los 48.000 millones de dólares por primera vez desde 2019, mientras que volvía a caer por debajo de los 500 puntos básicos.
Con todo, las inversiones siguen sin notarse, tal cual lo confirmó esta semana el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, quien advirtió que “el país de las inversiones todavía no llegó”. Según confió el empresario, “todo lo que se está planificando, con la llegada de inversiones por 80 mil millones de dólares, todavía no está impactando en la economía”.
Más bien estamos muy lejos de esas cifras. Según datos de la OCDE sobre flujos de inversión extranjera directa difundidos los últimos días, nuestro país ocupa el último lugar en la materia entre las principales economías latinoamericanas. Primero está Brasil, con una inversión extranjera directa de 76.877 millones; seguido de México, con 40.871 millones y Colombia, con 11.462 millones. Argentina está un escalón debajo, con 3.134 millones de dólares: 20 veces menos que Brasil y 10 menos que México.
A la hora de buscar las razones, hay dos que le caben especialmente a esta gestión: la debilidad del mercado interno, por el desplome del consumo, y la parálisis de sectores como la construcción por la caída de la obra pública. No hay señales de que eso vaya a revertirse en lo inmediato.
En el Gobierno sostienen que Milei paró de caer y ya vienen tiempos benignos. Una encuesta de Management & FIT reveló esta semana que la evaluación positiva sobre la situación general del país alcanza el 18,2%, aumentando 2,8 puntos respecto de abril. Empero, lo que creció también es la mirada negativa: 2,1 puntos, llegando al 57%. La regular descendió, pasando de 29,5% en abril a 24,6% en mayo. Un 35,3% menciona una expectativa de mejora futura, aumentando levemente en 1,4. La evaluación negativa también creció 4,8 puntos en la ola actual, alcanzando 46%.
La situación económica personal se presenta negativa para el 40,9% y positiva solo para el 25,5%, aumentando ambas percepciones respecto de abril. Lo que bajó fue la mención regular.
La inflación ocupa el primer lugar a la hora de preguntar sobre los principales problemas, con un 24,7%, pero disminuyendo 3,6 puntos respecto de abril. La corrupción aumentó 2,7 puntos, llegando al 18,6%; tercera aparece la desocupación, con 15,8%.
Es la inflación la que precisamente pareciera ser el factor principal de incidencia en las expectativas respecto de La Libertad Avanza. El declive del Gobierno fue creciendo conforme se daba la escala ascendente del costo de vida, a contramano de la principal promesa electoral libertaria. El freno a la tendencia negativa se dio, según cuentan los que miden, con la baja del mes de abril. Buena señal en ese sentido es el anticipo del ministro Luis Caputo respecto de que la inflación de mayo será inferior a la de abril. En el Latin American Forum realizado esta semana en Buenos Aires, el ministro de Economía sostuvo que en 2027 la economía tendrá un peso determinante sobre el escenario político: “La economía se va a llevar puesta a la política”, vaticinó.
Que la imagen presidencial pare de caer no significa que esté mejorando su performance. Pero que el porcentaje negativo de Javier Milei sobrepase largamente el 50%, tampoco anticipa que vaya a perder la reelección. Aun con los números muy en contra, cuando la consulta es sobre intención de voto, todavía el líder libertario sigue cotizando en la cima.