El proyecto cuprífero de Calingasta avanza hacia la prefactibilidad tras una campaña clave de perforación. Aldebarán prevé presentar su adhesión al régimen entre fines de 2026 y comienzos de 2027, en un esquema de desarrollo por etapas.
El proyecto minero Altar, uno de los desarrollos de cobre más relevantes de San Juan, entra en una nueva fase de definición técnica y financiera. Tras una campaña intensiva de perforación, la operadora Aldebarán Resources avanza hacia el estudio de prefactibilidad con la mira puesta en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), al que prevé adherir entre fines de 2026 y principios de 2027 con una inversión inicial estimada en US$ 1.600 millones.
Ubicado en Calingasta, a pocos kilómetros de la frontera con Chile, el yacimiento se posiciona como un activo estratégico dentro del corredor cuprífero andino. A diferencia de otros proyectos de la región, Altar combina cobre con contenidos significativos de oro y plata, lo que refuerza su atractivo económico en el largo plazo.
La Evaluación Económica Preliminar (PEA), difundida a fines de 2025, proyecta una vida útil de 48 años y un esquema de explotación mixto: comenzará con minería a cielo abierto y, en una segunda etapa, migrará hacia un sistema subterráneo mediante block caving. El diseño responde a la magnitud del recurso y a la necesidad de optimizar costos a lo largo de décadas de operación.
En ese camino, la última campaña de perforación fue determinante. Con seis equipos trabajando en simultáneo, la empresa completó cerca de 24.000 metros de perforación diamantina, en una etapa más enfocada en consolidar información que en expandir el recurso.
“Ha sido una campaña muy exitosa. Ya no estamos en una fase 100% exploratoria, sino en una etapa de confirmación de datos clave para avanzar hacia la prefactibilidad”, explicó el country manager del proyecto, Javier Robeto.
Ese cambio de enfoque marca un punto de inflexión. Con la información geológica más robusta, la compañía busca reducir incertidumbres técnicas y avanzar hacia definiciones económicas más precisas, condición necesaria para estructurar el ingreso al RIGI.
La ventana para esa presentación ya está en evaluación. “La idea es poder aplicar antes de fines de 2026 o a comienzos de 2027, con un capex inicial cercano a los US$ 1.600 millones”, indicó Robeto. La reciente prórroga del régimen hasta julio de 2027 juega a favor de ese cronograma.
Según el ejecutivo, el propio funcionamiento del RIGI también evolucionó. “El régimen ya tiene dos años de rodaje, y tanto el sector público como el privado han afinado procesos. Hoy el mecanismo está más aceitado”, sostuvo.
La preparación de la solicitud, sin embargo, implica un trabajo técnico significativo. La empresa estima que solo la compilación de la documentación demanda unos tres meses, en coordinación con consultores especializados en ingeniería y ambiente.
El desarrollo de Altar se proyecta de manera escalonada. A la inversión inicial —clave para poner en marcha la operación— se sumarán sucesivos desembolsos de capital de mantenimiento y expansión (sustaining capital), que acompañarán el crecimiento de la mina a lo largo de su vida útil.
El potencial del yacimiento respalda esa estrategia. Según datos de la compañía, el recurso alcanza los 9 millones de toneladas de cobre, 5,1 millones de onzas de plata y 93,8 millones de onzas de oro, cifras que lo ubican entre los proyectos más grandes en carpeta en la provincia.
En paralelo, avanzan los estudios ambientales e hídricos, un eje crítico para la viabilidad futura. La perforación de pozos de agua busca completar el balance hídrico, un insumo clave para definir el diseño operativo en una zona de alta exigencia ambiental.
Con estos avances, Altar empieza a perfilarse como el quinto gran proyecto cuprífero de San Juan, junto a Vicuña, Los Azules, El Pachón y MARA. El desafío ahora es dar el salto desde la definición técnica hacia la concreción de la inversión, en un contexto donde el RIGI se posiciona como herramienta central para destrabar proyectos de gran escala.