La compañía llevó a la OEA un mensaje claro: el país combina recursos, renovables en expansión y un nuevo marco de incentivos que podría atraer inversiones millonarias en energía y centros de datos.
Durante la 56° Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), realizada en Panamá, la energética argentina Genneia buscó instalar a la Argentina como un destino estratégico para inversiones en energía y tecnología, en especial en el desarrollo de infraestructura vinculada a la inteligencia artificial.
La compañía, líder en renovables en el país, participó del Diálogo de Alto Nivel con el Sector Privado “Hacia una Agenda de Prosperidad: Posicionando a las Américas para una Nueva Ola de Oportunidades”, un ámbito que reunió a funcionarios, empresarios y organismos internacionales para debatir el futuro de la región en áreas clave como energía, comercio e innovación.
En ese marco, el presidente de Genneia, Jorge Brito, fue parte del panel “Energía y Recursos Críticos”, junto a ministros y ejecutivos de grandes jugadores globales como Exxon y AES. Allí planteó que la Argentina reúne condiciones para transformarse en un actor relevante dentro del nuevo mapa energético global.
“Argentina puede convertirse en un hub global de energía e inteligencia artificial”, sostuvo Brito, al destacar la combinación de recursos naturales, infraestructura en desarrollo y un entorno regulatorio que, según afirmó, “empieza a brindar la previsibilidad que requieren las inversiones de largo plazo”.
El empresario puso el foco en la complementariedad de los activos energéticos del país. Mencionó el potencial de Vaca Muerta, el desarrollo incipiente del gas natural licuado (GNL) y la capacidad de generación renovable, apalancada en la Patagonia y el norte argentino. “La combinación de recursos convencionales, no convencionales y renovables coloca a la Argentina en una posición privilegiada para responder a la creciente demanda global de energía”, planteó.
Uno de los ejes centrales de su exposición fue el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), al que definió como un punto de inflexión para el sector. “Es la herramienta jurídica y fiscal que permite viabilizar proyectos de escala. Otorga previsibilidad impositiva, aduanera y cambiaria por 30 años y cambia la ecuación para iniciativas como plantas de GNL o líneas de transmisión”, explicó.
El debate también giró en torno a un fenómeno que gana peso en la agenda global: el crecimiento exponencial del consumo energético asociado a la inteligencia artificial. En ese contexto, Brito planteó que la Argentina puede capitalizar esa tendencia.
“La inteligencia artificial demanda gigavatios de energía limpia. El país ya cuenta con más de 6.000 MW de capacidad renovable instalada y algunos de los mejores factores de carga eólicos del mundo”, afirmó. Ese diferencial, agregó, convierte a la Argentina en un destino competitivo para la instalación de centros de datos de nueva generación.
Según el ejecutivo, la disponibilidad de energía abundante, confiable y de baja huella de carbono será determinante en la localización de inversiones tecnológicas en los próximos años. “Tenemos la oportunidad de aprovechar estos recursos para atraer capital y desarrollar una nueva economía vinculada al conocimiento”, señaló.
Como cierre, Brito planteó que el desafío no es solo atraer inversiones, sino traducir ese potencial en desarrollo económico sostenido. “La Argentina tiene una oportunidad histórica: pasar de exportar recursos a producir energía e industrias asociadas con proyección internacional”, concluyó.