A 70 años de los fusilamientos de José León Suárez, una intervención en la Cámara de Diputados rescató la figura de Máximo von Kotsch, el abogado que defendió a los sobrevivientes de la masacre y facilitó el encuentro entre Juan Carlos Livraga y Rodolfo Walsh. Su papel decisivo para sacar a la luz aquellos crímenes y las persecuciones que sufrió durante la última dictadura permanecen, según destacó el diputado Eduardo Falcone, injustamente relegados de la memoria oficial.
En el marco de los homenajes realizados en la última sesión de la Cámara baja, el diputado nacional de Unión por la Patria Jorge Taiana homenajeó a las víctimas del fusilamiento de José León Suárez. “Los fusilados por la Revolución Libertadora al amanecer del 10 de junio de 1956 en los basurales de José León Suárez”, señaló el excanciller.
Tras ello, el diputado del MID Eduardo Falcone pidió la palabra para anticipar que haría una inserción relativa a ese homenaje, en este caso en memoria de un abogado platense, Máximo von Kotsch. “Se trata de un abogado frondicista de la UCRI que defendió a los dos sobrevivientes del fusilamiento al que hizo referencia el señor diputado Taiana”, señaló el legislador del MID.
Aquí está la historia de puño y letra de Eduardo Falcone, que el diputado insertó en la versión taquigráfica de la sesión del pasado 24 de junio en la Cámara de Diputados:
En 1976 la dictadura metió preso a un abogado platense, protagonista clave en una historia criminal decidida por otra dictadura en 1956, que se convirtió en una obra literaria publicada en 1957, casi setenta años antes de que una jueza del Juzgado Federal 2 de San Martin dictara una sentencia histórica, declarando esa barbarie como un crimen de lesa humanidad. Este mes se cumplieron 70 años de los fusilamientos de José León Suárez narrados por Rodolfo Walsh en Operación Masacre.
“Hay un fusilado que vive”, cuenta Walsh que escuchó una noche de diciembre de 1956, mientras jugaba al ajedrez en el Bar Rivadavia de La Plata. Ese fue el disparador de una investigación periodística que tuvo un impacto político superior al literario. Puso en conocimiento público un acto de violencia institucional que la dictadura quería ocultar a cualquier costo. Operación Masacre fue el principio del fin de esa intención de tapar todo. Durante 70 años hemos conocido cada vez más detalles de los fusilamientos de José León Suarez. Lo que resulta notable es la falta de reconocimiento a un actor clave, prácticamente silenciado tanto a nivel periodístico como político, pero fundamentalmente institucional. El rol de Máximo von Kotsch en esta historia trágica, políticamente archi difundida por el peronismo y con razones suficientes para ello, es tan relevante que cuesta creer que el grado de invisibilización de sus acciones en el proceso judicial que le salvo la vida y la libertad al fusilado de Operación Masacre, haya sido obra de la casualidad. Mas aun cuando hay registros de su nombre de sus acciones en una obra literaria que fue un best seller leído y releído por millones de personas. Evidentemente hubo una acción deliberada para ocultarlo, probablemente ello haya ocurrido porque en ese momento von Kotsch no era un abogado peronista sino uno que simpatizaba por el radicalismo intransigente que encarnaba Frondizi. Volvamos a Operación Masacre. En la reconstrucción de su investigación, el autor cuenta cómo y cuando conoció al abogado platense: “El 18 de diciembre de 1956 tuve la primera noticia de la masacre. El 20 conocí al doctor von Kotsch y obtuve copia de la demanda judicial de Livraga. El 21 conocí a Livraga”. ¿Quién era Livraga? Uno de los fusilados de José León Suárez que sobrevivió de milagro. El fusilado que estaba vivo, y que no volvió a ser fusilado gracias a los buenos oficios de von Kotsch.
Máximo Miguel von Kotsch trabajaba de abogado en la Plata y militaba en la intransigencia del radicalismo, un sector de la UCR que se transformó luego en la UCRI, el partido que en 1958 llevo al ex diputado nacional Arturo Frondizi a la Presidencia de la Nación. En la época de los fusilamientos, la intransigencia radical tenía una visión proto desarrollista, y políticamente representaba una posición mucho más crítica de la Revolución Libertadora que el sector interno de la UCR liderado por Balbín. Era evidente que Frigerio y Frondizi tenían una posición integracionista respecto del peronismo. Balbín, sostenía lo contario. Por algo la Libertadora hizo todo lo posible para que ganara Balbín pero los peronistas, que de suicidas no tenían un pelo, votaron masivamente por Frondizi.
En 1956, el doctor Von Kotsch, “Lolo” para los amigos, tenía solo 32 años, pero ya era uno de los penalistas más reputados de La Plata. En el invierno de ese año Aramburu y Rojas eran los dueños del poder en la Argentina. Ya habían bombardeado la Plaza de Mayo con una brutalidad asesina. Después lo derrocaron a Perón, proscribieron a los peronistas y fusilaron a Valle y a otros militares que trataron de resistir. En la madrugada del 10 de junio de 1956, la Revolución Libertadora encabezada por esos dos gorilas había secuestrado y luego fusilado a un grupo de civiles en los basurales de José León Suárez. Buscaban a compañeros de Tanco, un militar de la resistencia peronista. Los masacraron y pensaban ocultar la historia. A tal finm querían que los pocos sobrevivientes del fusilamiento también desaparecieran de la faz de la Tierra.
Dicen que fueron sus contactos frondizistas quienes le informaron a Von Kotsch de la existencia de unos presos muy heridos y mal detenidos en el conurbano, y que sus contactos del lado policial le confirmaron que entre esos presos había “un desgraciado que no terminaba de morir. Era Livraga. Von Kotsch fue a Olmos a ver al “desgraciado” con sus propios ojos. Parece que también entre los presos circulaba el dato de “un abogado con contactos en el radicalismo intransigente, que le ponía garra a la gestión de defender a sus clientes detenidos y hacer justicia”. Livraga y otro fusilado sobreviviente pudieron hablar con él. El abogado platense escuchó el relato de aquella madrugada y tomó el caso, sin cobrar un peso. Habló con el padre de Livraga, quien le dio un papelito rescatado por las enfermeras del Policlínico de San Martín: el recibo de los efectos personales del fusilado que vivía, emitido por la Unidad Regional donde había estado detenido antes de la masacre. Una prueba mínima, pero en las fogueadas manos profesionales de Von Kotsch resultó decisiva.
Una noche, sus carceleros le dijeron a Livraga que iba a salir en libertad. Lo primero que pensó es que se trataba de una trampa para matarlo. Le volvió el alma al cuerpo cuando a la salida del pabellón, apoyado en una columna, lo esperaba el doctor Von Kotsch. El abogado no se detuvo ahí. Convenció al fusilado para que hablara públicamente. “Livraga, si te quieren matar, te van a matar hablando o sin hablar. Te conviene hablar”, le dijo. Unos días después, en su propio estudio de La Plata, Von Kotsch reunió a Livraga con Rodolfo Walsh y le entregó al periodista una copia de la declaración judicial de su defendido. Tres días después, Walsh publicó su primer escrito sobre el caso. De esas circunstancias nació Operación Masacre.
No había que ser vidente para predecir que cuando volvieron al poder en 1976 los militares que habían derrocado a Perón en 1955 y a Frondizi en 1962, iban a tratar de cobrarse la factura que le tenían jurada a Von Kotsch. Un abogado con origen frondizista que había defendido a un preso acusado de ser parte de la rebelión de los generales peronistas Valle y Tanco era un blanco perfecto. Apenas llegó al país de un viaje familiar lo metieron preso. El abogado estaba seguro de que se trataba de un error. Un policía amigo que olfateaba mal le sugirió “Lolo, presenten un Habeas Corpus urgente”. El abogado, como la mayoría de los argentinos en ese momento, desconocía que estaban desapareciendo personas ilegalmente y se negó a que presentaran su propio Habeas Corpus. “Tiene que ser un error, si yo no hice nada. Confíen en mí”, le dijo a su familia. Era cierto, no había hecho nada ilegal. Pero los que decidían todo sin atenerse a las normas legales precisamente no le perdonaban haber ejercido su profesión para liberar a Livraga justo cuando la Libertadora quería terminar lo que había dejado pendiente con el fusilado que todavía vivía. Su esposa Mimi y su hijo Eric fueron a ver a su secuestrador, el coronel López Jouvet para averiguar sobre el paradero de Von Kotsch que estaba desaparecido, y las causas de su detención. El coronel le espetó a su esposa, señalando con su mano, un mensaje escalofriante: “¿Ve esos muebles que están allá? Bueno, están llenos de gente como su marido que me puede molestar en mis investigaciones, así hasta que yo quiera van a estar ahí. Todos, su marido también”.
Gracias a la presión de viejos amigos políticos, lo liberaron nueve meses después. No pasó demasiado tiempo y lo chuparon otra vez. Temiendo lo peor, su familia lo buscó por cielo y tierra. Lo encontraron en la Comisaría 31 en Palermo, varias semanas después. Esta vez fue un subcomisario de la bonaerense que conocía la honorabilidad de Von Kotsch quien logró su liberación. Según su hijo Eric “Ese policía le salvó la vida a mi papá, literalmente”.
El resto de su existencia estuvo marcado por esa historia de 1956 y por figurar con nombre y apellido en Operación Masacre. Falleció en 1997, pero, a mi juicio, nunca fue recordado como merece. Abundan las referencias mediáticas sobre la masacre de José León Suárez, pero nunca hablan del abogado que salvó a Livraga, el fusilado que todavía vive. Hay un par de notas sobre su vida en algunos medios digitales y apenas encontramos tres o cuatro menciones de su nombre en Operación Masacre. No hay más que eso. Ningún reconocimiento público en ninguna instancia oficial.
No cobró un peso. No buscó reconocimiento. El Estado no lo reconoció, ni lo registra, pero dos de los fusilados sobrevivientes nunca olvidaron los servicios profesionales del abogado. Le regalaron un tintero que aún guarda la familia como un tesoro, que reza “Al Dr. Máximo von Kostch. Miguel Giunta y Juan C, Livraga, como muestra de gratitud. 16 de agosto de 1956”.

Considero que el Estado argentino, hasta hoy, no lo ha reivindicado como se merece. Por eso, solicito una inserción en el Diario de Sesiones de esta Cámara como complemento al homenaje que el diputado Taiana rindió a los fusilados de José León Suárez. Para que el nombre de Máximo von Kotsch conste en actas oficiales del Estado, precisamente en la institución que hace las leyes que él defendió en una dictadura, a riesgo de su vida.