Tras más de cuatro décadas de democracia, la Argentina enfrenta un nuevo desafío: dejar atrás las discusiones ideológicas del pasado para construir un modelo de desarrollo sostenible. Andrés Vallone propone una síntesis entre la libertad económica que promueve la inversión y la productividad, y la justicia social que pone al trabajo en el centro de la vida comunitaria, bajo el concepto de un “capitalismo social”.
En la Argentina solemos discutir el pasado con más pasión de la que imaginamos el futuro. Seguimos atrapados en debates que dividen antes de construir: mercado o Estado, liberalismo o peronismo, derecha o izquierda. Mientras tanto, el mundo dejó atrás esas dicotomías y comenzó a competir por productividad, innovación, conocimiento y desarrollo.
La democracia argentina cumplió más de cuatro décadas. La primera etapa fue la recuperación de las instituciones en 1983. La segunda estuvo marcada por la búsqueda de estabilidad económica y las reformas estructurales de los años noventa. La tercera transitó entre la ampliación de derechos, el crecimiento impulsado por el consumo y el regreso de un Estado con fuerte protagonismo. Hoy estamos ingresando en una cuarta etapa: la etapa del desarrollo.
No alcanza con estabilizar la economía. Tampoco alcanza con distribuir si antes no existe riqueza que distribuir. El desafío histórico consiste en construir un modelo que permita crecer de manera sostenida y que ese crecimiento llegue efectivamente a quienes producen, trabajan, emprenden e invierten.
La macroeconomía comienza a mostrar signos de recuperación. Sin embargo, la microeconomía todavía espera. Existe una macro que mejora y una micro que continúa estancada. Allí aparece la verdadera discusión política de los próximos años: ¿cómo transformar la estabilidad en desarrollo?
Adam Smith comprendió que la riqueza nace de la libertad económica, la inversión y el trabajo productivo, pero también defendió un Estado que garantizara reglas, educación e infraestructura. Perón entendió que el crecimiento solo adquiere legitimidad cuando mejora la calidad de vida de la comunidad, poniendo en el centro al trabajo y la justicia social.
La Argentina necesita un Capitalismo Social: un sistema donde la inversión privada sea el motor del crecimiento y el Estado genere las condiciones para que esa riqueza se transforme en empleo, movilidad social y oportunidades. El equilibrio fiscal debe ser el punto de partida, no el punto de llegada.
Tomar de Adam Smith la cultura del mérito, la inversión y la libertad económica. Tomar de Perón la centralidad del trabajo y la justicia social. Construir una síntesis superadora. Ese debería ser el gran acuerdo nacional de las próximas décadas, no para ganar una elección, sino para que la Argentina vuelva definitivamente a construir futuro.
Andrés Vallone es consultor y Analista Político