Cuando Pampa Energía adquirió en junio de 2023 el 100% de Rincón de Aranda, sumó a su cartera uno de los bloques con mayor potencial petrolero de la ventana de black oil de Vaca Muerta. Sin embargo, el activo presentaba un desafío mayúsculo: carecía completamente de infraestructura para desarrollar una operación a escala. Tres años […]
Cuando Pampa Energía adquirió en junio de 2023 el 100% de Rincón de Aranda, sumó a su cartera uno de los bloques con mayor potencial petrolero de la ventana de black oil de Vaca Muerta. Sin embargo, el activo presentaba un desafío mayúsculo: carecía completamente de infraestructura para desarrollar una operación a escala.
Tres años después, el escenario comenzó a cambiar. La reciente aprobación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) para el proyecto le otorgó respaldo a una inversión estimada en US$ 4.500 millones destinada a acelerar tanto el desarrollo de los pozos como la construcción de las instalaciones necesarias para procesar, transportar y evacuar la producción.
La compañía que conduce Marcelo Mindlin se encontró ante un desarrollo completamente greenfield. Para poner en marcha el proyecto fue necesario construir desde cero la infraestructura básica. Entre las primeras obras se incluyeron 82 kilómetros de caminos consolidados para garantizar la logística en una de las zonas más aisladas del norte de Vaca Muerta.
Además, la empresa levantó un campamento con capacidad para 570 personas, aunque durante los picos de actividad llegó a alojar a cerca de 850 trabajadores dedicados a las tareas de construcción. Así lo detalló Daniel Vesprini, responsable de instalaciones de Pampa Energía, durante las Segundas Jornadas de Midstream organizadas por el IAPG Comahue en Neuquén.
El desarrollo del bloque avanzó rápidamente. En marzo de 2024 entró en operación el segundo pozo piloto, una instancia clave para analizar las características del crudo parafínico presente en el área y ajustar los diseños de producción.
El plan original de la compañía fijaba como objetivo alcanzar los 20.000 barriles diarios hacia fines de 2025. La evolución del proyecto permitió superar esas expectativas y para mayo de 2026 la producción ya había sobrepasado los 25.600 metros cúbicos diarios de petróleo.
Uno de los principales desafíos fue definir la infraestructura de procesamiento. Los equipos técnicos analizaron dos alternativas: instalar facilidades tempranas de producción (TPF) o avanzar directamente con una Planta Central de Procesamiento (CPF).
Tras realizar estudios conceptuales, presupuestos preliminares y análisis de confiabilidad operativa, la empresa concluyó que la CPF ofrecía mejores resultados económicos para un horizonte de desarrollo estimado en 30 años.
Actualmente, Pampa construye una planta modular que ya registra un avance cercano al 63%. El complejo reúne 197 equipos de proceso, de los cuales alrededor de un centenar forman parte del núcleo operativo.
La ingeniería original incluso debió ser revisada durante la ejecución. El comportamiento del reservorio mostró un nivel de producción de agua superior al estimado inicialmente, por lo que fue necesario ampliar la capacidad de tratamiento hasta los 4.000 metros cúbicos.
La evacuación de hidrocarburos continúa siendo uno de los principales condicionantes para los nuevos desarrollos de Vaca Muerta. Frente a ese escenario, Pampa Energía optó por apoyarse en infraestructura existente mediante acuerdos con operadores vecinos.
Para el transporte de crudo, la compañía selló una alianza con YPF que incluyó la construcción de un oleoducto de 10 kilómetros para conectar la producción de Rincón de Aranda con la infraestructura de La Amarga Chica. Desde allí, el petróleo puede ser derivado hacia otros nodos estratégicos de la cuenca, como Loma Campana y Borde Montuoso.
En paralelo, el tratamiento del gas asociado requirió soluciones específicas debido a su tendencia a condensar líquidos durante el transporte. Para resolverlo, se incorporaron sistemas de sobrecalentamiento y se concretó una vinculación con Vista mediante un nuevo gasoducto conectado a Bajada del Palo. Esa integración permite inyectar gas hacia el sistema Borde Montuoso-Tratayén.
La infraestructura interna del yacimiento también implicó un despliegue de gran escala. La red de captación alcanza 74 kilómetros de ductos construidos con cañerías de polietileno reforzado, seleccionadas por su resistencia a la corrosión y por su capacidad para minimizar los efectos de la parafina.
La configuración de líneas paralelas aporta flexibilidad operativa y permite ejecutar tareas de mantenimiento sin afectar la producción de los pads.
La digitalización del bloque se apoya en una red de fibra óptica instalada junto a los ductos y conectada a cinco separadores fijos que monitorean y controlan gran parte de las operaciones. El manejo del agua, por su parte, se resuelve mediante un acueducto de 12 kilómetros que vincula las piletas de fractura con los pozos sumideros.
El esquema se completa con una importante obra eléctrica. Para abastecer una demanda inicial de 8 MW y acompañar futuras expansiones, Pampa proyectó 28 kilómetros de tendidos de media tensión en 33 kV, otros 11 kilómetros en 13,2 kV y la instalación de 14 subestaciones.
Con el respaldo del RIGI y una infraestructura que avanza a toda velocidad, Rincón de Aranda se perfila como uno de los desarrollos petroleros más relevantes de la nueva etapa de crecimiento de Vaca Muerta.