Tras un primer semestre récord, la actividad de fractura hidráulica en Vaca Muerta registró en julio su mayor caída mensual del año. Aunque las operaciones retrocedieron 27%, el nivel de actividad sigue entre los más altos de la historia y mantiene abiertas las chances de cerrar 2026 con una nueva marca histórica.
Luego de encadenar meses de actividad récord, Vaca Muerta mostró en julio una desaceleración significativa en su ritmo de complementación de pozos. La formación registró 2.010 etapas de fractura hidráulica, una cifra que representó una caída del 27,2% respecto de junio y marcó el mayor retroceso mensual de lo que va de 2026.
Los datos surgen del relevamiento elaborado por Luciano Fucello, country manager de NCS Multistage, y reflejan una merma de 750 etapas frente al mes anterior. Además, el resultado puso fin a una secuencia de seis meses consecutivos por encima de las 2.300 fracturas, un umbral que se había sostenido desde el inicio del año.
Aun así, el freno de julio no alcanza para alterar el sólido desempeño acumulado por el shale neuquino. Entre enero y julio se completaron 16.968 etapas de fractura, con actividad de 11 operadoras en la cuenca. En ese escenario, YPF volvió a consolidarse como el principal actor del desarrollo, al concentrar el 47,9% de las operaciones realizadas durante el año.
Las etapas de fractura son consideradas uno de los indicadores más precisos para seguir la evolución de Vaca Muerta. A diferencia de los datos de producción, que suelen conocerse con mayor demora, permiten monitorear casi en tiempo real el avance de los programas de perforación y completación, además de anticipar la incorporación futura de nuevos volúmenes de petróleo y gas.
La baja de julio se produjo, además, luego de un junio excepcional. Ese mes había establecido el récord histórico de actividad en Vaca Muerta, superando incluso la marca alcanzada en marzo. Los especialistas sostienen que esa base de comparación extraordinariamente alta explica buena parte de la magnitud del retroceso observado durante el inicio del segundo semestre.
Pese al descenso, el promedio mensual de los primeros siete meses del año se mantiene por encima de las 2.400 etapas, un nivel que continúa ubicándose entre los más elevados desde que comenzó el desarrollo masivo de la formación no convencional.
Con este panorama, las proyecciones de la industria siguen apuntando a un objetivo ambicioso: superar las 28.000 etapas de fractura al cierre de 2026. Sin embargo, para alcanzar esa meta será necesario que la actividad recupere en los próximos meses una dinámica más cercana a la observada durante el primer semestre.
La evolución de la segunda mitad del año será clave para determinar si la caída de julio respondió a una pausa operativa puntual o si anticipa una etapa de moderación más prolongada. Por ahora, el balance de 2026 muestra dos momentos claramente diferenciados: una primera mitad marcada por récords y máximos históricos, y el inicio del segundo semestre con una desaceleración relevante, aunque todavía dentro de niveles operativos excepcionalmente altos.