Los tropiezos políticos del ministro de Desregulación expusieron algo más profundo que un error de gestión: la falta de coordinación en el esquema de poder que hoy comparten el Presidente y su hermana. Sin el control que ejercía el extinguido "triángulo de hierro", el Gobierno acumula cortocircuitos internos, dificultades legislativas y señales de desgaste en un contexto político y económico cada vez más complejo.
Los traspiés en el Gobierno de La Libertad Avanza protagonizados esta semana por el polémico ministro Federico Sturzenegger, reflejan en realidad la falta de sintonía en el doble comando de poder que sustituyó al “triángulo de hierro”, y que ahora ejercen el presidente Javier Milei y su hermana Karina, quienes parcelaron el poder de la Casa Rosada.
Hasta que estalló el escándalo Adorni, el jefe de Estado era el que se ocupaba de la economía con los ministros de Economía, Luis Caputo, y el de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, y la secretaria general de la Presidencia de la Jefatura de Gabinete y el resto de los ministerios.
Pero ya no hay un contralor global como había en la gestión inicial de un año y medio del tan mentado y extinguido “triángulo de hierro” compuesto por los Milei y el asesor presidencial Santiago Caputo, hoy en caída libre.
Además, el Presidente maneja las relaciones internacionales y Karina la jefatura partidaria de La Libertad Avanza y, por lo tanto, el diseño político y la campaña electoral.
Y al doble comando que arrancó el año pasado con los hermanos Milei le falta sintonía y ello provocó cortocircuitos desde que estallaron las andanzas de Manuel Adorni, con costosas y sorpresivas adquisiciones de propiedades que exceden su sueldo, más viajes furtivos siendo funcionario y un dispendio inusual de grandes cantidades de dólares en sus gastos, algunos excéntricos, como la cascada en su casa de Indio Cua.
En el caso de Sturzenegger, lo controla el presidente Milei, un admirador del “Coloso”, a quien le encargó el desguace con motosierra del Estado y de esa forma fue autor intelectual de la reforma estructural de La Ley de Bases y otras desregulaciones.
Pero, es sabido que a Sturzenegger lo consideran un gran funcionario técnico, pero con cero tacto político (en la presidencia de Mauricio Macri era titular del Banco Central y también terminó mal), y el hecho de que se le haya dado el visto bueno a todas sus reformas lo envalentonó y le hizo “pisar el palito” y cometer errores garrafales.
Fue esta semana con su decreto desregulador de la actividad marítima y el proyecto de ley sobre inviolabilidad de la Propiedad Privada, finalmente desguazado en el Senado.
Pero el tema es que ni Milei ni nadie le hizo de filtro a ambas iniciativas, ya de por sí polémicas, ni nadie advirtió que el humor de la sociedad había cambiado durante el Mundial de Fútbol, soplando ahora soplan vientos nacionalistas que reavivaron el trapo de Malvinas tras el triunfo de Argentina a Inglaterra, como así también que la desregulación marítima se quiso imponer de prepo, sin consenso.
Lo cierto es que Milei está obsesionado con formar un ejército libertario latinoamericano con otros presidentes de su ideología, y en dar certezas al establishment de que el modelo perdurará tras las elecciones del año próximo, cuando piensa reelegir.
Tal vez por esas cuestiones Milei descuida la economía diaria, donde no se ha cumplido por ejemplo su promesa de que “inflación cero” en agosto y, lo que es peor -pese al relato de los periodistas influencers libertarios-, la realidad ahora no se puede disfrazar y hay posibilidades de que retome la escalera ascendente.
En tanto, la secretaria general de la Presidencia tiene también problemas porque el jefe de Gabinete, Diego Santilli, no le consiguió los votos de los aliados para votar la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, y tampoco logra los acuerdos necesarios para suspender o derogar las elecciones primarias PASO.
El problema es que para Karina Milei es central lograr que no haya PASO el año próximo, pues entiende que podrían servir para resolver la interna del PJ entre Axel Kicillof y Cristina Fernández de Kirchner, quienes se disputan la primacía del partido de Juan Perón.
Así es como cada uno “atiende su juego” y ambos están obsesionados con sus temas, sin que exista ya la coordinación que ejercía en el “triángulo de hierro” el asesor Santiago Caputo, quien oficiaba de un virtual jefe de Gabinete.
Otro logro del Gobierno.