Del vocero todopoderoso al funcionario acorralado por denuncias, viajes polémicos y cuestionamientos patrimoniales. La citación judicial del fiscal Gerardo Policita marca un punto de inflexión en una trayectoria tan vertiginosa como controvertida.
El contador e influencer libertario Manuel Adorni ingresó inesperadamente a la política grande como vocero presidencial el 10 de diciembre de 2023, y la impetuosa ola de reformas con la motosierra lo convirtieron en un actor gravitante y único del Gobierno, pero su metórico ascenso luego a jefe de Gabinete, antecedido por su gran elección en la Ciudad, lo obnubilaron a límites insospechados y lo llevó a cometer errores garrafales.
Adorni empezó como el funcionario más importante después del “triángulo de hierro” conformado por el presidente Javier Milei, su hermana Karina y el asesor presidencial Santiago Caputo, pero terminó repudiado por todo el Gabinete porque nunca pudo justificar excesivos gastos como funcionario en propiedades y en viajes furtivos con su familia, que pretendió ocultar, pero que la prensa independiente destapó.
Adorni logró como vocero un blindaje informativo inusual para un país como Argentina, aún con prensa independiente, no solo para él, sino para las figuras principales del Gobierno de La Libertad Avanza.
Ese blindaje lo llevó a extralimitarse con la prensa acreditada en Casa Rosada, a la que constantemente maltrató y ninguneó. Incluso, puso estudiantes de periodismo a participar de las conferencias de prensa como pares de los acreditados.
El presidente Javier Milei no dio todavía ninguna conferencia de prensa a agenda abierta, lo cual lo convierte en el primer magistrado en no ponerse de frente a los periodistas para responder preguntas desde el retorno a la democracia (hasta algunos dictadores dieron conferencias de prensa, como Jorge Rafael Videla, al que el periodista José Ignacio López le formuló la hoy emblemática pregunta que dio origen al término “desaparecidos”).
Adorni endureció sus maltratos a medida que transcurría el tiempo, a la vez que espaciaba cada vez más sus encuentros con la prensa, que inicialmente eran diarios y finalizaron con uno o dos mensuales.
En una de sus conferencias de prensa hasta fantaseó con hacer una consulta para agregar periodistas a través de una votación popular tipo Gran Hermano y también dictó un protocolo que coartó la libertad de los periodistas en la Casa Rosada.
Pero Adorni era intocable. Estaba bajo el cobijo áulico de Javier y Karina Milei, que lo hacía sentir cómodo en la cima del poder, cosa que no solo los periodistas que lo trataban en la Rosada advirtieron, sino también el resto del Gobierno y así llegó a ser legislador electo al ganarle las elecciones al Pro, en mayo de 2025.
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legislativas de octubre de 2025, le sumó la Jefatura de Gabinete, en realidad un sello formal, porque Karina Milei tomó las riendas del poder en lugar del depuesto Guillermo Francos.
Un viaje a Nueva York con los Milei en marzo de este año lo deslumbró… o desbordó. Y cayó en la trampa que suelen caer los advenedizos de la política: en su caso llevó a su esposa Bettina Angeletti en el avión presidencial, pese a que el mismo había dictado un decreto en los días previos prohibiendo a funcionarios subir a familiares a viajes presidenciales.
El periodista de Clarín Emiliano Russo descubrió la foto de Adorni y su esposa en el viaje que los delataba, y su equipo arregló una nota para justificar lo injustificable: ahí, altanero, dijo aquello de que había ido a “deslomarse” cinco días a la Gran Manzana y que por eso había llevado a su esposa como apoyo.
La frase “me estoy deslomando” causó furor en los medios, pero poco después apareció un viaje furtivo a Punta del Este, tras lo cual fue sumando “novedades”, una más escandalosa que otra.
En otra nota, el ahora exfuncionario dijo que había ido a Uruguay en el “único viaje” que había realizado con su familia para descansar cuatro días, pero luego se supo de muchos viajes más y otras mentiras, como así también gastos elevados en dólares y la adquisición de nuevas y costosas propiedades (sus allegados lo hundían, cono la estrambótica escribana Adriana Nechevenko y el contratista Matías Tabar).
Ya no era el Adorni todopoderoso de la película de Holywood. Perdió la cobertura mediática y todas las balas a partir de entonces le entraron. En Casa Rosada empezaron a mirarlo de reojo.
El caso detonó al gobierno entre marzo, abril y mayo, y distanció a Javier de Karina Milei, porque la secretaria general de la Presidencia apoyó inicialmente a Adorni, pero al ver la caída en las encuestas quiso apartarlo, aunque el jefe de Estado lo bancó a rajatabla. Hasta que llegó el momento de la eyección.
Ahora, tras la citación del fiscal Gerardo Policita- es el “momento Adorni”: solo, sin blindaje informativo, sin cobertura política, sin que casi nadie le clave siquiera un visto en el Whatsapp y con un elevado repudio en las encuestas, se juega su destino.