Un informe de la Cámara Argentina de Empresas Mineras proyecta que la puesta en marcha de los principales proyectos de cobre y litio podría transformar el mapa productivo del país en la próxima década. Argentina tendría capacidad para ingresar al top 10 mundial de productores de cobre y sumar más de 340.000 toneladas de litio equivalente, con inversiones millonarias y fuerte impacto en el empleo.
La minería argentina se encamina hacia una década decisiva. Impulsada por una cartera de proyectos de cobre y litio en distintas etapas de desarrollo, la actividad podría convertirse en uno de los principales motores de inversión, exportaciones y generación de empleo del país.
Un informe elaborado por la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM) trazó una proyección sobre la evolución de las operaciones más avanzadas del sector y concluyó que, de concretarse los cronogramas previstos, Argentina podría dar un salto productivo de escala internacional.
El estudio, basado en análisis de factibilidad, prefactibilidad y evaluaciones económicas preliminares desarrolladas bajo estándares internacionales NI 43-101 y JORC, también incorporó información proveniente de reportes corporativos, presentaciones realizadas en el marco del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y aportes de empresas asociadas a la entidad
La investigación tomó como referencia el Catálogo de Proyectos de CAEM, que reúne más de 72 iniciativas mineras aún sin desarrollar y que, en conjunto, representan inversiones superiores a los US$50.000 millones. Más del 70% de ese monto corresponde a seis grandes proyectos de cobre, mientras que cerca del 25% está vinculado a 16 emprendimientos de litio. El porcentaje restante se distribuye entre proyectos de oro, plata y uranio.
El informe identifica al cobre como el mineral con mayor potencial transformador para la economía minera argentina. Actualmente, la producción nacional es marginal y se concentra en una única operación de pequeña escala en Jujuy.
Sin embargo, la puesta en marcha de los seis proyectos cupríferos más avanzados modificaría radicalmente ese escenario. De acuerdo con las estimaciones de CAEM, la producción nacional podría superar el millón de toneladas anuales y escalar hasta unas 1,25 millones de toneladas de cobre fino hacia 2040, posicionando al país entre los diez mayores productores del mundo.
La mayoría de estos emprendimientos iniciaría su construcción entre 2026 y 2028, mientras que el comienzo de las operaciones comerciales se concentraría entre 2029 y 2031.
Entre ellos se destaca el distrito Vicuña, que presenta un esquema de desarrollo por etapas. Según la proyección, la primera fase se extendería entre 2026 y 2030, la segunda entre 2030 y 2032 y la tercera desde 2033 hasta 2037. En contraste, PSJ Cobre Mendocino, debido a su menor tamaño relativo, requeriría apenas dos años de construcción antes de iniciar la producción.
El informe advierte además que el crecimiento no será inmediato. Como sucede habitualmente en este tipo de emprendimientos, las plantas atraviesan un período de ramp-up durante el cual incrementan gradualmente su capacidad operativa. Bajo ese supuesto, la producción alcanzaría el 50% de su potencial durante el primer año y llegaría al máximo rendimiento durante el segundo.
El panorama del litio es diferente. Argentina ya cuenta con una industria en funcionamiento y una trayectoria productiva de más de dos décadas liderada por Mina Fénix, en Catamarca, que inició operaciones en 1998.
El mayor impulso llegó en los últimos diez años, cuando las empresas destinaron más de US$7.600 millones para construir seis nuevas operaciones y ampliar otras dos. Actualmente existen siete proyectos en producción con una capacidad instalada conjunta de 200.770 toneladas de carbonato de litio equivalente (LCE).
No obstante, varias de esas plantas fueron inauguradas recientemente y aún no alcanzaron su capacidad plena, por lo que la producción efectiva permanece por debajo de ese nivel.
Para proyectar la evolución del sector, CAEM seleccionó 12 proyectos avanzados entre nuevas iniciativas y ampliaciones. La estimación indica que podrían sumar unas 342.000 toneladas adicionales de capacidad productiva durante la próxima década.
De acuerdo con el escenario analizado, entre 2026 y 2033 habría al menos un proyecto de litio en construcción cada año. En promedio, el sector incorporaría cerca de 39.000 toneladas anuales de capacidad nueva.
El análisis también revela diferencias sustanciales entre los desarrollos de cobre y litio en materia de inversiones y demanda laboral.
Tomando como referencia modelos estándar de ambos tipos de operaciones, la entidad concluyó que el capital inicial requerido para un proyecto de cobre es aproximadamente seis veces superior al de uno de litio.
Las diferencias también se reflejan en la generación de empleo. Durante la construcción, un proyecto de litio suele requerir entre 500 y 700 trabajadores, mientras que una mina de cobre puede alcanzar picos cercanos a las 9.000 personas.
En la etapa operativa, los emprendimientos de litio emplean habitualmente entre 300 y 400 trabajadores directos. En los proyectos cupríferos esa cifra ronda los 1.000 puestos de trabajo.
La construcción de nuevos proyectos aparece como uno de los segmentos de mayor impacto económico para la industria nacional.
Según el informe, una operación típica de litio basada en salmueras y diseñada para producir 20.000 toneladas anuales de LCE demanda millones de metros cúbicos de movimiento de suelo, decenas de miles de metros cúbicos de hormigón, miles de toneladas de acero estructural y cientos de kilómetros de tuberías.
A ello se suman campamentos para más de mil trabajadores, laboratorios temporales, maquinaria especializada, sistemas de bombeo, servicios de ingeniería, supervisión técnica y control de calidad.
Para CAEM, estas cifras permiten dimensionar el potencial efecto multiplicador que tendría el desarrollo minero sobre empresas constructoras, fabricantes de insumos industriales, firmas de ingeniería, prestadores de servicios y cadenas de proveedores locales.
Si los principales proyectos logran concretarse en los plazos previstos, la minería argentina podría ingresar en una nueva etapa de expansión, con el cobre y el litio como protagonistas de una transformación que promete inversiones multimillonarias y un fuerte aporte a las exportaciones del país.