Con una inversión estimada en US$5.250 millones y reservas para 35 años de producción, el megaproyecto de cobre, oro y molibdeno de First Quantum en Salta busca convertirse en una de las minas más importantes de Argentina. Sin embargo, la aprobación ambiental, los derechos de agua y el acceso al RIGI siguen siendo claves para iniciar su construcción.
Mientras Argentina apuesta a consolidarse como uno de los grandes productores de cobre de la región, el proyecto Taca Taca continúa avanzando en una etapa decisiva. La iniciativa de First Quantum Minerals, emplazada en la Puna salteña, ya cuenta con una escala productiva de relevancia internacional, recursos definidos y una inversión proyectada de US$5.250 millones, aunque todavía depende de una serie de definiciones regulatorias y económicas para dar el salto hacia la construcción.
Ubicado a unos 35 kilómetros de Tolar Grande, el yacimiento de cobre, oro y molibdeno es controlado íntegramente por la compañía canadiense y figura entre los desarrollos mineros más ambiciosos que buscan ponerse en marcha en Argentina durante la presente década.
La actualización técnica del proyecto realizada en 2026, bajo el estándar internacional NI 43-101, ratificó el potencial de Taca Taca como uno de los principales activos cupríferos del país. Según el informe, las reservas minerales alcanzan aproximadamente 1.990 millones de toneladas, con una ley promedio de 0,42% de cobre y 0,09 gramos de oro por tonelada, recursos suficientes para sostener una operación durante al menos 35 años.
El diseño minero prevé una planta de procesamiento con capacidad inicial para tratar 40 millones de toneladas de mineral por año. A partir del quinto año de actividad, el plan contempla una expansión que permitirá elevar ese volumen hasta 60 millones de toneladas anuales, incrementando así la escala de producción del complejo.
Uno de los aspectos más destacados del proyecto es su potencial productivo. Durante la primera década de operaciones, Taca Taca proyecta una producción promedio cercana a las 291.000 toneladas anuales de cobre, un volumen que lo posicionaría entre los emprendimientos más relevantes de la futura oferta cuprífera argentina y reforzaría el papel estratégico del país en la transición energética global.
El impacto también se extendería al mercado laboral. Las proyecciones estiman la generación de hasta 4.000 puestos de trabajo durante la fase de construcción, mientras que la operación demandaría alrededor de 2.000 empleos directos. A ello se sumaría una importante actividad económica vinculada a contratistas, servicios especializados, transporte, logística, mantenimiento e ingeniería.
La concreción de Taca Taca implicará además importantes desafíos de infraestructura para la provincia. El esquema de desarrollo contempla nuevas conexiones eléctricas, mejoras viales y el aprovechamiento del corredor ferroviario que vincula el noroeste argentino con los puertos del norte chileno, un aspecto clave para la futura exportación de concentrados.
Pese a los avances técnicos y económicos, el emprendimiento todavía debe superar instancias determinantes antes de iniciar las obras. La obtención de la aprobación ambiental definitiva, la regularización de los derechos de uso de agua y el ingreso al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) aparecen hoy como los principales factores que condicionan el cronograma del proyecto.
Con recursos de clase mundial, una de las mayores inversiones previstas para la minería argentina y una producción capaz de modificar el perfil exportador de Salta, Taca Taca se mantiene como una de las apuestas más importantes del sector. Su futuro inmediato dependerá de la resolución de los aspectos regulatorios que aún separan al proyecto del comienzo de la construcción.