En el Coloquio de IDEA, la especialista estadounidense Margaret Myers alertó que la Argentina carece de una política específica frente a China, en un contexto marcado por la creciente rivalidad entre Beijing y Washington. Advirtió que los riesgos geopolíticos son cada vez mayores y reclamó una estrategia que priorice la competitividad, la diversificación de alianzas y la protección de sectores clave.
La creciente confrontación entre China y Estados Unidos ya no se limita al comercio ni a la imposición de aranceles. La disputa entre las dos principales potencias del planeta se trasladó al terreno tecnológico, industrial y geopolítico, y obliga a los países emergentes a redefinir sus estrategias de inserción internacional.
Ese fue el eje central de la exposición de Margaret Myers, directora ejecutiva del Institute for America, China and the Future of Global Affairs de la Universidad Johns Hopkins y una de las principales especialistas mundiales en las relaciones entre China y América Latina, durante la primera jornada del 62° Coloquio de IDEA que se desarrolla en Mar del Plata.
Ante un auditorio colmado de empresarios, dirigentes y expertos, Myers sostuvo que la Argentina necesita construir una estrategia específica para vincularse con China, cuyo peso económico y político continúa expandiéndose en toda la región.
"Se necesita una estrategia específica al tratar con China. El nivel de compromiso de China es tan profundo y tan amplio que exige una política particular. Desarrollar esa visión será un ejercicio fundamental en los próximos años", afirmó.
La especialista explicó que Beijing atraviesa una etapa de transformación económica marcada por desafíos internos de magnitud, entre ellos la desaceleración del crecimiento, problemas demográficos y tensiones estructurales. Sin embargo, lejos de replantear su modelo, el gigante asiático decidió profundizar una política industrial de gran alcance para sostener su competitividad global.
Según detalló, el nuevo plan quinquenal chino apunta a fortalecer desde industrias tradicionales como el acero, los metales y los productos químicos hasta sectores emergentes vinculados con la innovación, la biotecnología, la manufactura avanzada y la aviación. Para ello, el gobierno de Xi Jinping destinará recursos equivalentes a cerca del 5% de su Producto Bruto Interno mediante subsidios e incentivos de diversa naturaleza.
"Se trata de una escala difícil de igualar para cualquier otro país", señaló.
Myers sostuvo que la relación entre Washington y Beijing atraviesa una etapa de profunda reconfiguración. Lo que comenzó durante el primer mandato de Donald Trump como una guerra comercial evolucionó hacia una competencia estratégica por el liderazgo tecnológico, con la inteligencia artificial en el centro de la escena.
A ello se suma una disputa por las reglas que ordenarán el comercio global y la arquitectura financiera internacional en las próximas décadas.
La reciente reunión entre Xi Jinping y Trump abrió una instancia de diálogo que podría incluso habilitar nuevas inversiones chinas en territorio estadounidense. Sin embargo, para la especialista, eso no implica el fin de las tensiones.
Por el contrario, advirtió que persiste un fuerte interés por avanzar en procesos de desacople selectivo en áreas consideradas estratégicas, especialmente aquellas vinculadas con tecnologías sensibles, infraestructura crítica y cadenas de valor de alta complejidad.
"La relación seguirá combinando cooperación y competencia. Esa dinámica llegó para quedarse", resumió.
La experta destacó que la expansión china se refleja de manera cada vez más visible en América Latina. Las exportaciones del gigante asiático hacia la región crecieron con fuerza durante las últimas décadas y avanzan a una velocidad superior a la de las ventas latinoamericanas al mercado chino.
Según explicó, la necesidad de Beijing de colocar su enorme capacidad industrial en mercados externos refuerza una tendencia que difícilmente se revierta en el corto plazo.
En ese contexto, alertó que los riesgos económicos y geopolíticos que enfrentan países como la Argentina son "mayores que nunca", debido a la creciente competencia entre las principales economías del mundo.
En la parte final de su exposición, Myers planteó una serie de sugerencias para la Argentina. La principal fue evitar que el precio sea el único factor a la hora de definir decisiones de comercio e inversión.
A su juicio, una estrategia sostenible debe contemplar también variables vinculadas con la seguridad económica, el desarrollo tecnológico y el fortalecimiento de la industria local.
La especialista también recomendó profundizar la diversificación de alianzas internacionales y fortalecer los vínculos tanto con Estados Unidos y Europa como con otros socios estratégicos.
Asimismo, sugirió analizar experiencias de países del sudeste asiático que lograron combinar apertura comercial con políticas activas de fortalecimiento productivo, y avanzar en mecanismos que permitan corregir prácticas que distorsionen la competencia internacional.
Como cierre, destacó la necesidad de aplicar políticas de "de-risking", una estrategia que busca reducir vulnerabilidades y dependencias excesivas en sectores considerados críticos para la economía.
"El desafío es maximizar la competitividad de los sectores estratégicos y proteger las cadenas de valor fundamentales para el crecimiento", concluyó.
La advertencia resonó entre los asistentes al Coloquio de IDEA: en un mundo cada vez más atravesado por la pulseada entre Washington y Beijing, la neutralidad pasiva ya no parece una opción. Para la Argentina, el desafío pasa por definir una estrategia propia que le permita aprovechar oportunidades sin quedar atrapada entre las dos grandes potencias del siglo XXI.