Los empresarios que participan en el Coloquio de IDEA siguieron con atención cada una de las definiciones del ex presidente uruguayo Luis Lacalle Pou, quien reivindicó la prudencia, los consensos y la estabilidad institucional. Planteó, además que el liderazgo político debe construir unidad, advirtió sobre los riesgos de la confrontación permanente y sostuvo que la confianza se consolida cuando las instituciones funcionan más allá de los gobiernos.
En una de las exposiciones más celebradas de la primera jornada del Coloquio de IDEA, el ex presidente de Uruguay Luis Lacalle Pou dejó un mensaje centrado en la moderación, la construcción de consensos y la necesidad de que quienes gobiernan ejerzan un liderazgo orientado a la unidad.
Frente a un salón colmado en el hotel Sheraton de Mar del Plata, el dirigente uruguayo apeló a la experiencia de su gestión para remarcar que el ejercicio del poder exige prudencia y responsabilidad.
“Hace falta tener paciencia, prudencia y equilibrio. Hay que entender que cada palabra que uno dice como presidente tiene impacto. Hay que pensar ese verbo porque, si es equivocado, se siembra eso y se cosechan tormentas”, afirmó.
Con un tono distendido, lejos de la formalidad tradicional y vestido con camisa y zapatillas, Lacalle Pou combinó reflexiones sobre liderazgo político, gestión pública y construcción de confianza, en una presentación que generó reiterados aplausos entre los empresarios presentes.
Uno de los conceptos que atravesó toda su exposición fue el rol del presidente como articulador de consensos. “Hay que saber tener paciencia y el presidente tiene que ser factor primario de unión y no de separación”, sostuvo.
La conversación fue moderada por el CEO de Banco Supervielle, Gustavo Manríquez, quien lo consultó sobre la relevancia de la estabilidad macroeconómica e institucional para atraer inversiones. Tras una breve pausa, el ex mandatario sorprendió con una respuesta centrada en aspectos más cotidianos.
“La estabilidad cotidiana, que las cosas caminen”, resumió.
A partir de allí desarrolló una definición más amplia sobre el funcionamiento del Estado y la generación de confianza. Según explicó, las decisiones de gobierno sólo adquieren valor cuando logran traducirse en resultados concretos para la sociedad.
“Hay que pensar qué tiene que pasar para que lo que un presidente dice, un Congreso aprueba y un ministro impulsa llegue finalmente a una oficina pública en una ciudad del interior. Cuando un inversor observa que eso sucede, aparece la confianza”, señaló.
Para Lacalle Pou, la esperanza y la credibilidad se construyen cuando las instituciones mantienen su funcionamiento más allá de los cambios de gobierno.
“Si el inversor ve que pasan los políticos y las cosas siguen funcionando, entonces se renueva la esperanza”, agregó.
Sin embargo, aclaró que la estabilidad no debe transformarse en inmovilismo. En ese sentido, alertó sobre el riesgo de que los procesos institucionales exitosos terminen generando comodidad y falta de ambición reformista.
“La estabilidad está perfecta, pero también hay que desafiarla. Me preocupa que se convierta en apoltronamiento porque, por sí sola, no genera crecimiento ni cambio”, afirmó.
El ex mandatario también dedicó parte de su exposición a reflexionar sobre la relación entre los dirigentes y la sociedad. Recordó que su llegada al gobierno fue posible a través de una coalición integrada por cinco partidos y reivindicó el valor político de los acuerdos amplios.
“Ganamos con un acuerdo de cinco partidos. Había dos fuerzas que sumaban menos de dos puntos, pero valían tanto como la que más aportaba”, recordó.
A partir de esa experiencia defendió la construcción paciente de consensos como una condición indispensable para alcanzar transformaciones duraderas.
“Yo podía avanzar más rápido y solo, o más lento y acompañado. No sirve de nada ir solo. Los consensos se construyen en el camino y, una vez que se elige ese tono, hay que sostenerlo”, planteó.
En contraposición, advirtió que la dinámica política basada en agravios y confrontaciones conduce a un escenario completamente diferente.
“Si elegís el camino de los agravios, es otro camino”, afirmó.
Lacalle Pou también vinculó la capacidad de liderazgo con la legitimidad social. Según señaló, ningún gobierno puede impulsar cambios profundos sin respaldo ciudadano.
“Un gobernante es tanto y cuanto la espalda popular que tiene. Si cuenta con apoyo de la sociedad, tiene legitimidad para avanzar”, sostuvo.
Sobre el cierre, Manríquez trasladó la discusión al rol del sector privado y consultó cuál debe ser la responsabilidad del empresariado en la construcción de un país más sólido.
La respuesta volvió a generar una fuerte adhesión en el auditorio.
“El empresario debe cumplir las reglas, exigir que se cumplan y no aprovecharse cuando no se cumplen. Además, tiene que aportar experiencia, conocimiento y actuar como un buen ciudadano”, señaló.
Y agregó una definición sobre la responsabilidad social de quienes han logrado mayores oportunidades: “Quien tuvo acceso a educación, salud y mejores condiciones de vida tiene también una obligación con el resto de la ciudadanía”.
Antes de bajar del escenario, el ex presidente uruguayo dejó una última frase que despertó sonrisas entre los asistentes y cerró su exposición con un aplauso unánime.
“Soy hincha de los grupos de presión a cara descubierta”, dijo.
La definición marcó el final de una presentación que, por contenido y tono, se convirtió en una de las intervenciones más comentadas de la jornada inaugural del Coloquio de IDEA.