Un estudio nacional de Alaska y TresPuntoZero revela que casi dos tercios de los argentinos evalúan negativamente la gestión del Gobierno, más del 60% empeoró sus expectativas económicas en el último mes y siete de cada diez personas tuvieron que recortar gastos. La corrupción lidera las preocupaciones del país.
El informe “El estado del debate público”, elaborado por Alaska Consultores junto a TresPuntoZero sobre una muestra nacional de 1.200 casos, traza en abril un escenario marcado por el descontento político, el pesimismo económico y un fuerte impacto del ajuste en la economía doméstica.
La percepción sobre el desempeño del Gobierno Nacional es mayoritariamente negativa. El 65,3% de los encuestados califica la gestión como mala o muy mala, mientras que solo el 33% la evalúa como buena o muy buena. El nivel de indefinición es mínimo: apenas un 1,7% respondió que no sabe. Las cifras muestran una opinión social ya formada y poco permeable a la ambivalencia.
El estudio incorpora además una serie histórica que muestra que esta evaluación negativa se inscribe en una tendencia de deterioro acumulado desde 2024 y que, en abril, alcanza uno de sus registros más altos de desaprobación.
Los principales problemas del país
En el plano del debate público, la corrupción aparece como el principal problema de la Argentina para el 38,5% de los consultados. En segundo lugar se ubica la desocupación, con 18,3%, seguida por la pobreza (16,1%) y la inflación (12,2%). Muy por detrás aparecen la educación (6,8%) y la inseguridad (6,1%), mientras que el resto de los temas no supera el 1%.
Estos datos muestran que la agenda social combina preocupaciones estructurales —como la corrupción y el empleo— con problemas económicos persistentes, aun en un contexto donde la inflación ya no ocupa el centro excluyente del debate.
El problema, puertas adentro
Cuando la pregunta se traslada al plano personal y familiar, el diagnóstico se vuelve todavía más concreto. El 45,5% señala que su principal problema son los ingresos, muy por encima de cualquier otra variable. Le siguen la inflación (15,7%), la pobreza (10,4%), la inseguridad (7,9%) y la desocupación (5,5%). La corrupción, central a nivel país, cae aquí al 3,9%.
La comparación entre ambas agendas refleja un patrón claro: mientras el debate público se estructura en torno a problemas institucionales, la preocupación cotidiana gira alrededor del ingreso disponible y la capacidad de afrontar gastos básicos.
Expectativas económicas en baja
El informe confirma además un clima de pesimismo extendido respecto del futuro económico. En el último mes, el 61,2% de los encuestados afirma que sus expectativas empeoraron, frente a un 17,4% que considera que mejoraron. Un 19,2% dice que no hubo cambios y solo un 2,2% no sabe.
Las series evolutivas incluidas en el estudio muestran que la expectativa negativa se mantiene como dominante desde hace meses, con escasos momentos de recuperación y sin consolidar una tendencia positiva sostenida.
Situación económica personal
Ese pesimismo se refleja con fuerza en la autoevaluación económica. El 65,7% asegura que su situación económica personal empeoró respecto del año pasado, mientras que apenas el 14,9% percibe una mejora. Un 18% considera que no hubo cambios y el resto no tiene una opinión definida.
Al describir su situación actual, el 46,3% la define como “cada vez más complicada” y un 7,6% directamente como “insostenible”. Solo el 18,2% la considera sostenible en el tiempo.
El trabajo fue realizado entre el 17 y el 21 de abril, con un nivel de confianza del 95% y un error muestral de ±2,8%. El impacto del deterioro económico se traduce en decisiones concretas: el 73,4% reconoce haber tenido que recortar gastos o actividades en lo que va del año. Los principales recortes se dan en alimentos (68,1%), salidas (56,9%), vacaciones (45,1%) y actividades recreativas (43,8%), seguidos por salud, servicios y transporte.
En términos emocionales, el clima también es elocuente. Predominan la preocupación (33%), la bronca (24%) y la incertidumbre (12,5%), mientras que sentimientos positivos como el optimismo (13,6%), la confianza (6,8%) y la tranquilidad (5,6%) quedan relegados a un segundo plano.