El superávit del fútbol y el déficit del poder

El exdiputado nacional destaca la gestión de Claudio Tapia en la casa madre del fútbol argentino. La comparación con el Gobierno nacional.

Por Andrés Vallone

En la Argentina de hoy se ha abierto un conflicto que, aunque parezca futbolero, es profundamente político. La disputa entre el gobierno nacional y la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) no gira alrededor de reglamentos ni de estatutos. Lo que está en juego es algo mucho más simple y más incómodo para el poder: una institución que funciona frente a un Estado que todavía no logra mostrar resultados.

La AFA, conducida por Claudio Tapia, exhibe algo inusual en la vida institucional argentina: orden administrativo y superávit financiero. Sus balances muestran que la organización genera más recursos de los que gasta, amplió acuerdos comerciales y fortaleció el valor internacional del fútbol argentino. Mientras gran parte del sector público sigue discutiendo cómo cerrar sus cuentas, la AFA ya lo hizo.

Pero el contraste no es sólo económico. También es deportivo. En apenas tres años, la Selección Argentina de Fútbol logró una etapa histórica: la Copa América 2021, el campeonato del mundo en el Mundial de Qatar 2022 y nuevamente la gloria continental en la Copa América 2024. Bajo el liderazgo de Lionel Messi y la conducción técnica de Lionel Scaloni, el fútbol argentino volvió a la cima del mundo.

El problema para el poder político es que los éxitos generan legitimidad. Y la legitimidad, cuando no nace del gobierno, incomoda.

Mientras la AFA muestra títulos, estabilidad institucional y cuentas ordenadas, el gobierno enfrenta una realidad distinta: un escenario económico difícil, tensiones sociales y resultados que todavía están lejos de convertirse en logros para celebrar. Ese contraste es, probablemente, el verdadero origen del conflicto.

Entonces aparece la política en su versión más conocida: cuando no se puede competir en resultados, se intenta disputar el control.

No es casual que la presión haya escalado hacia el terreno judicial. La utilización de la justicia para intervenir o condicionar instituciones no es una novedad en la Argentina. Forma parte de una vieja lógica de poder: si no se puede ganar en la cancha, se busca cambiar las reglas desde los tribunales.

Pero hay algo que el poder suele olvidar: el fútbol argentino no es una oficina administrativa más. Es una de las pocas estructuras que hoy produce orgullo colectivo. Intentar apropiarse políticamente de ese espacio no sólo es un error institucional; también es una señal preocupante sobre cómo se concibe el poder en nuestro país.

El gobierno debería preguntarse por qué necesita confrontar con una institución que tiene superávit, prestigio internacional y resultados deportivos extraordinarios. Tal vez la respuesta sea incómoda: porque cuando el éxito no pertenece al poder político, el poder intenta apropiárselo.

En definitiva, el conflicto no es entre el gobierno y el fútbol. El conflicto es entre dos modelos de gestión: uno que gana campeonatos y ordena sus cuentas, y otro que todavía busca mostrar resultados. Y en la Argentina de hoy, esa diferencia se vuelve demasiado visible.

Milei y una “pregunta técnica” sobre las SAD que dividió las posturas entre los legisladores

El presidente de la Nación cargó contra la AFA y pidió por “no más socialismo pobrista en el fútbol”.

En la antesala de la final de la Copa América 2024 que disputará la Selección Argentina de Futbol, el presidente de la Nación, Javier Milei, publicó una fotografía en X de los once titulares de “La scaloneta” y cargó contra la Asociación del Futbol Argentino: “Si AFA se opone a las Sociedades Anónimas Deportivas ¿Por qué motivo permite que el plantel titular provenga de estas sociedades?”.

La imagen fue tomada del perfil de la diputada libertaria Juliana Santillán -principal impulsora de que los clubes, si a lo deseasen, puedan ser SAD-, donde el jefe de Estado agregó en la publicación: “¿Acaso será que los resultados son importantes y las SADs tienen a los mejores? No más socialismo pobrista en el fútbol”.

Rápidamente, la publicación dividió las opiniones de los usuarios y también de los legisladores del oficialismo, los aliados y la oposición que se pronunciaron al respecto.  “Así, las SAD son siempre y en todo momento, un fenómeno económico y de éxito, que capitaliza en resultados”, reposteó Santillán.

El diputado macrista Héctor Baldassi -exárbitro del futbol argentino- acompañó la postura del presidente de la Nación: “Quienes se oponen a las SAD le están quitando a los socios la libertad de elegir sobre la administración de su club. Nunca es bueno esconder la pelota. Hay que jugar. Lo que equivale a discutir y debatir sobre cómo mejorar el futuro de nuestros clubes”.

En contraposición a Milei, el diputado entrerriano de Unión por la Patria, Tomás Ledesma, le contestó al mandatario con una comparación: “¿Que es esta burrada? Todos los que están ahí se formaron en clubes que no son SAD. Yo entiendo que quieras mimarlo a Mauricio Macri después del destrato en Tucumán, pero vos entendes de fútbol lo que Cuti Romero entiende de ir flojito a una dividida”.